A comienzos de agosto, la cuenta de Instagram Chill & Safe publicó una “alerta psicoactiva” en la que aseguró que una muestra de tusi procedente de Buenos Aires y analizada en Mar del Plata había arrojado un resultado positivo para fentanilo.
“Esto no significa que todo el tusi contenga fentanilo, pero sí confirma que existen muestras adulteradas”, decía el posteo, que rápidamente alcanzó varios miles de compartidos y comenzó a circular por redes sociales y grupos de WhatsApp. La palabra “confirma” en la publicación de Chill & Safe hizo casi todo el trabajo para que la noticia se viralizara. Sin embargo, la evidencia mostrada no alcanzaba para sostener públicamente esa confirmación.
En el video difundido se observa una prueba rápida DoseTest con una sola línea, el patrón que el dispositivo identifica como positivo. Pero se trata de una grabación editada que no permite reconstruir todo el procedimiento. Y en una mirada detallada del empaque se ve que estaba vencido desde marzo de este año (“Expiry 2026/03”).

Chill & Safe también proporcionó a MATE un segundo video, realizado con una tira de la organización DanceSafe y una nueva preparación. En ese registro aparece una segunda banda tenue que, según las instrucciones de la marca y la evaluación de especialistas consultados, indica un resultado negativo.
La repetición, por lo tanto, no confirmó el primer resultado. Esto no permite descartar que la muestra contuviera fentanilo, pero sí vuelve insostenible presentarlo como un hecho probado.
Las tiras son herramientas valiosas de reducción de daños, dado que pueden advertir sobre la posible presencia de una sustancia extremadamente potente y orientar decisiones de cuidado. Pero un resultado presuntivo no equivale a una confirmación analítica. Para dar ese salto hace falta descartar problemas en la preparación y confirmar el hallazgo mediante una técnica de laboratorio suficientemente sensible.
La diferencia es sustantiva. Cuando se comunica la posible circulación de una droga capaz de producir sobredosis en cantidades muy pequeñas, distinguir entre un indicio y una certeza también es reducción de daños.
Una tira de fentanilo no es un análisis de laboratorio
Las tiras de fentanilo funcionan mediante un inmunoensayo cualitativo. Pueden indicar si una solución produce una reacción compatible con la presencia del opioide por encima de cierto umbral, pero no permiten determinar cuánto contiene la muestra ni reemplazan una identificación química realizada en laboratorio.
Los dos videos muestran procedimientos con limitaciones. En el primero, realizado con un kit DoseTest, no es posible verificar cómo se midió el agua ni si se respetaron los tiempos indicados por el fabricante. El registro está editado y no permite reconstruir de manera continua todo el análisis. El resultado exhibido (una sola línea) debe considerarse, como máximo, un positivo presuntivo.
El segundo video, realizado con una tira DanceSafe, documenta mejor el procedimiento, pero introduce un elemento decisivo: hacia el final se distingue una segunda banda tenue. Imaginario 9, organización uruguaya de reducción de riesgos y daños consultada por MATE, revisó el registro para esta nota y concluyó que la prueba debe interpretarse como negativa. En este tipo de dispositivos, una línea indica un resultado presuntivo positivo y dos líneas, negativo, independientemente de la intensidad de la segunda.
El equipo de Imaginario 9 —que cuenta entre sus integrantes con Matilde Outeda, médica especialista en Microbiología y Laboratorio, y Lucía Galeazzi, magíster en Química— también identificó errores de manipulación e interpretación: se toca la membrana con la mano, la tira se presenta invertida frente al esquema utilizado como referencia y permanece en la solución durante aproximadamente cuatro o cinco segundos, frente a los quince recomendados por DanceSafe.
La preparación también parece apartarse de la dilución recomendada. Por lo que se alcanza a observar, se utiliza demasiada muestra para la cantidad de agua. Esto importa especialmente en una mezcla como el tusi, que puede contener MDMA u otros estimulantes: una solución demasiado concentrada puede generar interferencias y producir un falso positivo. Para reducir ese riesgo, DanceSafe recomienda duplicar la cantidad de agua cuando se analiza MDMA o metanfetamina.
Un estudio publicado en Harm Reduction Journal documentó este fenómeno en tiras de otra marca, que arrojaron falsos positivos a partir de determinadas concentraciones de MDMA. Aunque esos umbrales no pueden trasladarse automáticamente a todos los dispositivos, el hallazgo demuestra que la dilución puede ser decisiva para interpretar correctamente una prueba.
La evidencia disponible, por lo tanto, no muestra dos positivos coincidentes. Muestra un primer resultado presuntivo positivo, realizado con un test vencido y cuyo procedimiento no puede auditarse por completo. La segunda prueba, realizada con otra marca y otra preparación, no reprodujo ese resultado y debe interpretarse como negativa.
La evaluación de Imaginario 9 tampoco demuestra que la muestra no contuviera fentanilo, sino que la segunda tira no lo detectó. La organización aclaró que su análisis se limitó a la interpretación del video y del dispositivo utilizado.
Qué se necesita para confirmar la presencia de fentanilo
La evidencia disponible justifica la sospecha para investigar el caso, no darlo por confirmado.
El primer paso sería preservar una porción de la muestra y repetir el análisis desde el inicio, registrando de manera continua la cantidad de material, el volumen de agua, el tiempo de inmersión y el momento de lectura. Dado que se trata de una mezcla presentada como tusi, debería aplicarse la dilución especial recomendada para productos que podrían contener MDMA.
Si una nueva tira volviera a arrojar un positivo bajo esas condiciones, el indicio tendría mayor solidez. Aun así, sería necesario enviar el material a un laboratorio capaz de separar sus componentes e identificar fentanilo en concentraciones muy bajas.
Camilo Obregón, integrante de Reduciendo Daño Chile, explicó a MATE que los métodos utilizados habitualmente para analizar sustancias —como reactivos colorimétricos, cromatografía en capa fina o algunos equipos de infrarrojo— pueden ser insuficientes para detectar trazas de fentanilo dentro de una mezcla dominada por ketamina, MDMA, cafeína y colorantes.
“Para afirmar que hay fentanilo se necesita una técnica con espectrometría de masas, un método que tenga la sensibilidad adecuada y, preferentemente, un estándar de referencia. Con una tira se puede levantar una sospecha, pero no confirmar la composición de una muestra así de compleja”, sostuvo.
La cuantificación es fundamental. Incluso si el laboratorio confirmara la presencia de fentanilo, todavía habría que determinar en qué concentración apareció, si estaba distribuido de manera homogénea y si el hallazgo se repite en muestras vinculadas.
Detectar una cantidad traza podría indicar contaminación cruzada durante la manipulación, aunque no necesariamente significaría un riesgo despreciable. Encontrar una concentración farmacológicamente relevante plantearía otro escenario. Y comprobar el hallazgo en varias muestras relacionadas permitiría determinar si se trata de un episodio aislado o de un patrón localizado.
Por otro lado, también existe una diferencia entre detectar una sustancia y demostrar que fue utilizada como adulterante. Si bien la presencia puede comprobarse químicamente, afirmar que fue agregada deliberadamente exige información adicional sobre el origen y la preparación del producto.

¿Es probable encontrar fentanilo en el tusi?
El tusi no es una sustancia con una fórmula definida. Es un producto del mercado ilegal cuya composición cambia entre muestras y que, pese a su presentación frecuentemente rosada, rara vez contiene cocaína o 2C-B como componente principal.
Entre 2020 y 2024, la organización Energy Control analizó 470 muestras entregadas como tusi en España. Encontró 36 sustancias diferentes: la ketamina apareció en el 93,2%, la MDMA en el 92,1% y la cafeína en el 49,1%. El fentanilo no fue reportado entre los componentes identificados, aunque el estudio no estaba diseñado específicamente para vigilar su presencia y no todas las muestras fueron analizadas mediante técnicas instrumentales con la misma sensibilidad. El informe sí ofrece evidencia sólida sobre la composición habitual del tusi, señalando que 412 de las 470 muestras contenían la combinación de ketamina y MDMA.
En Colombia, Échele Cabeza publicó en 2023 un relevamiento que analizó 15 muestras mediante tiras de fentanilo, reactivos colorimétricos y cromatografía en capa fina. Ninguna dio positivo para el opioide. La organización aclaró que sus resultados no permitían descartar casos aislados, pero sí cuestionaban las narrativas que presentaban al fentanilo como un componente frecuente del tusi.
Imaginario 9 no incorporó hasta ahora la detección de fentanilo a sus análisis habituales. La selección de sustancias y posibles adulterantes parte de su monitoreo del mercado uruguayo y regional, y la organización señaló que no cuenta con evidencia de que el fentanilo esté siendo utilizado como adulterante. De todos modos, está considerando sumar próximamente este tipo de pruebas.
De todas maneras, estos antecedentes no prueban que sea imposible encontrarlo en Buenos Aires. Los mercados son locales, dinámicos y opacos. Puede existir una preparación excepcional, una contaminación cruzada o incluso alguien dispuesto a comercializar deliberadamente una combinación extremadamente riesgosa. Pero no hay evidencia disponible de que se trate de una tendencia regional.
“Siempre puede existir alguna excepción, pero no parece una tendencia del mercado. Si el tusi contuviera fentanilo de manera extendida y en dosis relevantes, probablemente ya estaríamos observando intoxicaciones compatibles con opioides, porque no somos países con una población acostumbrada a consumirlos y el tusi suele usarse de manera repetida”, explicó Camilo.
La ausencia de un patrón conocido de intoxicaciones por opioides asociadas al tusi debilita la hipótesis de una circulación extendida, aunque no permite descartar muestras aisladas, concentraciones variables o casos subregistrados. Tampoco resulta evidente la ventaja comercial de agregar fentanilo a un producto asociado principalmente con efectos disociativos y estimulantes. Esa lógica de mercado no vuelve imposible el hallazgo, sino que refuerza la necesidad de confirmarlo.
Las consecuencias de comunicar mal un riesgo
Frente a una sustancia potencialmente letal, el impulso de alertar primero y verificar después puede parecer precautorio. Pero las alertas de salud pública también producen consecuencias. Hasta el cierre de este artículo, Chill and Safe no respondió a las preguntas de MATE.
Presentar una prueba presuntiva como una confirmación puede generar pánico, erosionar la confianza en futuros avisos y eclipsar información de cuidado más precisa. En el contexto argentino, además, el fentanilo ya funciona como una amenaza de enorme potencia política y mediática, una narrativa fácilmente utilizada para justificar más persecución, más vigilancia y mayores penas.
Esto no significa ocultar indicios para evitar su apropiación por parte de discursos punitivos. Significa comunicar con precisión qué se encontró, cómo se analizó y qué grado de certeza existe. También implica considerar qué respuesta institucional puede activar una alerta, ya que ante evidencia débil, el miedo puede crecer mucho más rápido que la información útil para cuidarse.
La práctica de Imaginario 9 ofrece un modelo posible. La organización no emite alertas de manera directa, pero cuando detecta una sustancia desconocida o potencialmente peligrosa, remite la muestra al laboratorio del Instituto Técnico Forense a través del Observatorio Uruguayo de Drogas. Una vez confirmado el resultado, la información puede ser publicada por el Sistema de Alerta Temprana de Uruguay, del que Imaginario 9 forma parte.
Una política orientada a la salud respondería a la señal surgida en Buenos Aires buscando la muestra, repitiendo el análisis, ofreciendo resultados transparentes y distribuyendo herramientas de cuidado. Una política orientada a la guerra contra las drogas puede utilizar la misma sospecha para intensificar la criminalización sin ofrecer a las personas usuarias ninguna posibilidad real de saber qué están consumiendo.
Ese es el problema de fondo. En Argentina no existe un servicio público estable, gratuito, anónimo y accesible de análisis de sustancias. Las organizaciones comunitarias trabajan con recursos limitados y las personas usuarias deben tomar decisiones dentro de un mercado ilegal sin controles de calidad, información confiable ni acceso regular a insumos como las tiras de fentanilo.
Por lo tanto, la variabilidad del tusi no es producto de una falla moral de quienes lo consumen, sino una consecuencia directa y previsible de la prohibición.
Con la información disponible, la formulación responsable es menos espectacular, pero más precisa: un primer test rápido mostró un resultado compatible con un positivo presuntivo, mientras que una segunda prueba de otra marca exhibió una banda tenue que especialistas interpretaron como negativa. Los registros justifican repetir el análisis y buscar una confirmación de laboratorio, pero no permiten afirmar que circula tusi adulterado con fentanilo en Buenos Aires.
Eso no impide reforzar cuidados. El tusi continúa siendo una mezcla de composición impredecible, por lo que conviene evitar consumir en soledad, comenzar con una cantidad baja —sabiendo que una dosis de prueba no garantiza que el resto tenga la misma composición—, esperar antes de repetir y no combinarlo con alcohol u otros depresores. Si se dispone de naloxona, es recomendable tenerla a mano y que otra persona sepa administrarla. Ante una pérdida de conciencia o una respiración lenta o ausente, debe pedirse asistencia de emergencia inmediatamente.
La reducción de daños exige advertir cuando aparece un peligro. Y también exige reconocer cuándo la evidencia todavía no permite saber si ese peligro está realmente allí.



