Todxs lo vemos. Las culturas indígenas, mestizas, y todo el saber y la estética alrededor de las prácticas con plantas maestras está siendo explotada hasta su última gota por fenicios o comerciantes de todo tipo. Que no quede ni un solo símbolo fuera del catálogo, ninguna palabra interesante fuera del glosario que te venda una sensación nueva, y sobre todo que no falte contenido y marco teórico ancestral para vender enteógenos como caramelos por las redes sociales.
¡Pero esto ya no es suficiente!
Ahora también van por los marcos sociales, los entramados conceptuales, los modelos de persona, y hasta por la ética, para venderla. ¿Cómo es que algo tan complejo se volvió de pronto fácil y asequible? No es que el mundo despertó: es que todo lo que no entra en una pastilla y en un modelo de negocios sobra. La domesticación es el nuevo vapuleo.
Vivimos tiempos que parecen estériles cuando hablamos de libre pensamiento por que la relación con el saber hoy tiene múltiples conflictos, que por supuesto, trascienden al de la tradición, los enteógenos y los múltiples pueblos originarios y mestizos, y lo vemos de manera generalizada en las contiendas que se libran a escala global cuando se disputan los sentidos de la sociedad, y donde se busca amordazarla bajo nuevos discursos que la configuren pasiva y receptiva ante los cambios que se pretenden instalar de forma acelerada.
Las prácticas con enteógenos y la tradición no es la excepción. Vemos a lo largo de la historia como diferentes pueblos han resistido y resisten en sus territorios, y desde sus saberes, los embates de un mundo globalizado donde estas prácticas con plantas maestras muchas veces son el bastión comunitario que organiza a la sociedad y su determinación, y que traza una política comunitarista que enlaza al ser humano, al territorio y las plantas maestras.
INTI RAYMI, más allá del folclore
Se aproxima el solsticio de invierno para las regiones del sur de Abya Yala, América, y el tiempo de final e inicio del ciclo natural de la tierra es marcado por el sol una vez más. Un sol que renace y trae con su retorno las fuerzas telúricas que propiciarán el tono de un año que empieza para los pueblos del sur global. Es Inti Raymi, fiesta del sol, que para muchas comunidades nos encuentra diversificados y unidos bajo esta misma fecha que inicia el 21 de Junio durante el solsticio.
Nos encuentra en la reflexión de la palabra, el rumor y la historia, que con este artículo presenta una conversación junto a Felipe Kilakeo, director de Círculo Ikka Casa de Salud y Conocimiento, espacio dedicado a las prácticas tradicionales de la medicina nativoamericana, director de Ikkaruna, proyecto musical de cantos ceremoniales y tradicionales, y fundador y director de Fundación Alma Mundo, proyecto de propuestas interculturales al servicio de la paz; y aquí de contrapunto, Isbelio Godoy; con las ganas y la necesidad de echar viento fuera de las trincheras cercanas del corazón, para dar contagio al amigo de la rebeldía que mira atento este tiempo que interpela a todo orden, que recrudece con fiereza desde los centros de poder, y que busca, al igual que muchos, abrir el pensamiento para nutrir el ejercicio de la lucidez.

Felipe Kilakeo es mestizo, mapuche y aymara. Hace mucho tiempo que su trabajo en la tradición animista y en la medicina tradicional nativoamericana en Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador, Costa Rica, entre otros lugares; lo llevó a estrechar lazos con diferentes comunidades indígenas y mestizas con mayores de la tradición de pueblos Quechua, Aymara, Qolla, Mapuche, Arahuaco, Muina, Murui, Shipibo, Muisca, Bröran, entre otras naciones originarias de Abya Yala; donde se cultivaron con profundidad afectos, nociones en torno a lo comunitario, a reverdecer la cultura en tiempos actuales, y que generó efectos y desenlaces sobre cómo afrontar estos tiempos. Dentro de estos tránsitos e intercambios culturales, el lugar de las plantas sagradas (enteógenos), fue central en su recorrido, y a su vez, lo son para todas las culturas con las cuales se formó a lo largo de los años.
Isbelio Godoy: Llega el Inti Raymi, la fiesta del sol que renueva el tiempo, pero es un tiempo capturado y acelerado por la cultura moderna de poderío tecnofeudal, y que la mayoria de paises latinoamericanos vivimos hoy atravesados por las embestidas de la política y conflictos con nuestros territorios. ¿Qué vive en el Inti Raymi que para todos los pueblos del sur global significa tanto y resiste el paso del tiempo? ¿Y qué potencia puede tener para las sociedades mestizas el Inti Raymi como respuesta?
Felipe Kilakeo: El sol como demarcador del tiempo nos ha acompañado por miles de años, y quizá más, según las cuentas largas llamadas en los Andes Pachakuti, que es cuando toda la realidad material, temporal, espiritual y estructural gira y se da una vuelta completa. Pero también se habla de un tiempo oscuro, pre solar, donde otras características regían, otros seres, otras cuentas y otros soles anteriores. De allá venimos.
Nos adentraremos en el año 5534 según la última era solar y de eso dan cuenta los sabios contadores del tiempo.
Cada solsticio esperamos al sol niño o Inti Wawa, esperanza joven, refuerzo vital, niño audaz y rebelde que nos trae la renovación del ciclo, el agua, la humedad, la fertilidad. Celebramos con vitalidad la danza de la Noche larga, cargada de frío, trueno, rayo, granizo y neblina.
Comienza el gran zapateo, recorriendo las calles que antiguamente fueron las vías ancestrales de comunicación de lejanas sociedades, míticas carreteras que conectan con las canchas de euforia telúrica, donde juega la emoción propia de la gente arcaica. Nos tomamos la plaza del pueblo, lugar de negociaciones, ejecuciones, batallas y amores.
Es el retorno de los ancestros mediante nuestros cuerpos, cuando ellos beben chicha a través de nuestra boca, buscando saciar su sed milenaria, como la sed de justicia que recuerda a los grandes inmortales Tupac Amaru, Tupac Katari, Bartolina Sisa, Micaela Bastidas, nuestrxs grandes padres y madres revolucionarixs.
El Inti Raymi es una respuesta orgánica, marginal, disidente ante la norma y absolutamente pagana, denominada demoníaca por los extirpadores de idolatría que jamás podrán arrancar la alegre rebeldía de nuestro ánimo, porque somos gente-espíritu, viva e indomable.
Esta energía es absorbida por las nuevas generaciones y es asumida como un bastión de lucha por la vida. A cada generación le toca su parte porque cada tiempo tiene su poder. Esto nunca se detendrá porque los abuelos del futuro siempre sabrán renacer según el conocimiento acumulado de memorias pretéritas que son causa y motivo para habitar el mundo.
“(…) cada río, valle y montaña es un ser con vida y memoria, una entidad que toma decisiones y que ha sostenido nuestra existencia en sus manos.”
IG: Pachakuti, “tiempo que vuelve sobre sí mismo” en lengua quechua. Es una noción de tiempo que marca ciclos astronómicos de 500 años en relación al sol, son ciclos que traen cambios profundos en la cultura, que subvierte el orden anterior y genera cambios explosivos en sus inicios. El Pachakuti anterior inició con la conquista europea y la larga noche de 500 años de expoliación. Desde 1990, aproximadamente, inició un nuevo Pachakuti, y es el que tempranamente estamos viviendo. ¿Cómo podemos entender este Pachakuti en tiempos de tecno-feudalismo? ¿Que puede dar respuesta y memoria ante estos procesos colectivos?
FK: Este ciclo viene marcado por una amenaza camuflada bajo la máscara de una falsa ecología racista y facista de primera clase, maquillada de hiper higiene, con reglas y estándares feudales que utilizan de manera paternalista la humillación hacia los que se quedan atrás y proyectando una imagen sofisticada de un bienestar elitista.
Hemos vivido reiteradas traiciones, y esta vez los países que alguna vez lograron las independencias de los reinos religiosos opresores con ejércitos formados por pueblos originarios; una vez más muestran su deslealtad, transformándose en países-cárceles para los pueblos y súbditos de un nuevo reino mercantil. Los países han sido suplantados por las corporaciones o naciones-empresa que asesinan a los originales guardianes de una ecología radical y profunda: los pueblos indios, primeras naciones, que han sido fundadores de civilizaciones.
Debemos revisar la historia desde una mirada simbólica y mitológica, entendiendo los territorios desde su geografía espiritual, recordando que cada río, cuenca, manto acuífero, valle, montaña, desierto, selva, bosque, y más, son seres con vida y memoria, entidades ecosistémicas que toman decisiones y que han sido capaces de sostener nuestra pequeña existencia humana en sus manos.
Buscar la palabra de consejo en los pueblos guardianes milenarios de los territorios aún es posible. Encontrar orientación para nuestra especie en la palabra mayor y vieja es profundizar en la identidad verdadera y una posibilidad de redescubrir el rol humano, accediendo a la raíz del pensamiento sacro animista, donde todo tiene vida y sustancia, función y espíritu.

Somos los Chakaruna, la gente-puente por donde se traficó esta información digna y dolorosa.
IG: Hay una experiencia común en las tradiciones, y quizás de las más importantes en torno a estas reflexiones, y es que el tiempo es el territorio también. ¿Por qué se entiende el tiempo como territorio?
FK: Pacha es unidad de tiempo y espacio en el entendimiento del Ande. Lo que comúnmente se oye decir por Pachamama es en lo profundo la existencia toda, una macro entidad compleja con medidas y proporciones que todo lo abarcan, y dentro de ella están todas las ideas, números, tonos, cualidades, estructuras y nociones para nuestra ubicación.
La recuperación de la cuenta del tiempo como espacio de expresión y vínculo espiritual es un territorio, allí existimos, en ese espacio nos movemos, creamos y damos acción a nuestras ideas.
Las fiestas populares y carnavales son semillas sobre las calles aún fértiles. La ciudad es habitada como templo subversivo donde reclamamos y vivificamos las fechas relevantes según la naturaleza, tiempo-territorio para demostrar que el espíritu humano es parte de la salvaje entropía de la manifestación poética y artística de la creación.
IG: Me parece muy importante preguntarte acerca del mestizaje. Parece haber hoy un choque muy fuerte de cómo se piensa esta realidad en Latinoamérica. Por un lado, hay personas que piensan el mestizaje como un blanqueamiento de las identidades originarias y que es rechazada por muchos, y por el otro lado hay quienes entienden el mestizaje como una potencia en lo mestizo que permite una complejidad que puede responder y ser puente entre diferentes mundos (lo originario y lo moderno). ¿Qué es el mestizaje y el ser mestizo?
FK: Nadie elige nacer o ser mestizo, nada más es el devenir natural de amores y maridajes que no suceden por una razón lógica, son movimientos de la pasión. Se nace híbrido, pero también se tiene la opción de despertar en nuestras vidas el interés natural por la investigación genealógica que pudiese justificar nuestras inclinaciones, instintos y pulsiones y que podrían llevarnos a cierto punto de origen según un anhelo existencial.
Somos hijos de las Wakas, de los lugares y sitios de poder y significancia espiritual; no sólo de padre y madre, también somos hijas de los territorios y climas.
El mestizo muchas veces es hijo del olvido, del despojo, del anonimato. Parte de una historia sin glamour, sin grandeza, sin etiqueta, y eso lo dota de una característica de innata libertad, donde las acciones son guiadas por un impulso fidedigno y nunca condicionado ideológicamente por una pertenencia.
La memoria natural y la autopercepción nacen de su corazón sin antecedentes, sin cálculo, es más bien un ente a la deriva que podría encontrar algún regalo o tesoro escondido, un logro sin méritos en el camino de los clanes.
Existe en esta mezcla de pueblos una zona gris de la genética, de los reinos, de las familias importantes, lejos del control de las alianzas y pactos, una gran masa crítica de gente que despierta en sí el gen originario, donde la inocencia brota con fuerza espiritual. Pero también está la manipulación ideológica infiltrada para restar poder a nuestra gente, dividiendo, culpando, secuestrando identidades, robando y disputándose a la gente como moneda de cambio, como trofeo de guerra. Esa sombra es la envidia y el celo, una enfermedad que encontrará la cura cuando los hijos e hijas del olvido se sienten en la banca de la sabiduría a escuchar su propia historia o a relatarla cuando les pregunten “¿ustedes quienes son?”. Ellos responderán “somos los Chakaruna”, la gente-puente por donde se traficó esta hermosa información, digna y brillante, dolorosa y accidentada. Detrás de ellos vendrá la gente nueva, la Nación Musuq Runa, con el poder renovado de las Waka de todos los tiempos, esta vez avanzando en la dirección del corazón infinito de la Madre Nada y el Padre Tiempo.
“Las plantas que nos chuman con su efecto han sido detonadores de nuestra pequeña revolución.”
IG: Volviendo a las experiencias que antes mencionamos, muchas de ellas se dieron también con otras comunidades, más jóvenes y algunas mestizas, como Círculo Viñachishkas, Brotte Nativo, Ayllu Tiqsi Muyu, entre otras. ¿Qué política, en el sentido profundo de la palabra, se construye en esta relación entre comunidad y plantas sagradas?
FK: Las plantas que nos chuman con su efecto han sido detonadores de nuestra pequeña revolución, motivando nuestra psique y ánimo hacia el encuentro de nuestro propio mito.
Con la ayuda de maestros y maestras de tradición, que han pasado por el fuego de la condena y juicio de sus propias comunidades, nos hemos dado a la aventura de la búsqueda del símbolo, historia, canto y danza de nuestra manifestación cultural de usos y costumbres. Toda esta información ha sido compactada en nuestras cofradías, archivando este material esotérico, metafísico, filosófico y ritual en un lugar muy sagrado que son las experiencias de vida, en nuestros pasos íntimos, casas y familias.
Un ejercicio espiritual concreto de ritualidad andina contemporánea es nuestra Danza de la Chakana de las Cuatro Apachetas, que nos puso a girar por valles, desiertos, montañas y pampas haciéndole gestos de devoción a los seres naturales, a nuestra manera, cuidando los secretos heredados de nuestro recorrido con la tradición, pero dando pasos firmes y espontáneos en una coreografía que nos traía al centro, asentando los sueños y visiones en un culto a las Cuatro apachetas, a la Chakana, a la Cruz de mayo y a la Cruz del sur. Todo esto ha sido dirigido y coordinado por el espíritu de Wachuma, nuestro líder telúrico y maestro de corazón alado, porque más allá de la fuerza de la gente, las ganas y la creatividad está la telepatía de los territorios, ese pensamiento vivo que es capaz de organizarse sin mayor intelectualidad ni conceptualización. Apu Wachuma es el jefe.

IG: Otro punto que puede fortalecer este ejercicio de lucidez es como todo esto dialoga con la noción moderna de la Política de Drogas global, donde hegemoniza el prohibicionismo de drogas a escala mundial que inició el siglo pasado, y que arremetió contra las tradiciones originarias y el uso ancestral de plantas sagradas que hoy es uno de los puntos más calientes en torno a los derechos de los pueblos. Sin embargo, las plantas sagradas, abren un debate complejo en el mundo moderno que no sabe cómo responder a esto. ¿Por qué las plantas sagradas son una entidad social para la tradición?
FK: La fuerza viva de los espíritus tutelares nos criaron, porque no solo nos hemos alimentado de seres vivos, sino que los seres vivos se alimentan de nosotros también. Nos referimos a vegetales, animales, minerales y espíritus que conforman este sistema de coexistencia y comunicación. Estas entidades con agencia y agenda tienen capacidades materiales, son tomadores de decisiones, seres de consulta, libros naturales, comandantes y lideresas. Les llamamos la otra gente, con quienes caminamos a la par, a la cual les hacemos fiestas y demostraciones de afecto, con quienes nos encariñamos por todo lo que hacen por nosotros. Son alteridades de alta presencia y jerarquía porque son anteriores a nuestra especie y han abierto el camino a nuestra existencia, enseñando las leyes de vida, curando, aconsejando y protegiéndonos de los horrores, verdaderos padres y madres, benefactores e intermediarios con el mundo del misterio.
IG: Para cerrar me gustaría acercar a la comunidad lectora uno de estos proyectos que nacieron en los últimos años: La Revista AWAYU, de la cuál sos miembro del equipo editorial, junto con Alejandro Sansón (Ayllu Tiqsi Muyu) y Daniel Bedoya, y que buscan acercar reflexiones, narrativas, educación, perspectiva y arte a través de esta propuesta editorial. Un proyecto reciente, con pocos números publicados, y que busca acercar nociones en torno a todo lo que venimos conversando y que trae fuerte la idea de cosmopolítica. ¿Qué es la cosmopolítica y cómo puede ser una práctica que se construya o derive de esta?
FK: La palabra de las Waka no son grandes discursos ni metáforas inaccesibles, más bien son instrucciones concretas para el bienestar, son pautas éticas y formas armónicas de vida, que en algún punto se entienden como una Cosmocracia, un ordenamiento táctico y sensible según la memoria viva de los encantos, porque estas maneras han nacido en los cerros, lagunas, cascadas, en los fenómenos naturales, en la oscuridad del tiempo, donde se forjan las verdades y leyes del mundo real, el mundo de los acuerdos mayores que sostienen la vida orgánica. Esta ley natural y milenaria no tiene refutación, es absoluta pero no bélica, no se impone con violencia porque es lógica y no necesita convencer, es pura porque nunca nació, porque siempre ha estado, es ley de origen manifestada como animismo político.



