“Vos sabés”. Con esa idea en Revista Mate lanzamos durante marzo de 2026 una encuesta a través de Instagram, que durante un mes, respondieron más de 2.000 personas de todas partes de Argentina para saber sobre los precios por gramo, las formas de acceso (dealer, cultivo propio, ONG o asociaciones), los niveles de calidad percibida (alta, media, baja) y variables sociodemográficas como género y lugar de residencia. Con esos datos –y siempre respetando el anonimato– surgió una radiografía federal del mercado actual.
Los datos que recogió la encuesta no se analizaron solos. Jimena Oviedo y Manuel Domínguez, economistas por la UNLP, revisaron el diseño metodológico antes del lanzamiento, procesaron los resultados y produjeron el informe de análisis que es la base de este artículo. Su trabajo convirtió 2.000 respuestas en un mapa de los precios en Argentina.
Qué arrojó la encuesta de precio del gramo en Argentina
La mediana nacional es $10.500, pero el mismo gramo puede salir $4.500 o superar los $20.000 según dónde y a quién se le compre. El promedio responde a la calidad percibida: $12.500 para la alta, $10.500 para la media y $8.500 para la baja. Hay una brecha del 47% entre extremos. Pero la calidad es solo parte de la explicación.
No hay una lógica única: hay circuitos, políticas y urgencias en un mercado donde conviven los permisos que da el Registro del Programa de Cannabis (Reprocann) para ONGs / clubes y el vigente mercado ilegalizado. Siguiendo lo trazado en investigaciones previas, preguntamos sobre tres niveles de calidad (alta-media-baja). Esto nos dio:
- Precio de referencia nacional (mediana): $10.500
- Precio promedio nacional calidad alta: $12.500
- Precio promedio nacional calidad media: $10.500
- Precio promedio nacional calidad baja: $8.500.
La brecha entre calidad alta y baja es del 47%, unos $4.000. Y eso son promedios. La distancia entre el precio más bajo y el más alto en Argentina no se explica solo por qué tan buena es la flor. En el medio (y sin un Estado regulador de la actividad) hay muchas variables: quién vende, dónde, en qué condiciones.
El precio, más que una etiqueta de calidad, es un indicador de cómo circula la planta y las desigualdades que existen en el país.
El canal de acceso
El canal de acceso impone un sobrecosto de entre 21% y 27%: eso es lo que cobra de más el dealer frente a un cultivador o una ONG registrada en Reprocann. Sin contar, que además estas vías evitan el efecto góndola del dealer, que puede ofrecer sustancias al momento del pedido de un gramo.
Por otro lado, y distinto a lo que podía analizarse hace 10 años (por marcar un quiebre importante en las normativas ligadas a cannabis con la ley de cannabis medicinal de 2017), la encuesta devolvió formas de acceso a la planta que antes parecían lejanas. Si bien el mercado ilegalizado (dealers) sigue tomando en el promedio nacional 47,8%, la persona que cultiva llegó a proveer al 37,7%, y casi una de cada 10 personas en Argentina ya obtiene sus flores por el servicio de cultivo de una ONG o club.
Pero además de menor precio, el mercado de cultivadores y ONG o asociaciones asegura en promedio nacional una mejor calidad. Menos intermediarios, menos sobrecosto, más control sobre lo que se consume. No es que desaparezcan las tensiones del mercado y sus aumentos o disputas, pero sí aparecen otras reglas de juego y decisiones políticas de las que abordaremos más adelante en este artículo.
Según el informe de Mate, ONG y asociaciones, incluidos los clubes, reportan la mayor proporción de calidad alta de todos los canales (72,3%) a precios intermedios ($12.500 en mediana para alta), más bajos que el mercado ilegalizado pero levemente superiores al cultivador. Los cultivadores, por su parte, no solo ofrecen los precios más bajos sino también la segunda mayor proporción de calidad alta (46,9%).
El territorio de acceso
Al precio también lo define la variable geográfica, las redes disponibles, algo que en Argentina hace que en un mismo país y con las mismas leyes, haya una brecha de casi el doble si vamos de Ushuaia a La Quiaca.
Siempre según lo que contestaron durante marzo de 2026 más de 2 mil personas: la Patagonia mostró precios superiores a $18.000 pesos el gramo mientras que en el NOA los valores apenas llegaban a $6.000. En el medio, y cada quien puede buscar en el mapa, están otras realidades (y diferentes subsidios de energía eléctrica por parte del Estado).
El acceso según género
Entre los primeros grandes hallazgos de la encuesta 2026, el género marcó también un acceso diferente en cuanto a la calidad de la flor.
La diferencia más significativa entre géneros no está en el precio sino en el tipo de calidad que se accede. Los varones reportaron acceso a calidad alta en mayor proporción (40,9%) que las mujeres (35,7%) y las personas no binarias (29,6%). Estas últimas reportaron la mayor proporción de calidad baja (9,9%), lo que podría estar vinculado a diferencias en las redes de acceso, menor confianza con proveedores o menor disponibilidad de canales de calidad en sus entornos.
Fotos de una película inflacionaria
Tal como contamos en este artículo, y a partir de los informes de Cultitech, entre abril de 2023 y marzo de 2024, el precio del gramo de cannabis en Argentina se movió al ritmo de la inflación, pero no del dólar. Mientras el blue apenas subía un 7% en ese período, el precio en pesos del cannabis prácticamente se duplicaba (+109%), en línea con el IPC.
La foto es bastante nítida: el mercado del cannabis estaba más atado a la dinámica interna —costos, circulación, poder adquisitivo— que a la referencia del dólar paralelo.
En marzo de 2024, un gramo de calidad media costaba $6.300 —el 2,5% de la canasta básica de una persona adulta, o lo que es lo mismo: con el ingreso justo para no ser pobre se compraban unos 40 gramos. Dos años después, ese gramo llegó a $11.364, un aumento del 80%. Parece mucho hasta que se lo compara con la inflación oficial del período: 104%.
En términos reales, el gramo bajó. La canasta básica hoy ronda los $464.228, y la cuenta da casi igual: 41 gramos. Pero entre los números y la realidad hay mucho que puede escaparse.
Cultivar para otros en la economía argentina
Las organizaciones que sostienen tratamientos con cannabis hace años ven costos que suben más rápido de lo que pueden trasladarse a sus asociados, regulaciones que encarecen la producción y una brecha energética que castiga a las provincias. Quien lo describe con precisión es Roxana Aguirre, de Ciencia Sativa y la Federación Argentina de Cannabis y Cáñamo (FACC), que nuclea 24 organizaciones en 10 provincias.
“Cada vez se nos hace más difícil sostener el precio que tenemos”, dice Aguirre a Mate. A los aumentos por inflación las organizaciones sumaron otra variable que vino como decisión del gobierno libertario: ya no pueden tener más que tres predios de cultivo por organización.
“Antes muchas organizaciones trabajábamos en un modelo de pequeños nodos de cultivos entre personas asociadas que nos garantizaba bajo costo y alta seguridad. Ahora debemos tener predios más grandes y más cargados de seguridad. Eso hace que se encarezca todo y sea difícil sostener el precio”, describe Aguirre.
Otra de las nuevas variables en la ecuación desde hace 2 años es contar con una persona designada como directora técnica de cultivo, otra encargada de la parte médica y la obligación de entregar informes de cromatografía de los cultivos cada 6 meses.
“En organizaciones que trabajan con diferentes patologías y precisan diferentes perfiles eso significa entre 20 y 30 cromatografías dos veces por año (cada análisis cuesta unos 40 mil pesos)”, agrega Aguirre y vuelve a un detalle no menor: la energía eléctrica es lo que más presión impone, y hay subsidios muy distintos para CABA, por mencionar uno beneficiado, que el resto.
Finalmente, y otro elemento que no estaba en la escena hasta las leyes de uso medicinal e industrial, es el ingreso de los proyectos de investigación o I+D (por la sigla de Investigación y desarrollo) que suelen ofrecer flores luego de procurar la información que necesitaban. “Eso suele cambiar los precios bastante. Algunas organizaciones han tenido que bajar el precio porque las personas no se estaban asociando. Otras hacen un uso exhaustivo de la planta que también les permite bajar el precio. Hay organizaciones que están haciendo pre-rolls –porros ya armados–. Hay una disparidad de precios muy grande”, agrega Aguirre y completa: “Elaumento de precios afecta al acceso de los pacientes y generalmente lo que hacen es reducir las cantidades. Tratan de sostenerlo, pero pidiendo cada vez menos cantidades”.
Un club que opera hace 3 años en CABA, cuya identidad fue reservada a pedido, explica que la mayoría de elementos que hacen al precio (cerca de $9.000 el gramo) subieron más de lo previsto. Y por encima de lo que pueden pedirse a las personas asociadas que paguen. “Afectó mucho la inflación y la devaluación. Los paneles de luz son importados, los fertilizantes son importados y el costo de las genéticas. No trasladamos todo al precio porque la gente no puede pagarlo”, contaron a Mate y aseguraron que no tocan los precios desde agosto.
Lecturas y una regulación posible
La regulación legal no garantiza que los precios bajen, y los datos de la encuesta lo ilustran. Esa es la lectura de dos economistas que vienen estudiando el mercado del cannabis en Argentina: Rolando García Bernado y Nicolás Rodríguez, vinculados a la Universidad de José C. Paz (UNPAZ) y autores del informe “El otro blanqueo: el impacto del Cannabis en Argentina y cómo regularlo”.
“La teoría indica en el mundo que los precios al legalizar suelen bajar porque se deja de incluir el riesgo como un factor que suma el precio. En el cannabis esa prima de riesgo es algo menor que en otras sustancias, porque se puede cultivar. Pero sigue existiendo y sigue inflando el precio”, dice García Bernado frente a los datos de la encuesta de Mate. Rodríguez, complementa: “La legalización no necesariamente lleva a la baja de precios porque el mercado nuevo depende de muchos factores. Este estudio es una radiografía que explica la necesidad de abordar las particularidades regionales y no quedarse con una política única para el país”.
“El prohibicionismo no elimina el mercado: lo vuelve más caro, más desigual y más opaco para quienes tienen menos herramientas de acceso”, así lo lee en diálogo con Mate Patricio Liddle, economista de la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA).“Que el dealer cobre entre 21% y 27% más que un cultivador refleja el costo extra que impone la clandestinidad”, explica.
Según Liddle, la penalización del uso de cannabis no protege a nadie, ni reduce el consumo, ni mejora las condiciones en las que ocurre. “Lo que hace es sostener un mercado informal más caro, más desigual y menos transparente. Cuando aparecen formas de acceso más directas, asociativas o comunitarias, no sólo baja la intermediación, sino que mejora la calidad relativa del acceso”, dice y completa: “Eso debería ser leído como evidencia a favor de avanzar en reformas que amplíen derechos, descompriman la persecución penal y fortalezcan vías de acceso reguladas, trazables y seguras”.
El precio en el mundo
Si se mira el precio del cannabis solo en dólares y sin cruzarlos con el poder adquisitivo o la línea de la pobreza en otros países, Argentina –con un promedio de 8 dólares– está cerca de lo que pasa en algunos lugares de Estados Unidos y Canadá, donde, con diferencias y mercados mixtos, el promedio de calidad media está entre 7 y 9 dólares. Pero si se compara con sus vecinos más cercanos la diferencia es muy grande. Uruguay, con su sistema regulado, fijó hace poco precios entre 1 a 1,3 dólares por gramo. En países como Colombia o Brasil, dentro de mercados ilegalizados y en vías de regulación, los valores caen un poco más. ¿Qué significan esos números en relación al poder adquisitivo y la línea de la pobreza? Es una buena pregunta para los próximos análisis profesionales de la economía en la región. En especial para quienes buscan legislar el uso de la planta sin chamuyo y con datos.
Reducción de daños
Si conocés a alguien con un consumo problemático existen numerosos espacios y servicios de atención con o sin obra social que pueden asistirte. En Argentina la línea 141 puede conectarte con profesionales las 24 horas los 365 días del año. El sistema de salud público, también por ley, no puede negarte la atención si los buscás. No importa quien seas. Servicios de orientación y asistencia funcionan en otros países de América Latina.








Un comentario
Muy clara la info….