En septiembre, la Legislatura de Misiones eliminó por unanimidad la prohibición del glifosato que ella misma había votado en 2023, y la noticia se leyó en todo el país en clave de yerba mate: imágenes de fumigaciones en yerbales y la advertencia de que la infusión nacional quedaba expuesta a un herbicida que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), de la OMS, clasificó como probablemente cancerígeno. Pero la reforma no cambió nada en los campos. La prohibición nunca llegó a regir: un decreto del gobernador Hugo Passalacqua ya la había postergado hasta 2030, y el glifosato se siguió aplicando en yerbales, tealeras, tabacales y plantaciones forestales. Lo que hizo la Cámara, a instancias del propio Ejecutivo y con el aplauso de las entidades rurales, fue borrar de la ley una fecha que el sector productivo nunca estuvo dispuesto a cumplir.
Esta historia de laberintos parlamentarios comenzó en junio del año 2023. En ese entonces, los diputados Carlos Rovira, Martín Sereno y Marta Ferreira, quien luego se convertiría en la ministra de Agricultura Familiar de Misiones, presentaron el proyecto de la Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos. Principalmente, la iniciativa pretendía incentivar la elaboración provincial de pesticidas y herbicidas amigables con el medio ambiente para llevar adelante una producción agrícola sustentable que fue aprobada por amplia mayoría de la cámara. Pero su séptimo artículo causó el disgusto inmediato entre los dueños de los campos, ya que estableció que en un plazo de dos años se debía eliminar por completo el uso del glifosato, un químico que es utilizado para el control de malezas, en todos los cultivos.
Cuando se acercó el vencimiento, la prohibición no llegó a aplicarse. En agosto de 2024, el decreto 1608 de Passalacqua la postergó cinco años para los productores que acreditaran no tener alternativas y presentaran un plan de transición hacia bioinsumos. Ese plan no avanzó. En agosto de este año, el gobernador ordenó a su bloque derogar el artículo, y la Cámara lo votó por unanimidad.

Mate se comunicó con todos los jefes de bloque de la Legislatura de Misiones para consultarles porqué habían decidido eliminar la prohibición del uso del glifosato, un químico que es dañino para la salud humana por su potencial cancerígeno y por las mutaciones genéticas que produce. El único que contestó fue Cristian Castro, líder de la bancada del Partido Agrario y Social, quien asumió rápidamente que se trataba de una exigencia del sector empresarial de la provincia. “Ellos nos decían que usarían otra cosa, pero que para poder competir necesitaban usar el Roundup”, asegura el legislador sobre el nombre de marca del glifosato desarrollado por la empresa Monsanto y posteriormente adquirida por Bayer.
Si bien Castro dice que su partido promueve la agroecología, también admite que el artículo de la prohibición del glifosato causaba “mucho ruido” entre los empresarios, desde el momento de la sanción de la Ley de Promoción de Producción de Bioinsumos. “Hubo mucho quilombo con la producción del té porque la provincia exporta y, si no usaba glifosato, se perdían los certificados internacionales. Como peligraba la exportación, se decidió por la prórroga porque el único producto que había ni siquiera tenía habilitación nacional. Los productores nos planteaban que esto era un problema muy grande”, dice Castro.
“La ley planteaba el reemplazo de agroquímicos por productos amigables con el medio ambiente. Se derogó el artículo, pero no se trata de promoción del glifosato. Promovemos la producción de bioinsumos y seguimos con la prohibición en ciudades y alrededores. Hubo mucha desinformación en las últimas semanas”, se excusó el legislador provincial. “Hay partidas del presupuesto del Ministerio de Agricultura, del fondo especial tabacalero, para destinar a la producción de bioinsumos”, agrega Castro.
Además, el diputado sostiene que uno de los mayores problemas del uso del glifosato es su mala utilización por parte de los productores, ya que una errónea manipulación del químico resulta extremadamente peligrosa para la salud humana si no se cuentan con los elementos de seguridad correspondientes y no se siguen los protocolos adecuados. Cabe aclarar que los dueños de los campos no son quienes manipulan los químicos, sino sus empleados que en la gran mayoría de los casos se encuentran bajo la informalidad laboral y sus patrones no les entregan los uniformes adecuados ni los capacitan. “Ya cambió bastante. Los que más usan son los tabacaleros y en su momento fue muy indiscriminado. Hoy, la misma Monsanto exige cierta manipulación del Roundup, incluso para el descarte de los bidones que antes hasta se usaban para juntar agua. Las empresas tienen que hacer la recolección”, cuenta. “Yo antes trabajaba en una forestal grande y teníamos la exigencia del descarte de bidones. Antes era un desastre”, agrega Castro.
Glifosato en la yerba mate
En medio del revuelo por el uso del glifosato para los cultivos de yerba mate, el presidente de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones, Edgar Gustavo Hein, dio varias entrevistas a medios nacionales para atenuar la preocupación por la presencia del químico en la infusión emblemática del país. “Últimamente, sobre todo en redes sociales, se ha generado una ola de información falsa que no responde a la realidad respecto de la aplicación de este fitosanitario”, dijo quien también es un productor yerbatero, en diálogo con Perfil. “El glifosato es un herbicida que se usa para el control de malezas en las plantaciones, en las diversas plantaciones, entre ellas la yerba mate. La aplicación del herbicida se da sobre las malezas, no sobre la planta de yerba mate. No existe una aplicación directa sobre la plantación de yerba mate y no existe riesgo de contaminación vía las raíces”, aseguró.
La afirmación del productor yerbatero es falsa. Pero toda gran mentira, siempre carga algo de verdad para simular veracidad. En primer lugar, es cierto que hasta el momento no existe un desarrollo transgénico de la planta Ilex paraguariensis, es decir la yerba mate. Esto significa que no hay una semilla transgénica a la que se le haya agregado la resistencia al glifosato, como si sucede con algunas de las commodities más importantes, como la soja o el trigo a los cuales se los puede fumigar directamente sin afectar al cultivo. Pero lo que plantea Hein es erróneo porque la sustancia se filtra por la tierra y puede introducirse de manera residual a la planta a través de las raíces. “Por una enorme evidencia científica, se sabe que cuando se aplica el glifosato tiene una deriva y sus moléculas pueden viajar varios kilómetros a través del viento y contaminar aguas”, explica Glenda Mangia, secretaria de la Fundación Cultura Ambiental Causa Ecologista (CAUCE). Mate se comunicó con Hein pero no contestó los llamados.

Mangia destaca que una enorme parte de la población se haya alarmado por la presencia del glifosato en la yerba mate. Pero para ella, esta situación tan solo es “la punta del iceberg de una problemática mucho mayor”. “El glifosato no es el único ni el peor herbicida al que estamos expuestos. Es el más conocido. Pero puedo asegurar que hay otros mucho más graves y que la exposición es permanente a través de lo que comemos y respiramos. Lamentablemente, es una situación permanente porque hay un modelo que se basa en el uso de este modelo de producción”, sostiene la nutricionista especializada en dietas sostenibles y de bajo impacto ambiental.
Platos fumigados
Mangia formó parte del estudio Plato Fumigado, junto al abogado ambientalista Fernando Cabaleiro. El último informe realizado en 2024 es uno de los más completos del país sobre la presencia de herbicidas y plaguicidas en los alimentos que se comercializan en Argentina, en el que se analizaron más de 70 frutas y verduras diferentes. Uno de los hallazgos más importantes es que se encontró clorpirifos. “Este insecticida está prohibido hace muchos años en la Argentina. Pero el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) encontró exposición en algunos alimentos”, cuenta Mangia. “En una sola fruta puede haber ocho principios activos que causan diferentes problemas de salud”, agrega.

La secretaria de Cauce explica que la utilización de estos pesticidas, herbicidas e insecticidas responde a un modelo productivo en el que se busca “producir la mayor cantidad de alimento en el menor tiempo posible para sacar más ganancias en un corto plazo”. “En Argentina, lo tenemos desde 1996”, dice Mangia sobre lo que se conoce como la “Revolución Verde” e impulsada por el exgobernador bonaerense Felipe Solá, cuando se desempeñaba como secretario de Agricultura de la Nación bajo la presidencia de Carlos Saúl Menem. “Desde ese momento, la cantidad de elementos transgénicos y la superficie de cultivos crecieron exponencialmente. Nosotros lo llamamos ‘modelo veneno dependiente’ porque los productores tienen que comprar la semilla modificada para que se le pueda aplicar alguna de estas sustancias que también tiene que comprar”, dice Mangia.
Según las estadísticas del Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología (ArgenBio), Argentina ocupa el tercer puesto mundial de extensiones agrícolas transgénicas del mundo con un total de 24.7 millones de hectáreas. Se trata del 13% a nivel global, tan solo superado por Estados Unidos y Brasil, quienes tienen el 37% y 28%, respectivamente, sobre un total de 190,4 millones de hectáreas.
Juicio al Glifosato
En Argentina existe una mega causa judicial contra las principales compañías que comercializan glifosato, entre ellas Bayer, Monsanto y Syngenta, entre varias otras. La demanda se inició en 2012, a partir de los seis casos testigo y gravemente afectados, entre los que se encontraba Fabián Tomassi, un fumigador de la provincia de Entre Ríos que murió en 2018 por la exposición que sufrió al herbicida y que le dañó severamente su salud. El caso llegó hasta la Corte Suprema de Justicia, pero hasta el momento no se resolvió porque los jueces jamás decidieron expedirse. Casi quince años después, la causa solo junta polvo en un archivo del máximo tribunal argentino.



