Días atrás, la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME) emitió la primera resolución del país que fija las reglas para la producción del cáñamo con fines hortícolas en la Argentina. Es decir, las inflorescencias, biomasa y materia vegetal de la planta Cannabis Sativa L., con un nivel máximo de 1% de THC y que, además de la producción y exportación de la flor, permite elaborar un sinfín de derivados para usos medicinales, cosméticos, veterinarios, industriales y nutricionales, como así también para la investigación científica.
La resolución 69/2026 lleva la firma del interventor del ente regulador, Ignacio Ferrari, fue publicada en el Boletín Oficial el pasado jueves 3 de septiembre y estableció el tipo de licencias que ya pueden solicitarse, como así también sus costos. Entre ellas, se encuentran la de Producción Agrícola, que se refiere desde la siembra de las plantas, empaquetado de la cosecha y la comercialización de la misma; Elaboración de Derivados, que contempla el procesamiento industrial de la materia prima; Servicios Conexos, para que terceros ofrezcan servicios de cosecha, secado o almacenamiento; y Comercio Exterior, con el fin de que compañías específicas se dediquen a la exportación e importación de la producción. La nueva normativa no habilita el comercio interno de las flores ricas en CBD.
En cuanto a los precios de las licencias, todas tienen un costo de $150.000 para su evaluación. Luego, la de Producción Agrícola tiene un valor adicional de $2.500.000 para el otorgamiento y $1.250.000 de validación anual. Mientras que para obtener la de Comercio Exterior se deberá abonar $3.000.000 para el otorgamiento y $1.500.000 de validación anual. Por último, tanto para los permisos de Elaboración de Derivados, como para Servicios Conexos, se fijaron $2.000.000 para el otorgamiento y $1.000.000 de validación anual. Según establece el Anexo II de la Resolución N° 69/2026, aquellos que tengan autorizaciones previas gozarán del beneficio del 50% de descuento para adecuarse al nuevo régimen. Además, los organismos nacionales y las universidades públicas podrán solicitar las licencias de forma gratuita.
Aquellos interesados en solicitar alguna de las licencias para la industria del cáñamo con fines hortícolas deberán iniciar la solicitud mediante la plataforma de Trámites a Distancia (TAD) y cumplir una serie de requisitos. Entre algunos de los más importantes se deberá contar con un certificado de Buenas Prácticas Agrícolas (ISO/IEC 17065) o presentar un plano de implementación en un plazo máximo de dos años. La norma también establece que se deberá contar con una infraestructura física y operativa, planes anuales de producción, y seguridad e identificación de genéticas a utilizar.
Las licencias tendrán una vigencia de cinco años y para no perderlas la ARICCAME estableció que durante el mes de mayo se deberá presentar la declaración jurada del stock por lote y entre el 1 de septiembre y 31 de octubre habrá que realizar el pago de la validación anual. Además, se prevé que la agencia regulatoria fiscalice celosamente los límites de THC de las inflorescencias. En caso que no supere el 1%, la producción estará aprobada, y entre el 1,01% y 2,5% del cannabinoide mencionado se considerará como un margen administrativo que no será sancionado, pero la cosecha quedará inmovilizada hasta que la compañía presente un informe sobre los motivos por los cuales se excedieron los límites establecidos. Ahora bien, cuando se encuentre por encima del 2,5% de THC, será considerado como una grave infracción en la que se puede disponer la destrucción de la materia vegetal, apertura de un sumario administrativo y eventuales acciones penales.
La mayor controversia de la resolución radica en que el organismo estableció que la única forma en la que desarrollará el cáñamo con fines hortícolas es a partir de la producción en condiciones protegidas y que “en ningún caso se podrá realizarse el cultivo en ambientes abiertos”. Es decir, tan solo se permitirá sembrar plantas en ambientes protegidos (invernaderos o estructuras equivalentes), lo que repercute directamente en una elevación de los costos del proyecto y en el precio final de comercialización.
Cuestionamientos a la ARICCAME
Una de las críticas más fuertes a la nueva resolución de la ARICCAME provino de la Cámara de la Industria del Cannabis y el Cáñamo (CAINCCA). “Desde la perspectiva de modelo de negocios, se queda completamente corta y fuera de tiempo porque prohíbe los cultivos a cielo abierto”, asegura Alejandro Mancuso, secretario de CAINCCA, en relación a la oportunidad comercial que puede representar la venta de biomasa al mercado internacional.
“En Estados Unidos, hay cientos de miles de productos derivados del CBD y ellos están desesperados buscando productos de bajo costo para insertarlo en sus góndolas. Entonces, buscan extensiones de cultivo que no se les haya invertido mucho y lo compran para hacer las extracciones que después van a terminar en derivados como gomitas, bebidas y galletitas, entre varios otros”, explica en diálogo con la Revista Mate. “Esta resolución restringe y deja afuera un modelo de negocios importantísimo”, remata.

Según entiende el secretario de CAINCCA, consultor de diferentes proyectos industriales de cannabis y dueño de Botanicanns, la resolución de ARICCAME responde a un modelo de negocios en el que los productores de cáñamo con fines hortícolas puedan venderles las flores a laboratorios con capacidad de hacer extracciones que después sean comercializadas para la elaboración de derivados. “Para que los laboratorios quieran comprar hay que ofrecer una flor muy barata. Entonces, como modelo de negocios no es real. Al permitir tan solo el cultivo en invernaderos de interior, se elevan los costos y se restringe que solamente se pueda ofrecerlo a mercados como el suizo”, cuenta Mancuso sobre una decisión regulatoria a la que no le encuentra “una explicación lógica y coherente”.
“Paradójicamente, es el mismo sistema que implementa con Kender, la empresa que Ferrari tiene junto a su hermano Nicolás en Uruguay”, agrega.
“Tenemos un mercado interno considerable y entiendo que puedan existir laboratorios capaces de hacer extracciones de amplio espectro o aislados de CBD. Argentina tiene un potencial interesante, pero prohibir cultivar en exterior es el mayor tiro en el pie”, dice Mancuso.
“Es una buena noticia”
“Gobernar no es hacer lo que uno quiera, es hacer lo que se puede”. La frase es del expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica” y fue dicha en 2018, durante una charla en la Universidad Nacional de La Rioja. El otrora tupamaro se refería a que, cuando se llega al poder, se encuentran una infinidad de resistencias que sortear para llevar adelante las medidas deseadas. Esto mismo es lo que piensa Gabriel Giménez, quien fue Director Nacional de Articulación Federal del Instituto Nacional de Semillas (INASE) durante la pasada gestión ejecutiva y una de las personas que más trabajó en el país para dar los primeros marcos regulatorios dentro de la industria del cannabis en el país a partir de las inscripciones de variedades. “A la resolución hay que verla caminar, pero en principio siempre es positivo que exista”, sostiene ante las preguntas de Revista Mate uno de los primeros directores del ARICCAME hasta su intervención dispuesta por el presidente Javier Milei y la designación de Ferrari.
“La última resolución de cáñamo cumple en tiempo y forma lo que había anticipado en su segunda intervención. Tiene resuelta la segunda etapa y la plantea para ponerla operativa. En cuanto a las condiciones controladas significa un paso hacia adelante. Esto es para los grandes proyectos y se apunta al sector farmacológico o exportar CBD a Europa. Entramos a competirle a Uruguay y a disputar el mercado brasileño que tiene 270 millones de habitantes y sus sectores medios fuman CBD”, cuenta Giménez, quien en la actualidad se dedica al sector privado del cannabis como consultor de diferentes proyectos industriales, tanto en Argentina, como en Latinoamérica.

Por otra parte, Giménez considera que “siempre hay trabas” y que la nueva resolución de la ARICCAME “es una señal al mercado internacional”. “Hay que trabajar en una normativa del Mercosur para el CBD”, dice Giménez y luego explica: “Argentina y Uruguay establecieron un límite de 1% de THC para el cáñamo; Paraguay, 0,5%; y Brasil, 0,3%. Europa va en camino al 1%. Estados Unidos también va a querer normativas superiores. Entonces, desde el punto de vista de Argentina, es un desafío ver qué sucede. Es la primera licencia en flor que tenemos y que se hable de biomasa, que es un negocio agropecuario interesante y demanda internacional, es una buena noticia”, celebra el exdirector del INASE.
El modelo uruguayo
Un punto clave a considerar sobre todas las regulaciones del cannabis es que se debe tener en cuenta que todas son “excepciones”. Este término fue el recurso técnico y jurídico que se encontró para no entrar en conflicto con las poderosas normativas de estupefacientes que tienen una absoluta perspectiva punitivista en relación al cannabis y a todas las sustancias prohibidas. Así sucedió con la Ley de Cannabis Medicinal en Argentina con los permisos “de excepción” que empezó a brindar el Estado Nacional. Esto mismo también fue lo que pasó en Uruguay, el verdadero pionero del mundo en tomar la decisión de animarse a regular legalmente la planta.
“La ley de 2013 hizo una gran diferenciación del uso medicinal, recreativo e industrial. En aquel entonces, nadie puso en uso adulto a la flor de CBD porque nunca se pensó alguien quisiera consumirla. Se la llamó ‘uso no psicoactivo’. Mirá lo loco de la época”, recuerda Sergio Vázquez, jefe del departamento de asesoría técnica de la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay (MGAP). Esta cartera fue la que se encargó de poner en marcha al cáñamo en el país vecino y Vázquez es uno de los principales responsables.
“Se daba la particularidad que la flor de cáñamo no podía destinarse al mercado interno por disposición de los organismos de salud pública y en el MGAP sabíamos que en Europa lo consumían a mansalva. Hicimos un relevamiento normativo de cada país sobre los límites de THC. Nosotros teníamos un máximo de 1% y adecuamos los procedimientos internos para empezar a exportar”, cuenta Vázquez, en diálogo con Revista Mate.
El funcionario uruguayo revela que, el año pasado, se exportaron siete toneladas de flores de cáñamo que representaron unos ingresos superiores a US$5.000.000. En lo transcurrido de este 2026, el país vecino ya comercializó la misma cantidad. “La idea es seguir creciendo, pero tenemos que solucionar algunos problemas logísticos”, dice Vázquez sobre la actual restricción europea del 0,3% de THC. “Es peligroso sobrevolar el continente para llegar al destino final, que es Suiza, que acepta hasta el 1%. Pueden retenerlo en cualquier momento”, cuenta. El funcionario agrega que también se están comercializando extractos de espectro completo con presentaciones que llegan hasta el 20% de CBD y que ya están enviándose al mercado brasileño. “Brasil está mirando a los países de la región. Lo curioso e interesante es que una asociación de ellos tiene 100 mil pacientes, ¡es un disparate! Una asociación es una ciudad”.

Por otra parte, Vázquez cuenta que en Uruguay existe la posibilidad de cultivar a cielo abierto. “En indoor, nadie hace nada con el cáñamo. La industria farmacéutica nuestra no tiene materia prima e importamos los aislados de CBD y nadie va a hacer biomasa en condiciones de interior porque queda carísimo”, cuenta. Luego, dice que “el desafío del cultivo de exterior es que cumpla con los requisitos de la farmacopea y esto implica una cuestión técnica que se puede cumplir. Se encuentra en una buena decisión de siembra, medidas de manejo para que no haya hongos. Hay plantaciones de exterior que pasan los exámenes”.
En cuanto a la restricción argentina de permitir solamente los cultivos de cáñamo con fines hortícola en condiciones controladas, Vázquez no considera que sea una mala decisión en sí misma. “Se están cubriendo”, asegura. Entonces, explica que “si se permite el cultivo en exterior y después no se cumplen los parámetros microbiológicos, el producto no tiene salida”. Dicho de otra manera: “el productor con grandes cantidades de flores no lo va a poder vender y la salida es que salga por el mercado negro. Eso es riesgoso”, sostiene.



