Drogas en el embarazo: un abordaje de reducción de daños

drogas en el embarazo
Sin protocolos claros ni datos actualizados, los hospitales ven crecer los casos de exposición prenatal a sustancias psicoactivas. La respuesta institucional se centra en la abstinencia obligatoria y la derivación judicial sin acompañamiento real. En Neuquén, una casa de mujeres propone cambiar la estrategia: cuidar sin castigar.

“Desde que empezamos a brindar este espacio, todas las pibas que llegaron por haber sido usuarias de drogas durante el embarazo dieron negativo al test en el momento del parto”, nos cuenta la médica Paola Gómez. Mientras los casos de abstinencia neonatal aumentan en Argentina, un dispositivo de Neuquén propone cambiar la estrategia. 

El consumo de drogas durante el embarazo puede ocasionar un síndrome de abstinencia neonatal (SAN). Se trata de un conjunto de síntomas que puede presentar un recién nacido, como temblores, irritabilidad o dificultades para alimentarse, debido a la exposición a sustancias psicoactivas como opioides, benzodiacepinas y alcohol. 

Aunque mediáticamente se remarcan los riesgos de la exposición prenatal a la cocaína, técnicamente no produce un SAN clásico, pero sí genera irritabilidad o temblores en las primeras horas de vida del bebé. Así lo señala la Academia Americana de Pediatría en un paper, que recomienda evitar el uso indiscriminado del término “síndrome de abstinencia” para todas las sustancias.

“Muchas veces se describen cuadros de SAN con síntomas muy severos y se da a entender que es por consumo de cocaína, pero lo cierto es que esos cuadros se generan por consumo de alcohol. No es universalmente así. En muchos de los embarazos que nosotras acompañamos, la persona gestante consumió cocaína en algún momento del período, y los bebés que nacen son normales”

En Argentina el sistema de salud registra un aumento del fenómeno, aunque no existen estadísticas oficiales actualizadas. Entre Ríos registra una suba de casos, según MATE pudo confirmar con Georgina López, Directora del Área Materno Infanto Juvenil del Ministerio de Salud de la provincia. La trabajadora aseguró que están trabajando el asunto en comunicación con equipos de otras provincias.

“Desde hace unas semanas empezaron a llover los casos”, dijo la asesora legal de un hospital ubicado en la Costa del Río Uruguay en Entre Ríos, que decidió no revelar su identidad. Según explicó, la situación obligó a convocar a todos los servicios involucrados —desde obstetricia hasta salud mental y trabajo social— para definir cómo actuar. “No contamos con un protocolo específico para estos casos”, señaló.

Cuando se identifica el consumo de sustancias durante el embarazo, el sistema de salud no tiene un protocolo nacional unificado, pero sí se exige a la persona gestante que interrumpa su consumo para proteger al feto. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no se ofrece un acompañamiento efectivo para lograr esa meta de abstención.

Además de ser médica generalista, Paola Gómez coordina la Casa de Mujeres Las Resilientes, ubicada en Neuquén. Un espacio de contención para personas gestantes que no quieren o no pueden dejar de usar drogas, incluso mientras transitan su embarazo o la crianza de sus infancias.

En este artículo vamos a recorrer las respuestas del sistema sanitario ante la creciente exposición prenatal a drogas. Y aunque el abstencionismo es la regla, vamos a conocer la historia de Las Resilientes, que con un enfoque de reducción de daños —no abstencionista— logra mejorar la salud de personas gestantes y recién nacidxs.

Prefiero no decirlo

En América Latina, habitar un cuerpo gestante que consume drogas es garantía de sospecha. “Tu estatus socioeconómico, tu clase, tu raza y apariencia juegan un rol importantísimo en la criminalización durante los procesos de embarazo y lactancia”, explicó la politóloga, activista y cofundadora del Instituto RIA, Zara Snapp, en diálogo con MATE. “Si pareces una persona usuaria de drogas, pueden imponer antidopings que generan intervenciones completamente arbitrarias”, aseguró la especialista. 

Según una encuesta realizada por RIA en México, el 86% de las 598 mujeres que participaron no informa al personal de salud de hospitales o clínicas sobre su uso de sustancias. Lejos de garantizar cuidados, la estigmatización y potencial criminalización hace que las personas gestantes prefieran no decir que usan drogas ilegalizadas. 

Volvamos a Argentina, donde no existen datos oficiales actualizados y sistemáticos sobre la prevalencia de personas gestantes usuarias de drogas. Los más recientes son de 2017 y registran principalmente el consumo de tabaco y alcohol, con un 16,7% y 5,5% respectivamente. Respecto a las drogas ilegalizadas, entre un 5% y el 10% de las personas gestantes dijo haberlas usado, según publica el Ministerio de Salud de la Nación.

“En muchos casos, las usuarias no informan su consumo por temor a intervenciones punitivas”, reconoce una guía con recomendaciones del Ministerio de Salud Nacional. También advierte que la cifra real podría ser mayor. 

El alcohol causa más daños, las drogas ilegalizadas más estigmas

El consumo de alcohol, según la guía citada más arriba, no genera la misma respuesta estigmatizante que cuando se trata de drogas ilegalizadas, aunque un metanálisis publicado en la revista científica BMC Medicine (2024) concluye que es la sustancia más dañina para el desarrollo fetal. 

Una investigación sobre consumo de alcohol durante el embarazo realizada en 2015 por un equipo del CONICET señaló que de las 614 mujeres entrevistadas en dos centros perinatales de la ciudad Santa Fe, el 75% manifestó haber consumido alcohol durante la gestación y el 15% reconoció haber tenido al menos un evento de consumo excesivo episódico (cinco tragos o más) atravesando el embarazo. 

Un estudio multicéntrico realizado entre 2018 y 2019, analiza experiencias de mujeres que usan drogas durante el embarazo y el puerperio que se atienden en hospitales de Bariloche, Concordia y La Matanza. En relación al trato recibido por parte de los agentes de salud algunas de las entrevistadas refirieron haber sido, además de discriminadas, víctimas de violencia obstétrica. 

Mencionan la falta de acceso y comprensión de la información, insuficiente acompañamiento, escasa consideración del momento vital que atravesaban y prolongación innecesaria del dolor, entre otros aspectos. Algunas manifestaron esperar hasta el momento del parto para acercarse al hospital para evitar maltratos, a pesar de no haber tenido controles durante el embarazo en varios casos.

En 2024 el medio cordobés Ruido relevó casos en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires y documentó que las muestras positivas aumentaron hasta 128% en un año. Por ejemplo, citan, según datos del hospital Mariano y Luciano de la Vega (partido de Moreno, Provincia de Buenos Aires), el 1,65% de los bebés nacen expuestos a alguna sustancia, principalmente cocaína.

“Muchas veces se describen cuadros de SAN con síntomas muy severos y se da a entender que es por consumo de cocaína, pero lo cierto es que esos cuadros se generan por consumo de alcohol y representan el 1% de los casos. No es universalmente así. En muchos de los embarazos que nosotras acompañamos, la persona gestante consumió cocaína en algún momento del período, y los bebés que nacen son normales”, contrastó Paola Gomez, la médica de Neuquén, en una entrevista con MATE.

También explicó que en la escala de nacimiento Apgar, una prueba rápida que se realiza a los recién nacidos para evaluar su estado de salud general inmediatamente después del nacimiento, los bebés de mamás que usaron cocaína y ellas acompañaron durante el parto tienen Apgar 9 de 10 al nacer. 

Estrategias desarticuladas, judicialización desorientada

La propia guía del Ministerio de Salud reconoce que no existe un único protocolo nacional estandarizado para la detección y el abordaje del consumo de sustancias durante el embarazo.

La organización de la atención y la disponibilidad de tests varían según la jurisdicción. Solo 9 de 14 provincias relevadas informaron tener capacidad para realizar determinaciones de laboratorio, y algunas cuentan con protocolos propios.

En la práctica, los análisis se realizan cuando el equipo de salud los requiere, cuando hay sospecha o confirmación de consumo a partir de la entrevista o manifestaciones clínicas. Además, la guía menciona que ciertos factores de riesgo, como la “conducta sospechosa durante la hospitalización”, pueden motivar la evaluación.

También puede aplicarse cuando la persona gestante lo cuenta o cuando la información llega por una pregunta que suele hacerse en los controles, referida a las “noxas” a las que está expuesta la persona gestante. Si la sospecha ocurre durante el parto, lo común es que realicen el test sin consentimiento.

La médica neuquina, Paola Gómez, explica que el punto no es si hacer o no hacer el test. “El punto es qué hacemos con ese dato. Hoy parece que lo único que sabemos hacer es derivarlo a la justicia cuando sale un positivo”, afirmó. 

En el hospital ubicado en la costa del Uruguay sucede igual: se activa una interconsulta con los servicios de salud mental y trabajo social. Se releva información sobre el entorno familiar, habitacional y laboral, y se elabora un informe que es elevado al área legal del hospital. Después se deriva a la Defensoría correspondiente para que intervenga un defensor del fuero civil. “Hasta ahora lamentablemente no se está haciendo nada al respecto”, reveló a MATE la asesora legal entrerriana.

Antes de que exista el dispositivo Las Resilientes, del que hablaremos más adelante, el hospital Castro Rendón de Neuquén hacía atención ambulatoria basada en exigir la interrupción del consumo y hacer controles con test de orina cada tres meses.

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Parte del equipo de Las Resilientes junto a la Subsecretaria de las Mujeres del municipio de Neuquén.

Las dos profesionales coinciden en que el abordaje sanitario actual se apoya en la idea de que la persona gestante debe “querer” dejar de consumir para acceder a un tratamiento. “Le exigen a la persona gestante que interrumpa el consumo pero no se le brinda ningún acompañamiento real para que eso ocurra”, resaltó la Dra. Gómez.

La detección de sustancias en la persona gestante puede derivar en una judicialización sin un curso claro, aunque no siempre termina en criminalización directa. Sin embargo, esa identificación del consumo habilita controles más estrictos sin brindar recursos para lograr la abstinencia de la sustancia. 

Una casa que aloje 

Era octubre de 2023 cuando las trabajadoras del servicio de adicciones del Hospital Provincial Castro Rendón de Neuquén notaron que el abordaje que proponían dejaba de lado a la población de madres consumidoras de sustancias psicoactivas. 

“Había una incomodidad estructural muy fuerte. Las mamás se tenían que duchar en el baño del servicio de hombres. No podían calentar una mamadera para darle al bebé, ni encontrar un rincón tranquilo para darle la teta. No hay un lugar cómodo, estás en un pasillo”, cuenta Sol, una de las acompañantes terapéuticas en Las Resilientes.

El hospital como espacio terapéutico tenía limitaciones físicas y simbólicas: incomodidad, exposición, falta de privacidad y de infraestructura básica para el cuidado cotidiano. Las salas eran pequeñas, el calor pegaba fuerte y nadie sabía qué hacer con esas infancias.

En paralelo, la institución derivaba al servicio de adicciones a todas las gestantes que daban positivo en el test de sustancias de los controles prenatales y posteriores al parto. Pero las respuestas que podían ofrecerles no servían y esas maternidades incomodaban a la institución. 

“Un día me encontré con dos bebitos en el grupo de mujeres. Nadie sabía qué hacer. Pero entendí que eso también me tocaba”, recuerda Paola como hito fundante. 

A partir de ese desborde nació la idea de crear otro espacio. No clínico, no frío, no punitivo. Un lugar con calidez de hogar, de lazo social, de refugio. “Las mismas usuarias nos decían que salían más angustiadas de lo que llegaban, que necesitaban algo más que una charla de hora y media. Decían que necesitaban un lugar donde hacer cosas, no solo hablar de lo tremendo del consumo y la violencia”, cuenta Paola.

El equipo identificó la necesidad de contar con un espacio más adecuado para acompañar a las madres usuarias y trasladó esta inquietud a las autoridades hospitalarias. Frente a la falta de respuestas inmediatas, comenzaron a relevar la situación territorial y a construir propuestas para avanzar. “Empezamos a mostrar que había una demanda real, que no era una idea nuestra sino algo que estaba pasando todos los días”, explica Paola. Así, fueron tejiendo alianzas con otros actores —entre ellos el Ministerio de Salud, el Ministerio de Desarrollo Social y el Obispado de Neuquén— que cedió una casa para el funcionamiento del dispositivo comunitario.

Así nació la casa de mujeres Las Resilientes, un espacio intersectorial donde lo primero que se ofrece es un desayuno caliente, una escucha atenta, un plato de comida compartido y la posibilidad de ser tratada con respeto. “Hay una sola regla acá: hay que ser amoroso y respetuoso”, subrayó Paola.

Reducir daños y maternar en comunidad

La base de Las Resilientes es hablar de frente sobre el uso de drogas. En la casa nadie se alarma cuando se habla de consumo. “Ahí pueden hablar de eso que nadie quiere escuchar y que nadie quiere aceptar”, explicó Sol Montecino, una de las Acompañantes Terapéuticas que se sumó el año pasado al equipo. 

El objetivo es romper la lógica del tabú, de ocultar para evitar el castigo. “Acá no hace falta mentir. Nosotras podemos y queremos escuchar eso. Si no lo contás acá, no sirve”, dicen cuando llega alguien nuevo al dispositivo. 

La casa abre sus puertas a las 10 de la mañana. A la hora y media seguro llega alguien a desayunar. Y en ese lapso van pensando qué van a cocinar para el almuerzo. Funciona entre todas. La que no cocina, lava, otra barre, y si alguien no participa, al otro día lo hace. 

En Las Resilientes se logró a base de cuidados lo que la ley de drogas no pudo por la fuerza: que las pibas interrumpan de forma voluntaria su consumo.

El momento de la preparación del alimento es terapia grupal. Están todas alrededor de una mesa y ahí empiezan a salir cosas. Pero primero tiene que haber algún disparador. “Si vos haces una pregunta personal, pero no ofreces nada, no se abre nadie”, aseguran las especialistas. 

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Foto desde afuera de la Casa de Mujeres Las Resilientes. (Cortesía: La Revuelta)

El equipo está integrado por tres psicólogas y tres acompañantes terapéuticas, junto a la doctora Gómez. “Nosotras no tenemos una mirada abstencionista, entendemos que hay un proceso y que ese proceso tiene recaídas, tiene retrocesos, tiene avances”, expresaron sobre la forma de abordaje, que entrecruza perspectiva de género, derechos humanos y reducción de daños.

Las pibas de Las Resilientes vienen de familias numerosas y atravesadas por la precariedad laboral. Mujeres que no tienen espacios de disfrute o de intercambio. Que vienen con recorridos donde no hubo tiempo ni posibilidad de ver qué les gustaba o qué querían hacer.

Por eso las especialistas aclaran que las respuestas buscan ser flexibles y especializadas. “Tratamos de encontrar lo que les gusta, lo que les hace bien, y ver cómo eso puede sostenerse, con quién, en qué lugares. Algunas empiezan a estudiar, otras a buscar trabajo, y vamos acompañando eso también”.

Además de talleres colectivos, el dispositivo ofrece espacios de atención psicoterapéutica, tanto individual como grupal. Así abordan temáticas más íntimas o procesos subjetivos que requieren un seguimiento más personalizado. La combinación entre lo comunitario y lo clínico sostiene gran parte del trabajo cotidiano.

El equipo demostró la efectividad del acompañamiento con bajo umbral de exigencia en asistentes que no tienen una frecuencia fija. Algunas van todos los días. Otras van cada tanto. “Tratamos de que puedan ir armando su recorrido desde ahí, según cómo estén y qué necesiten. La clave está en el diálogo transparente y la construcción de lazos comunitarios”, explicó Sol.  

Otra arista interesante es la reorientación de la libido: “Una de las pibas estaba vendiendo tortas fritas y le ayudamos a hacer un cartel. Este gesto no solo es logístico, también colabora con reubicar el deseo en torno a una actividad productiva. Es una forma de circular simbólicamente como alguien que hace algo, que tiene un lugar, que puede mostrar lo que produce”, explicó la integrante del equipo de Las Resilientes.

La red de cuidados que se construye entre todas es un sostén que da sentido, lugar y pertenencia. Y va más allá del horario formal del dispositivo. Una vez, una de las chicas fue llorando a la casa y enseguida otra fue a abrazarla. Para Sol, ese gesto espontáneo representa la importancia del afecto entre pares. 

“Se organizan para venir juntas, si una no pudo venir, otra le avisa, o la llama”, agregó. El deseo también empieza a reubicarse en la posibilidad de recibir o dar cuidado. Y ese sostén emocional entre pares, puede ser una puerta a otras formas de circulación libidinal, nos cuenta Sol.

En esa casa ellas son protagonistas activas y construyen el espacio con sus deseos, necesidades y propuestas. En una oportunidad las pibas pidieron un taller de ESI porque querían hablar de anticonceptivos, de cómo cuidarse, de cosas que no se animaban a preguntar en otros espacios. El equipo gestionó el taller con una médica especializada y eso abrió nuevas conversaciones. 

En Las Resilientes se logró a base de cuidados lo que la ley de drogas no pudo por la fuerza: que las pibas interrumpan de forma voluntaria su consumo. En palabras de Paola, Las Resilientes ofrece “el sostén necesario para que esa mamá pueda deshabituarse progresivamente de la sustancia y llegue a parir dando negativo”.

Adoptar un modelo alternativo exige desnaturalizar la prohibición como única respuesta. Demanda respeto por la autonomía y la capacidad de decidir, incluso en contextos de consumo. Una defensa del interés superior del niño que ponga la salud por encima del castigo.  

Es necesario alojar conversaciones honestas, crear redes de apoyo que incluyan a las maternidades usuarias de drogas y diseñar políticas que ofrezcan alternativas más allá de la abstinencia. Experiencias como Las Resilientes demuestran que cuando el acompañamiento reemplaza al castigo, el deseo de reconfigurar el vínculo con las drogas no necesita imponerse: emerge solo.

ABSTINENCIA NEONATAL LAS RESILIENTES

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3 respuestas

  1. Qué importante es que se aborden éstos temas desde el respeto, la empatía y la sororidad. Y que se difundan obras tan geniales como la que llevan adelante Las Resilientes. Me emocioné al imaginar el abrazo amoroso de esas chicas.
    Por muchas más casas de abrigo y contención como la de Neuquén. Felicitaciones por la nota.

  2. Gracias por esta nota tan necesaria!!!!!! En un momento en que muchos medios están tratando el tema desde el prejuicio y el sensacionalismo, leer una cobertura responsable, con información seria y diversidad de experiencias, es muy reparador. Abordan una problemática compleja desde el respeto, la sensibilidad y una perspectiva que no suele verse en el tratamiento habitual. La experiencia de Neuquén es especialmente conmovedora y demuestra que existen otras formas posibles de acompañar, cuidar y garantizar derechos. Agradezco y celebro este modo de comunicar, suma muchísimo y amplía el debate en lugar de reducirlo a estigmas.

  3. Esta muy bueno el articulo ya que los futuros bebés son quienes sufren las consecuencias de la adicción y por ende la familia comenzando con la madre del bb
    El tema es demaciiado importante para trasmitir a la juventud futuras madres desde la adolescencia debemos encarar el tema en todos los hábitos posibles como escuelas ,club,inclusive en las propias casas con campañas masivas entre la juventud

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