Manolo Torres, un puente entre vanguardias psiconáuticas

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Pertenece a una generación de investigadores que contribuyó a definir y consolidar el campo de la ciencia psicodélica y la psiconáutica. Compartió con gigantes como Hofmann, Shulgin, Ott y Rätsch, entre otros. En esta entrevista repasa medio siglo de investigación, antes de sumarse al Simposio Psiconauta 2026 en Chile

 

Vida y obra, un esbozo

No quedan muchas personas como Manolo. Es uno de los pocos puentes vivos entre la vanguardia de investigadores psiconautas del siglo XX y del corriente

Nació en Cuba, de donde emigró en su adolescencia hacia Estados Unidos. Describe su vida en la isla como una experiencia de origen campesino, habiendo nacido en un pequeño pueblo de apenas mil habitantes, donde su mundo se veía un poco reducido. Su llegada a Estados Unidos le abrió las puertas a universos de bibliotecas y grupos vinculados al arte, la literatura y el cine.

El interés de Manuel Constantino Torres por las sustancias psicoactivas surge a principios de la década de 1970. Mientras realizaba su licenciatura en Historia del Arte (con especialización en Marcel Duchamp y el arte moderno), viajó a Colombia junto a su pareja, la artista gráfica Donna Torres, de quien refiere que no sólo fue y es una compañera sino también una partícipe crucial en todo su trabajo.

En Colombia visitaron el sitio arqueológico de San Agustín, donde observó estatuas monumentales que portaban curiosos instrumentos frente al pecho. Al investigar qué eran esos objetos, descubrió la parafernalia asociada a las sustancias inhalatorias (el complejo del Yopo y la Anadenanthera).

Fue de esa manera cuando se le reveló tanto el mundo de la etnobotánica precolombina como el de las sustancias visionarias (ellos estaban viviendo el auge de la LSD), lo que marcó el inicio de su trayectoria como pionero en el estudio de la Anadenanthera (Yopo y Vilca) y el chamanismo indoamericano, estableciendo cruces inauditos entre arte y arqueología. Torres se ha dedicado a analizar la iconografía de distintas comunidades indígenas, y civilizaciones como Wari y Tiwanaku, encontrando notables correspondencias entre sus representaciones artísticas, y sus prácticas visionarias.

Su tesis doctoral, “The Style and Iconography of South American Snuffing Paraphernalia”, sentó las bases para entender cómo los utensilios no eran solamente funcionales, sino piezas cargadas de simbolismo.
Aplicó este enfoque en regiones como San Pedro de Atacama, donde estudió la parafernalia inhalatoria y su vínculo con el arte Tiwanaku, demostrando que los motivos decorativos en estos objetos reflejan experiencias extáticas y conceptos religiosos. Un ejemplo concreto de esta labor es su análisis iconográfico detallado de la Estela Ponce en Tiwanaku, donde explora cómo la configuración de la escultura está directamente relacionada con el uso de inhalantes visionarios, sugiriendo que estas experiencias contribuyeron a la formación y desarrollo de la iconografía Tiwanaku.

En este proceso, fue significativo su vínculo con Henry Wassén, un antropólogo sueco, director del Museo Etnográfico de Gotemburgo, el cual dirigió entre 1968 y 1972. Esta relación fue fundamental para la carrera académica de Manolo, y sus inicios en la investigación etnobotánica y arqueológica. 

Durante el desarrollo de su tesis de maestría, inició una correspondencia constante con Wassén, quien le brindó un apoyo significativo. Cuando terminó su disertación doctoral, alrededor de 1980, Manolo viajó a Gotemburgo para llevarle una copia a Wassén y visitar el museo de la ciudad. Al día siguiente de recibir el trabajo, Wassén invitó a Torres a publicarlo dentro de la prestigiosa serie Ethnological Studies, lo cual fue un gran impulso para su carrera. Manolo destaca la generosidad de Wassén y que su ayuda fue decisiva para que su trabajo sobre la iconografía de las tablas de rapé sudamericanas lograra ser editado y reconocido en el ámbito académico internacional.

 

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Uno de los monolitos del predio arqueológico de San Agustín, Colombia, donde Manolo notó que lo que el personaje lleva en las manos, puede ser un equipo inhalatorio de rapé. Fotos cortesía de M. Torres.

 

Su relación con Chile

Manolo y Donna llegaron por primera vez a Chile en 1982, siguiendo una pista que les dio Henry Wassen sobre San Pedro de Atacama, donde próximamente se llevará a cabo el Simposio Psiconauta 2026, organizado por Fundación Lobeliana, en noviembre. 

Los Torres llegaron a Chile durante la dictadura militar. A pesar de la hostilidad del contexto político de la época, Manolo recuerda esos momentos como una etapa “con suerte”, donde pudo conocer a personas claves. Fue introducido al mundo de la arqueología chilena por Carlos Aldunate, entonces director del Museo Chileno de Arte Precolombino

Su trabajo en Chile se centró intensamente en San Pedro de Atacama. Torres destaca que este lugar es crucial debido a la mayor incidencia de uso de sustancias psicodélicas en el mundo prehispánico, habiendo documentado cerca de 500 equipos completos de inhalación de rapés psicoactivos.

 

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Tabletas para inhalar rapé. Estilo Tiwanaku. Las imágenes provienen del trabajo “Rastreando los orígenes de la ayahuasca, el yagé y bebidas análogas” (2019, Torres y Torres)

 

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Algunas de las tabletas encontradas en distintos sitios arqueológicos, con las que Torres ha trabajado estableciendo correspondencias con la cultura Tiwanaku, a partir de sus diseños. Fuente: “Archeological evidence for the antiquity of psychoactive plant use in the central Andes” (Torres, 1996)

 

Manolo Torres ha trabajado estrechamente con el Museo Chileno de Arte Precolombino en exposiciones, destacando su labor en la muestra sobre los Taínos y, más recientemente, su proyecto sobre Chamanismo. Además, fue profesor emérito en el Departamento de Historia del Arte de la Florida International University (FIU), Miami, donde actualmente reside. Recientemente publicó junto a Donna el libro “La ayahuasca, el yagé y otras bebidas psicoactivas”, gracias a su colaboración con la editorial chilena Pehuén Libros

 

Libros enteogénicos: ¿Cómo comenzó tu interés por estos temas sobre psicoactivos, plantas chamánicas, arqueología de drogas?

 

Manolo Torres: Fue por la primera edición de la revista Ethnopharmacological search for psychoactive drugs, de 1967, y por Ethnological Studies de Henry Wassen, quien luego publicaría mi tesis doctoral sobre rapés psicoactivos en su revista. 

 

LE: Te has dedicado a organizar por varios años unas jornadas con los investigadores más prestigiosos del campo psicodélico. ¿Cómo sucedió eso?

 

MT: Yo estaba en Granada, España, dando una charla como parte de una conferencia. Se me acercó Joaquin Muñoz, el director en la INAH de San Luis Potosí, México. Y me dice: ¿Quieres dar una conferencia sobre este tema en México? Yo le digo, Sí, claro, pero ¿cuál es la logística para eso?. Me dijo: despreocupate, yo me encargo, tú consigue a la gente, yo hago la logística. 

Entonces, con Donna y Luis Eduardo Luna, nos sentamos en casa e hicimos una lista para invitar a todas las personas que queríamos conocer: Peter Furst, la pareja Shulgin, Antonio Escohotado, Jonathan Ott… se me olvidan algunos. Pero todo el mundo nos dijo que sí.

Nos dieron un hotel semi-abandonado, con olor a moho. Pero bueno, ahí estábamos reunidos todos. Y decidimos darle continuidad a estas conferencias, desde 1992, año por medio, una vez en América y otra en Europa. Entonces Joseph M. Fericgla, que había asistido, se comprometió a llevar a cabo en Lérida, España, la siguiente. A esa se nos unió C. Rästch. 

 

LE: ¿Y Albert Hofmann no estuvo presente?

 

MT: En esa no. A Hofmann lo conocimos en otra conferencia que organizó Antonio Escohotado, con este título fantástico: “Desobediencia civil y farmacia utópica”. Ahí lo conocimos, tomando coñac al mediodía. Por otra parte, Jonathan Ott y R. Montgomery se comprometieron a organizar otra en Canadá, cerca de Vancouver. 

La última fue en el Palacio de Fine Arts, en San Francisco.

Luego, junto a Jonathan Ott, Terence Mckenna, Paul Stamets, los Shulgin, Giorgio Samorini, Stacy Schaffer, Donna y yo, realizamos un simposio cada dos años, durante diez años, en las afueras de Palenque, en Chiapas. Se daban charlas todos los días, por una semana. Jonathan podía dar una charla de cuatro horas. Terence también. Es como que agarraba una “onda”, y se metía, como un cuentista. Shulgin también. 

La última de esta serie la organizó C. Rästch en Amsterdam, con su pareja Claudia, en un museo de etnografía. Esa fue la última del ciclo San Luis Potosí. En cuanto a Latinoamérica, ha sido pobre con estos eventos. Lobeliana ahora está llenando ese vacío. 

 

LE: ¿Podríamos decir que el Simposio Psiconauta de Lobeliana le da continuidad al espíritu de todos esos encuentros?

 

MT: Sí. El proyecto de Lobeliana me entusiasma mucho. Esa biblioteca de bibliotecas psicoactivas va a ser una muy buena contribución para investigadores de latinoamérica en general. 

Y sí, definitivamente, Lobeliana es la continuidad de aquellos encuentros. Yo estoy muy satisfecho. Tiene que continuar. Con investigadores jóvenes, nuevos. Ya no nosotros, los de siempre, diciendo las mismas cosas durante 30 años. Han surgido nuevos y sobre todo nuevas investigadoras, que en todo el proceso anterior casi no había. Hoy está Verónica Lema de Argentina, Elisa Guerra Doce, española. Son muy buenos ingredientes, traen otra energía para esto. Antes éramos la mayoría hombres. 

 

LE: ¿Cómo te posicionas frente a la dicotomía sobre si estas experiencias visionarias deben ser un fenómeno masivo (el modelo Tim Leary podríamos decir) o si al contrario, deben ser para individuos  excepcionales (el modelo de Aldous Huxley, digamos)?

 

MT: Yo reboto de una a la otra. La ventaja de la perspectiva de Leary es que, para tipos como yo, viviendo en ese mundo y en esa época, el acceso fue gratuito: ibas a conciertos y te la regalaban (LSD). Si esa masificación no hubiese existido, tipos como yo seríamos, no sé, contador público (risas).

Pero esa masificación en tiempos como los actuales, no sé… ¿tú qué crees? ¿Cuál es tu opinión?

 

LE: También voy y vengo. Yo ingresé a estos temas gracias a Las enseñanzas de Don Juan, ese best seller de antropología-ficción chamánica, tan juzgado luego por la historia.

Para mí fue la puerta grande, para muchos también. Sin embargo, si uno se pone técnico, encuentra todas esas inconsistencias en los datos relevados por Castañeda, las contradicciones farmacobotánicas, la falta de rigor metodológico, etc…

 

MT: Para mí también fue importante su obra, en el sentido de que me hizo pensar “si un tipo cualquiera como este pudo hacer esto, entonces yo también…” Me hizo ver que esa búsqueda era posible. 

 

LE: Y con respecto a los psicodélicos de laboratorio, ¿cómo te llevas con eso? te he escuchado decir que son las sustancias con las que te sientes más cómodo…

 

MT: Sí, me siento más cómodo. Pienso que es la misma cosa. Como me dijo Shulgin una vez, que alguien le dijo “estas cosas de laboratorio no son orgánicas”. Él le respondió: una planta es orgánica, y yo también; ella fabrica una molécula, y ahí la tienes en la naturaleza. Luego, yo también produzco una sustancia, y la hago aparecer en la naturaleza. Por lo tanto, yo soy como las plantas, y estas moléculas no pueden no ser orgánicas ni naturales.

Pero además, fijate en la naturaleza, cómo se está acabando el Peyote, la demanda tan grande que hay de Ayahuasca, de San Pedro… se está acabando lo último que queda de esas culturas, para nuestro consumo.

Con la LSD yo me siento cómodo, es mi molécula favorita. Y no se la estoy quitando, ni haciendole daño a nadie. Eso es lo más apropiado. Es producto de nuestra tradición. Y la tradición es producto de todo lo que ha venido antes que nosotros, pero también es algo dinámico y vivo. La tradición somos nosotros.

Pero seguir extrayendo estas plantas de la naturaleza, de otras culturas, para hacer turismo chamánico, y todo eso, es un vestigio más del colonialismo. Y del extractivismo: extrayendo algo de otra cultura para llevarla a la tuya y ahí explotarla, para obtener beneficios, como con cualquier otra materia prima. 

 

LE: En tu trabajo has ido vinculando el mundo del chamanismo, las plantas psicoactivas y el arte visual. ¿Qué cruces sigues encontrando hoy en día entre esas áreas?

 

MT: Últimamente, casi por hobby te diría, estoy con un tipo de pinturas que en Europa hay varias, que fueron comisionadas por los hospitales para ser parte del programa de sanación. La más relevantes de estas es el Retablo de Isenheim que se exhibe actualmente en el Museo de Unterlinden, en la ciudad francesa de Colmar.

Ese altar fue diseñado para curar a víctimas del Fuego de San Antonio, osea gente con problemas de ergotismo (afección tóxica,  potencialmente letal, causada por la ingesta de alcaloides derivados del cornezuelo, precursor orgánico de la LSD). Traían a los enfermos frente a la pintura, donde los pacientes mejoraban o morían. Eran hospitales de la orden de San Antonio, el ermitaño, no el de Padua, durante el siglo XVI.  Me interesa esta supervivencia de elementos paganos en el seno de iglesias católicas. Y cómo confiaban que las imágenes podían curar. 

En también Florencia hay, en el centro médico más antiguo, Santa María Nueva, una pintura para que las mujeres puedan tener un parto sencillo. En Brujas, Bélgica, otra de estas pinturas, diseñada para curar heridas que no sanan. En Borgoña, se contrata a un pintor, Rogier van der Weyden (siglo XV)  para que con su obra “saque a todos los males” del hospital. Todas estas son pinturas mágicas, no son como cualquier otra. 

 

LE: Me hace pensar en los cantos-medicina del chamanismo, donde más allá de su estilo, tienen como función la curación…

 

MT: Claro, uno va por el sonido, otro por lo visual. Y volviendo a los santos cristianos, también tienen sus animales de poder, como los chamanes. Esas relaciones existen.

 

LE: Por último, hablando de chamanismo, ¿Qué aspectos crees que hoy podrían aplicarse a nuestra vida, si es que esa posibilidad existiese?

 

MT: Desde el chamanismo podemos aprender cómo desarrollar un conocimiento íntimo de nuestro entorno inmediato, mirar la ciudad y sus alrededores como una entidad llena de patrones que pueden ser atravesados y comprendidos. Tal conocimiento del medio ambiente urbano trae consigo y demuestra la interconexión de todos los elementos que lo componen. Las culturas indígenas de todo el mundo, a lo largo de los siglos, han desarrollado inteligentemente conceptos de lo que es apropiado para ellos y su entorno en un momento dado. Entonces, debiéramos indagar en nuestras tradiciones globales qué estrategias seguir para determinar qué es apropiado para nuestro tiempo y lugar, y no la simple imitación de culturas indígenas. Las tecnologías chamánicas pueden contribuir a responder estas preguntas sobre nuestra propia cultura.

 

ARTE Y VISIONARIA

El trabajo de Manolo Torres ha sido fundamental para vincular el arte atacameño con el uso de A. Colubrina y las redes de intercambio con la cultura Tiwanaku y la Amazonia. Manolo estará presentando su trabajo especializado en el complejo de rapés psicoactivos y parafernalia inhalatoria, en San Pedro de Atacama, en el Simposio Psiconauta 2026.

 

#PSICODELIA arqueologia pionero PSICONAUTA vanguardia

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