El narcisismo psicodélico en la cultura de la sanación

narcisismo psicodélico y cultura de la sanación
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Las sustancias visionarias pueden abrir puertas de la percepción y también inflar el ego. En esa tensión proliferan personajes que confunden conocimiento personal con sabiduría trascendental. New Age, hiper-individualismo y supermercados espirituales.

El ego puede apropiarse ilícitamente de cualquier cosa para su uso, incluso de la espiritualidad.” (Chogyam Trungpa).

“Vivirá mucho si él no se conoce o no se ve a sí mismo” Tiresias sobre Narciso (Ovidio).

Probablemente al leer el título pienses en algún autoproclamado gurú que conociste para un viaje con plantas que salió mal, o en alguna neo-chamana de redes sociales perturbadoramente delgada, o en algún otro personaje que, performateando espiritualidad, está convencido de ser muy especial, incluso superior o “más evolucionado”, por haber sido “sanado” por el mensaje del hongo. 

El narcisismo psicodélico es “un fenómeno que ocurre cuando tenemos acceso a tecnologías extremadamente potentes, como las sustancias psicodélicas, pero no hemos descubierto los marcos epistémicos adecuados para dar sentido a esas experiencias”, explica el antropólogo de la salud Adam Aranovich, que se encarga de este tema de la mejor manera posible: con memes. También más seriamente –sin perder la agudeza–, reflexiona sobre estas cuestiones en su Substack y diversos podcast/charlas/clases donde es invitado.   

narcisismo psicodélico y cultura de la sanación

La combinación del narcisismo de la época actual junto con la cultura de la sanación [healing culture] de la cual se ocupa principalmente este investigador, se encuentran con la cualidad de conocimiento que aportan los psicodélicos para dar lugar a la emergencia de este fenómeno y sus frutos: esos personajes tan especiales que tenemos en mente. 

En este artículo, intentaré dar un poco de contexto y marco teórico a estas nociones (léase: narcisismo, conocimiento espiritual y cultura de sanación), no sin antes aclarar algo importante: dado que el término “narcisismo” está tan difundido y trivializado, es necesario limitar su sentido. Hablaré de “narcisismo” como una categoría más social que psicológica o clínica, como una expresión de la subjetividad occidental basada en el individualismo y la realización personal y no como un diagnóstico.

Algunas definiciones

Narcisismo 

El término fue acuñado por Freud en 1914 y fue entendido tanto como un cuadro clínico como una etapa normal en el desarrollo. No fue hasta las décadas del 70 y 80 que el término se popularizó, se incorporó en el vocabulario cultural y se constituyó además como trastorno en el DSM. Hoy es una de las patologías más conocidas y divulgadas popularmente, ¡al punto que ya casi no quedan personas que no declaren haber salido alguna vez con un/a narcisista! 

Como este artículo no se trata de un escrito clínico, ahorraré los debates actuales sobre el narcisismo como trastorno médico. En cambio, podemos amplificar un poco su origen y sentido mirando a través del conocido mito de Narciso que le da nombre: Ovidio lo describe como aquél joven tan bello y tan inconsciente de sí mismo, que se enamoró de su propia imagen, la cual desconocía, y murió al intentar ir a su encuentro, dejando tras de sí una bella flor amarilla que lleva su nombre. Esta historia de amor y muerte no sería muy distinta a otras si no fuera porque el sujeto y el objeto de amor, son el mismo. 

Aunque no menciona el término “narcisismo”, Jung habló en un escrito acerca de las consecuencias de la asimilación de lo inconsciente en la consciencia, de casos en los que personas, identificadas con su inconsciente, “edifican una infatuación o amor propio manifiesto e incluso desagradablemente intensificado; lo saben todo, están enteramente al corriente en lo que a su inconsciente concierne”. 

El psicólogo suizo nombra a estas personas, con indisimulado desdén, como casos de “inflación psíquica” (otro tipo de inflación que también conocemos lxs argentinxs). Equivale a una especie de “dilatación del ego” que trasciende los límites individuales en una identificación con lo que Jung llamó el arquetipo del Sí Mismo o Self. Este fenómeno es lo que los antiguos griegos reconocían como el peor pecado, la hybris: soberbia o desmesura. Se trata de sobrepasar nuestros límites como mortales y meternos ilícitamente en el reino de los dioses y las diosas. 

¿Seguirá siendo un pecado la arrogancia en la era de las selfies, la post verdad y el anticientificismo? ¿Cómo lidiará el pequeño ego posmoderno y ansioso con la experiencia mística a través de un hongo o planta que lo acercan tanto al reino de los dioses? ¿Por qué es tan fácil perderse en esas experiencias?

narcisismo psicodélico y cultura de la sanación

La cualidad de conocimiento en la experiencia psicodélica

¿Cuántas veces hemos escuchado historias de personas que, tras consumir alguna droga psicodélica, sintieron que habían descubierto “el sentido de la vida”? Una verdad mayor que la verdad misma, un estado de plenitud de sentido que, aunque sea un estado afectivo, se comporta como un verdadero “estado de conocimiento”. A esto se refería William James en su obra Las variedades de la experiencia religiosa (1902), al hablar de la “cualidad de conocimiento”[1] que tienen las experiencias místicas. En sus palabras: 

Son estados de penetración en la verdad insondables para el intelecto discursivo. Son iluminaciones, revelaciones repletas de sentido e importancia, todas inarticuladas pero que permanecen y como norma general comportan una curiosa sensación de autoridad duradera.

Hemos reconocido que el consumo de enteógenos permite el acceso a estos “estados de conocimiento” (o de conciencia), relacionados con el mundo imaginal. Místicas como Santa Teresa o Hildegard von Bingen expresan en sus textos la certidumbre respecto a sus visiones, su aspecto de conocimiento: ellas son verdaderas, y esto no lo saben por los sentidos o la razón, sino por otra vía. La mística medieval alemana von Bingen, por ejemplo, decía haber recibido su conocimiento con los sentidos “interiores” y “la mente absorta”, es decir, en un estado de consciencia no ordinario [2]. 

Es por esta cualidad que lo que se revela durante esos estados alterados de consciencia suele “sentirse bien” (incluso si hay malestar o tristeza). Es porque allí se encuentra algo que ningún otro saber puede dar: seguridad, la hermosa calma que solo trae tener una certeza. Como ya han mostrado algunos estudios sobre el tema, son estos estados los que producen mayores efectos transformadores en la vida cotidiana. Y es justamente por esto que debemos ser aún más cuidadosxs en el tratamiento de esta “verdad personal” (si es que estamos acompañando procesos terapéuticos con psicodélicos).  

Ahora nos conviene volver a la definición de narcisismo y articularla con la cualidad de conocimiento en el uso de psicodélicos. 

Narcisismo espiritual psicodélico

“La inflación del ego, el narcisismo espiritual, los episodios mesiánicos: todas estas son cosas bastante comunes en personas que están en algún tipo de camino espiritual o psicodélico.” (Aronovich)

Entonces, el narcisismo espiritual sería una forma particular de inflación yoica que se da, no por cargos ni funciones, ni por algo realizado (una obra de arte, un descubrimiento científico o un desarrollo tecnológico), sino por el contacto con esa cualidad de conocimiento. En el caso del narcisismo espiritual psicodélico, se suma el hecho de que a ese conocimiento se accedió a través de un enteógeno. Jung dice directamente que “el saber infla”, repitiendo las palabras de San Pablo a los corintios. Siguiendo al autor:

“La inflación no guarda ninguna relación con la naturaleza del descubrimiento, sino con el hecho de que un conocimiento nuevo pueda apoderarse hasta tal punto de una mente débil como para que ésta ya no pueda ver ni oír otra cosa. El conocimiento hipnotiza la mente y ésta cree que acaba de encontrar la solución al enigma del mundo, lo que, sin embargo, no es más que presunción.” (Jung)

No me atrevo a juzgar la fortaleza o debilidad de algunas mentes que reciben conocimiento a través de los enteógenos, pero podemos apoyarnos en esa tesis para profundizar en el análisis del narcisismo psicodélico, un poco más. 

En la experiencia psicodélica, como sabemos, el ego se “disuelve” (no podemos complejizar aquí el alcance de esta idea), lo cual daría a pensar que el consumo de estas sustancias trabajaría en contra del narcisismo. En muchos casos, de hecho así es. Sin embargo, sucede también que –dependiendo del contexto y otras condiciones previas– el ego vuelve “recargado” con los contenidos y sentidos con los que entró en contacto. La intensidad de la vivencia debe vérselas con la transitoriedad de la misma y puede conducir a un ego, imaginemos, muy inconsciente de sí –como Narciso–, a querer encontrarse en cualquier reflejo, aunque sea un pedazo de vidrio. 

La sensación de seguridad y de certeza de ser especial es realmente embriagadora, más en estas sociedades donde la única promesa de felicidad viene, como dice la canción, de jugar a “primero yo y después también yo”. En algunas personas, esto puede llevarlas a tener ideas de sí mismas como seres grandiosos, iluminados, superiores espiritual, estética y moralmente. Incluso no faltan quienes sienten que la experiencia por sí sola los hace no solo capaces sino con la obligación de acompañar a otrxs en sus caminos espirituales. ¿Por qué no? Nadie los detiene.

Sintetizando, podríamos decir que el narcisismo psicodélico implica confundir conocimiento personal con sabiduría trascendental.

Pero no es solo eso. Sino que a la confusión se le suma la responsabilidad consciente de un sujeto a quien, realmente, no le importa la diferencia.

Los reparos de Jung al respecto del uso de psicodélicos de forma popular venían en gran medida de este riesgo de hybris o desmesura. Incluso sugirió que la mescalina podría ser “un atajo”[3] al inconsciente colectivo y temía las derivas de “turismo espiritual” que pudieran facilitar demasiado el viaje hacia el mundo interior. Aunque no estoy del todo de acuerdo con esa idea de Jung, es verdad que su temor no estaba del todo infundado, pero no por hacer el camino más corto sino, una vez más, por el contexto y los marcos epistémicos y relacionales donde se da la experiencia. 

Cultura de la sanación

“La New Age es el marco espiritual neoliberal por excelencia, hecho a la medida y adaptado para satisfacer las necesidades del individuo que se alucina ‘soberano‘ en un mundo inherentemente interdependiente.” (Aronovich)

Volvemos, otra vez, a la cuestión clave en la discusión de los usos de los psicodélicos que no se trata ni de qué ni cuánto, sino dónde y cómo. Cómo le damos sentido a las experiencias es, finalmente, el destino de las mismas. Desde el nuevo y prometedor Centro Thaumezain dicen (en un sintagma que podría ser un slogan): “el mecanismo es el contexto”. Me encanta recordar aquí a Perlongher diciendo: “el uso [de enteógenos] es siempre colectivo”. 

Por ello, terminamos esta exploración revisando algunas características de lo que Aronovich llama “healing culture”. Profundamente arraigada en la tierra del capitalismo psicodélico, la “cultura de la sanación” en su deriva New Age se caracteriza por una noción hiper individualista del malestar, marcada por procesos diversos de lo que Mark Fisher llama en Realismo capitalista “privatización del estrés”, que supone un individuo soberano sobre su cuerpo-mente-espíritu, pero separado de su entorno.

En la cultura de la sanación, “la verdad personal se venera como el faro de la primacía epistémica, especialmente si esa verdad fue ‘revelada’ durante una ‘ceremonia’ de ayahuasca”, dice Aronovich. 

La priorización de la experiencia interna, especialmente de los sentimientos y la intuición por sobre los pensamientos y la reflexión, es clave en esta cultura donde “¡si se siente bien, está bien!”. Por eso esta cultura es tan amiga de la post verdad y afín a los discursos anti-científicos y conspiranoicos: “¡nadie puede decirte lo que es cierto para vos!”.  

Junto con este fenómeno epistémico, crece exponencialmente la creencia occidental en el poder del techno-ego. El énfasis en “el viaje personal” pone a los demás y al entorno en el lugar de personajes secundarios a los primeros y de escenografía a lo segundo: “Yo soy el personaje principal; yo creo mi propia realidad. Y si yo creo mi propia realidad, la única información que necesito es la mía”, señala Aronovich. 

Por último, esta cultura es subsidiaria de una idea de “enfermedad” basada principalmente en el trauma infantil, lo cual pone demasiado el foco en la biografía personal y lo saca de la geografía y ecología, como señala James Hillman. Desde este enfoque, el único factor de cambio es –una vez más– el sujeto individual en la fantasía de que “si cambiás vos, cambia el mundo”. Asimismo, la idea de “sanación” de esta cultura está asociada a un ideal de integración y superación inalcanzables, que abona tanto a la frustración como al narcisismo. 

¿Hay un “más allá” del narcisismo espiritual psicodélico?

Chogyam Trungpa, maestro y transmisor del budismo tibetano en Occidente, planteó en su libro “Más allá del materialismo espiritual” que “el ego puede apropiarse ilícitamente de cualquier cosa para su uso, incluso de la espiritualidad”. Estaba preocupado por los efectos en el budismo cuando éste se vio dentro de la moda espiritual en EE.UU. en los ‘70 como un “supermercado espiritual”, donde el ego consumía espiritualidad como podía consumir Coca-Cola. 

narcisismo psicodélico y cultura de la sanación

Hoy la industria del bienestar (wellness industry) en alianza con la cultura de la sanación y grandes corporaciones ofrecen psicodélicos como, literalmente, mercancías espirituales

En sociedades cada vez más y más desacralizadas, existirá una mayor atracción a estas sustancias que podrían tener la capacidad de generar un sentimiento de lo sagrado que las instituciones religiosas ya perdieron. El hambre de magia en un mundo desencantado, crece. Esto es sin dudas, una oportunidad para los mercados, ¿será también oportunidad para las resistencias? 

Ante el monocultivo del narcisismo espiritual, cultivar otras narrativas significa dar un paso al costado del empastamiento identificatorio y hacernos conscientes de lo que no sabemos aún más que de lo que creemos saber. Hacerle lugar al misterio, a la ambigüedad, al error, al asombro ¡y al humor! 

Ojalá haya oportunidad para pensar en los usos comunitarios de las plantas y hongos psicodélicos como un tipo particular de “activismo espiritual” (Anzaldúa), una forma de resistencia espiritual de los pueblos


Referencias

[1] Las otras tres características de la experiencia religiosa son: inefabilidad, transitoriedad y pasividad. 

[2] Vale aclarar que estos estados no fueron inducidos por ninguna sustancia. 

[3] Cuando mencioné esta idea del “atajo” en la charla que di para Mar del Fungi, los calores subieron. Claramente, fue una palabra que triggereó ansiedades en el colectivo psicodélico.

Fuentes bibliográficas:

ADAM ARONOVICH EGO

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4 respuestas

  1. Excelente artículo y tema fundamental para estos tiempos. Ojalá sigamos dialogando…
    Cómo reconocer cuando nos “perdemos” en los espejismos del ego?, que nos sirve de ancla?

  2. Ame este artículo, se ha sentido como una autopsia en el plano personal. Soy cubano y si se siente real. Ame las referencias bibliográficas, tengo mucho más por leer. Por más artículos tan esclarecedores. Gracias

  3. Gracias por este artículo, lo disfruté mucho. Estoy navegando en este mundo de los psicodélicos por puro interés y me ha sido grato leer este análisis. Hay info asombrosa sobre terapia con psicodélicos, pero mucha un tanto sospechosa que repite el mismo cuento. Hay que ser eclécticos, y conservar el misterio, este es un campo de estudio básicamente nuevo.

  4. Todo esta tamizado por el 1.capitalismo, no hay nada fuera del mismo, diria Fisher? , 2.por el ego como filtro darwiniano del mismo y 3. El punto de encaje colectivo diria castaneda, la experiencia que propone la medicina es retirar a las 3 de la escena y pum: llega la epifania .
    Ahora cuando regresas nuevamente a tu encaje normal ,a tu correcto punto de relacion con todo lo demas , el ego hace la interpretacion logica y defensiva de la experiencia, debe autopreservarse!!!: narcisismo asegurado para muchos, (yo mismo senti que era jesus y venia a salvar el mundo, fue un breve momento, pero yo era jesus) ahora en este acelaracionismo actual donde el propio sistema requiere que sigas siendo productivo es logico que se multiplique el negocio de bufus como silocibina, son rapidos en su accion primera (no requiere mas que minutos o unas horas), pero luego viene un trabajo posterior sobre uno mismo despues de la experiencia, del que no se contiene ni comunica., ese trabajo necesita llegar a lo mas profundo de uno a lo mas oscuro y es personal en su totalidad! y ahi esta el problema, se necesita una comunidad alrededor donde progresarlo empaticamente , cuidado y en accion, El capitalismo produce seres aislados neuroticos y solitarios que sean funcionales a su propia existencia, y uno mismo con sus hijos, que no paren de producir, Estas medicinas en el sistema en el que estamos insertos solo siguen la misma receta que los antidepresivos y demas: que sigas siendo funcional, efecto en corto tiempo para que sigas produciendo.
    Creo que falta mucha contencion por detras de las mismas, no significa que uno no deba atravesar su propia sombra, al contrario, esa es la finalidad, si la hubiera, por lo menos para mi, sigue siendo el misterio, si lo tengo que interpretar: uno se percibio ser parte de la totalidad el todo, energia en reencarnacion eterna, el amor mismo, y asi y todo prefiero razonarlo en una sola palabra: el misterio

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