Milei no toma mate

Foto: Pablo Cuarterolo
El gobierno profundiza la desregulación del sector yerbatero. Un presidente ajeno al símbolo de identidad nacional y ritual socializador por excelencia. Por dogma económico o aversión a los amargos, asfixia a los pequeños productores, que ya comenzaron a desprenderse de sus chacras.

El mate es la bebida más consumida después del agua en Argentina. La yerba está en las alacenas del 90% de los hogares: es nuestro estimulante predilecto para iniciar las mañanas y lo que calla el hambre de millones que comen solo una vez al día. Pero en el país que lo declaró infusión nacional, su presidente no toma mate.

Cuando salimos de Argentina, nos reconocen desde lejos por el termo y el mate. Y cuando vienen los extranjeros, aprovechan este rito para integrarse con nosotros, como Johanna Pohjola, una finlandesa que hizo un intercambio universitario en Buenos Aires y encontró el puente perfecto para conectar con sus compañeros. Este cuenco con yerba y agua caliente terminó siendo el tema de su tesis de antropología. Su conclusión fue que “representa un modelo ideal para una conducta social exitosa”. Y tiene sentido. El mate se comparte, cosa que no sucede con las demás infusiones y que resulta casi una obligación moral. Como el agua, no se le niega a nadie.

Hay una singularidad en la costumbre del mate: lo tomamos en ronda. Va de palma en palma, lo abrazan muchos dedos y recibe besos de varias bocas. Los encuentros poliamorosos con ese tubo caliente que es la bombilla dan al rito una intimidad que no logramos con cervezas, café o un almuerzo. Es un lubricante social, porque nos acerca, habilita charlas y promueve nuevos vínculos. Reúne.

¿Le faltó mate al joven Milei? Lo cierto es que nunca encajó en su comunidad. “Javier fue un chico apartado, sin ningún amigo íntimo ni pertenencia a un grupo”, escribe Juan Luis González en El loco (2023), la biografía no autorizada del presidente.

¿Los guaraníes tienen la culpa?

Ellos marcaron las pautas y propagaron este agente socializador por el Río de la Plata. Un ritual con más de cuatro siglos de historia que superó a la inquisición española, se sobrepuso a la prohibición de su consumo y desafió los límites de las nuevas fronteras. En el caiguá, como se llama en guaraní, pervive un principio de reciprocidad: todos somos iguales ante el mate. En la ronda participan peones y patrones, chicos y grandes, mujeres y hombres. Es algo comunista, podría pensar Milei en su visión bipolar del mundo.

Que Milei no toma mate es una hipótesis fundada. No digo que nunca haya experimentado su sabor, sino que el hábito no lo acompaña. El mate es nuestro mayor símbolo de argentinidad según nosotros mismos, incluso por encima de la carne y el dulce de leche. 

Donald Trump toma Coca-Cola Light compulsivamente y hasta tiene un botón en el Despacho Oval para que le lleven una lata de inmediato. Gustavo Petro publicó en sus redes que la única adicción que tiene es al café por las mañanas. Yamandú Orsi y Carolina Cosse, flamantes presidente y vicepresidenta de Uruguay, brindaron con un mate para presentar sus candidaturas. La presidenta de Perú, Dina Boluarte, considera un “orgullo nacional” el ceviche. En Argentina los políticos se preocupan por aparecer siempre con un mate para demostrar identidad nacional y generar empatía con el votante, pero el presidente no.

milei mate
De izquierda a derecha: Axel Kicillof, Victoria Villarruel y Sergio Massa.

El hombre que ocupa la primera magistratura prefiere otro estimulante cafeínico, como revelaron durante la campaña: llegó a tomar 6 a 8 latas por día de “Mango loco”, una bebida energizante. Y tampoco es un tipo interesado en los pequeños placeres de la vida, ni siquiera con la comida: “para mí es una cuestión meramente fisiológica”, dijo en una entrevista. Si pudiera, confesó, sólo tomaría una pastilla que la reemplace. 

Un desprevenido podría pensar que “sobre gustos no hay nada escrito” o nada que opinar, pero el mate no se toma por gusto. Me arriesgo: a nadie le apasiona su sabor, más bien, es una excusa para encuentros y un compañero de soledades.

Todos somos iguales ante el mate

El Papa Francisco hizo frenar su vehículo durante una recorrida por el Vaticano para que una compatriota le cebe un verde. Ernesto “Che” Guevara hacía todo lo posible para procurarse unas cebadas en medio de la revolución cubana. Al día siguiente de consagrarnos campeones del mundo, Lionel Messi subió una foto en la cama, aún tapado. Su brazo derecho rodeaba la copa, su mano izquierda sostenía un mate. La escena es una síntesis de identidad nacional: fútbol, picardía y mates por la mañana. 

milei no toma mate

Solo hay un registro del presidente argentino tomando mate, que se viralizó desde el momento que se publicó, engrosando el extenso archivo memético que protagoniza. Durante un evento en La Rural —donde quedaba bien verlo mateando— se lo ve con el lenguaje corporal de alguien que lo prueba por primera vez. Así lo presentaron en televisión, radio y redes sociales: “¿Milei tomó mate por primera vez?”.

En aquel video se puede ver que el presidente se queja porque está muy caliente. Johanna Pohjola, la antropóloga finlandesa, escuchó de los informantes de su trabajo de campo la expresión “quemar la lengua”. En su tesis de 2008, explica que el dicho sintetiza el choque cultural que produce tomar mate por primera vez para un extranjero. Y, de verdad, mirando el video resulta verosímil que Milei estuviera iniciándose con los amargos.

Amaro Villanueva dedicó un libro a los códigos que “el mate expresa tácitamente al ser brindado”. Aprovechando este puntilloso exámen de El lenguaje del mate (1967), podemos “leer los sentimientos” que comunica esta comunión de labios.

En la filmación de La Rural, Milei chupetea la bombilla, que para el estudio de Villanueva indica “mala educación”. Al dar el primer sorbo, se nota que le cebaron un mate que está muy caliente, una situación que no escapa al conjunto de señales que documenta el libro: se trata de un gesto que indica “enojo o disgusto” por parte del cebador. El libertario devuelve el mate con la bombilla apuntando al revés, algo “revelador de insociabilidad”. 

El lenguaje del mate refrenda los titulares: Milei no es un iniciado en el asunto. Pero eso no lo exime, porque “no vale reclamar impunidad por ignorancia”, escribe Villanueva y avisa: “quien practica una costumbre debe conocerla”. 

Milei contra el mate

Argentina es un país de rankings mundiales. Somos los más endeudados con el Fondo Monetario Internacional. Los primeros en la Clasificación Mundial de la FIFA y actuales campeones de fútbol. Tenemos el salario mínimo más bajo de la región medido en dólares. Nos gobierna el primer presidente anarco-capitalista de la historia. Y en nuestra nación se produce la mayor cantidad de kilos de yerba mate en todo el globo.

Las desregulaciones de Milei pegaron muy rápido en los pequeños productores de hoja verde —la materia prima de la yerba mate—, que enfrentan la peor crisis de precios en 20 años. El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) era la entidad que fijaba un precio mínimo para el pago a los productores. Esa regulación se cayó a 10 días de la asunción de Javier Milei, cuando firmó un mega decreto llamado “Bases para la reconstrucción de la economía argentina”. En uno de sus 360 artículos, el INYM perdió la facultad de fijar el precio. “Es como sacar al árbitro”, dijo a MATE Jorge Scripzuk, tercera generación de productores. 

El mate es igualador en su consumo pero desigual en su producción. Los que cultivan la materia prima al norte, en Misiones, son miles, pero en el final de la cadena hay solo un puñado de actores determinantes. Son cerca de 12 mil los productores que cultivan la Ilex paraguariensis —el árbol que da la yerba— pero en el último eslabón de esta industria, 5 empresas molineras concentran el 85% de las ventas minoristas. Hay muchos vendedores de hoja verde y pocos compradores. Esta competencia imperfecta hace que pocos jugadores puedan acordar el precio que pagan a miles de productores. Por eso el INYM era el árbitro de una cancha inclinada.

La desregulación de Milei —quién sabe— podría tener origen en sus gustos personales o en sus ideas económicas, lo seguro es que intenta cumplir su principal promesa electoral: bajar la inflación. Cueste lo que cueste. Reduciendo aranceles a las importaciones de yerba y permitiendo que los grandes jugadores fijen el costo de la materia prima. En tanto, los argentinos pudimos comprar la yerba a un precio que aumentó, pero por debajo de la inflación. Menos gastos para el consumidor, sí, pero con consecuencias devastadoras para el pequeño productor.

“Imaginate que a mediados de los 80 éramos casi 15.000 productores de yerba mate y después de los 90 estábamos en 9.000. Esa cantidad de productores desaparecieron porque vendieron las tierras a las grandes industrias molineras que tenían el poder económico y, ante la necesidad, ponían la plata y le compraban regalado al productor. Por eso estas cuatro grandes industrias que monopolizan el sistema de precio ahora tienen entre 10.000 y 20.000 hectáreas de yerba, pero cuando arrancaban en los 90 tenían 100 a 150 hectáreas”, cuenta a MATE Julio Petterson, que mantiene la memoria de una familia con cuatro generaciones de productores. Muchos ven en la desregulación yerbatera un plan para que los colonos malvendan sus tierras: “Vienen por nuestras chacras”, dicen.

Tapa del diario misionero Primera Edición del 16 de junio.

En los 90, con Carlos Menem en la presidencia y ahora con Javier Milei, la historia rima: políticas de liberalización, desregulación y concentración del mercado. Desde que gobierna el presidente que clonó a sus perros, los productores cobran menos y el consumo en 2024 fue el más bajo en 18 años. En todos los tiempos se ve la estela del pasado reciente, y en este presente esas huellas están muy visibles.

Milei podrá ser ajeno a la ronda y a los valores del mate, pero deberá mirar lo que pase con su consumo. En este país, cuando todo falta, siempre queda un mate caliente. Y si las compras de yerba repuntan, como pasó  la primera mitad de este año, una pregunta se impone sobre su modelo: ¿El mate crece como infusión o por la falta de alimento? 

DESREGULACIÓN INYM yerbateros

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Un comentario

  1. El mate es una inmundicia, una droga asquerosa de asqueroso olor y peor gusto. Algo típico de los sudacas qué son capaces de consumirla hasta con 40 grados de sensación térmica de tan adictos que son. Nada que provenga del típico Adn argentino es bueno y el mate es el ejemplo más claro. No es bebida, no es comida, no es nada excepto una gran porquería típica de los kukas y de la gente de poco nivel socio cultural (especialmente de los kirchos que son los más adictos excepto Cfk que también lo odia). Milei es crack, ídolo y genio admirado en todo el mundo y por lo general todo lo que hace está bien.

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