Yerba mate agroecológica: “Revivimos una hectárea de suelo muerto”

yerba mate agroecológica en misiones suelo muerto
¿Cuáles son las diferencias ambientales, sociales y económicas que tiene el cultivo agroforestal de yerba mate en comparación con el convencional? En un contexto de cambio climático, desregulación del mercado y concentración de la industria yerbatera visitamos Piel de Timbó, una chacra con certificación agroecológica donde se cultiva yerba bajo sombra en Salto Encantado, Misiones.

Seco, resquebrajado, y apelmazado. Con raíces desnudas expuestas a temperaturas extremas. Sin pasto, insectos, bacterias, ni hongos benéficos. Sin vida. Así se ve el suelo en la mayoría de los yerbales de Misiones. Una tierra exhausta: erosionada y empobrecida por años de labranza intensiva y un modelo con agrotóxicos. 

El monocultivo se basa en la siembra de una sola especie en grandes extensiones, sin rotación y sin cobertura vegetal. En este caso, kilómetros de prolijas filas de Ilex paraguariensis, el árbol de la yerba mate. Un modelo extractivo, que empobrece el suelo y el bolsillo de los productores. 

Las aguas bajan turbias, como en la película de 1952 dirigida por Hugo del Carril. Pero los arroyos ya no se enrojecen por la sangre de los trabajadores explotados en los yerbales, sino por el color de una tierra sin capacidad de absorción, que se lava con cada lluvia. Lo que alguna vez fue monte y biodiversidad hoy es tierra roja arrasada. La inversión en fertilizantes y herbicidas dolarizados se vuelve cada vez más necesaria para sostener el rendimiento en una tierra que ya no rinde. 

Como alternativa aparece el cultivo agroforestal para la producción de yerba agroecológica, basado en la imitación de los procesos naturales y la convivencia con árboles y vegetación nativa. A pasos del Parque Provincial Salto Encantado se encuentra Piel de Timbó. Una chacra agroecológica de cinco hectáreas inmersa en la selva misionera. Fernando, nuestro entrevistado, y Marina tienen allí su emprendimiento familiar, aplicando un modelo sustentable y de base comunitaria.

Las contradicciones de la vida urbana y el deseo de tener una experiencia de vida rural los llevó a emigrar desde Buenos Aires en 2015. Aunque siempre estuvo conectado con la naturaleza, Fernando Puzzo heredó el amor por la huerta de su padre emigrado de Italia. En 2001 inició un viaje por Latinoamérica donde conoció de primera mano la agroecología y los miles de años que tiene en este continente. Los diagnósticos de la crisis climática abundan, pero “solo en la acción hay esperanza”, dice el estado de Whatsapp de Puzzo. 

La acción de Piel de Timbó tomó impulso colectivo cuando se sumó a Somos red, un espacio del que participan productores/as, asociaciones civiles, cooperativas y comunidades Mbya Guaraní entre otros actores. Sus integrantes articulan con el sector público y privado para generar empleo y apoyar emprendimientos sostenibles en la selva paranaense, especialmente entre jóvenes, mujeres y familias vulnerables, a través de la economía circular.

La situación de la producción yerbatera convencional en Misiones cuenta una historia que se repite: por la pérdida de rentabilidad y el desamparo regulatorio comenzaron a verse cada vez más chacras en venta. Como pasó en los 90, vuelve la concentración del suelo productivo en manos de pocas empresas y la agricultura familiar queda desplazada por el modelo forestal basado en capitales extranjeros. 

La yerba mate es el cultivo industrial con mayor cantidad de explotaciones agropecuarias, es decir: menor concentración de la tierra. La mayoría son pequeños y medianos productores que sostienen sus chacras en familia. Dependen de la venta de hoja verde —materia prima de la yerba— a la industria molinera concentrada, quienes tienen el poder para fijar condiciones en el mercado. Con la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el organismo estatal que fijaba precios mínimos, la relación con sus principales compradores se volvió aún más desigual. 

Un informe elaborado en enero de 2025 por la Subsecretaría de Desarrollo y Producción Vegetal del Ministerio del Agro de Misiones analizó la rentabilidad de la producción orgánica y convencional de yerba mate en la provincia. El precio de venta diferencial es un dato que sobresale: en el modelo convencional los costos superan los ingresos, generando un margen negativo del -18%, pero la producción orgánica tiene costos operativos menores y un margen positivo del 21%.

Pero transicionar hacia un sistema agroforestal no es simple. La piel o corteza del Timbó es rugosa y surcada. Como cicatrices que aparecen con el paso del tiempo. Para Fernando y Marina, esas cicatrices son una metáfora que simboliza las dificultades que tuvieron y tienen que seguir atravesando en la transición hacia un modelo alternativo al monocultivo. En esta entrevista vamos a profundizar en el proceso, los beneficios y desafíos que implica sostener este proyecto.

Guillermina Ferraris: ¿Qué es Piel de Timbó?

Fernando Puzzo: Es un espacio de cinco hectáreas donde, por lo menos, dos y media son de monte nativo que no tocamos. Es la zona de amortiguación del parque Salto Encantado, que tiene 13.000 hectáreas de bosque. Acá convivimos con todos los árboles nativos. Cuando compramos la tierra en 2008 estaba muy castigada porque venía de un cultivo convencional de yerba mate con mucha aplicación de agroquímicos. Nosotros la dejamos descansar desde 2008 hasta 2015, que empezamos a recuperar el yerbal y a sacarle enredaderas. Queríamos producir en una escala familiar con excedentes. Al principio tuvimos que dimensionar el espacio y aprender a organizarnos. Con el tiempo fuimos conociendo gente misionera que nos fue enseñando mucho.

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Parque Provincial Salto Encantado – Leandro Kibisz

G.F: ¿Qué están haciendo ahora?

F.P: Tenemos un hospedaje que abrimos en diciembre del 2018 como otra forma de ingreso. Recuperamos el yerbal y sostenemos una huerta familiar de hortalizas para autoconsumo. Tenemos producción de huevos para nosotros y con excedentes. No buscamos que sea un negocio, podemos decir que todavía son gallinas felices que tienen patios de pastoreo. También producimos carne de pollo para autoconsumo y hacemos apicultura y meliponicultura, que se hace con las meliponas, unas abejas nativas de acá que producen una miel de uso medicinal.  Hace unos años, cuando no había tanta sequía, producíamos hortalizas en la chacra y las vendíamos al restaurante del Parque Salto Encantado. Durante el año tenemos producción anual de maíz, mandioca, cúrcuma. Un poco de todo.

G.F: ¿Cuál es la forma de cultivo que predomina en Misiones para la yerba mate?

F.P: Predomina el monocultivo convencional. Hectáreas donde solamente hay plantas de yerba. Se ve la tierra roja, está al descubierto y mantenida con herbicidas. En el mejor de los casos, se aplican una vez por año. En el más común de los casos, dos o tres veces por año, mínimo.

G.F: ¿Por qué se opta por la aplicación de herbicidas? 

F.P: Porque se ahorra en mano de obra. Se necesita una sola persona para aplicar el herbicida y se mantiene por más tiempo. Sino habría que pasar una motoguadaña cada tanto. Además se fue generando una cuestión cultural con el tiempo. El cultivo con herbicida se asocia a la limpieza, el trabajo se asocia con la ausencia de yuyos o pastos. Un yerbal bajo sombra o con sistema agroforestal, para algunos, está sucio. Entonces primero necesitamos un cambio de concepción cultural. Y después hay distintos mitos que hacen que la gente no quiera transicionar a un sistema no convencional.

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Fernando Puzzo con su chacra de fondo.

G.F: ¿Cómo cuáles? 

F.P: Por ejemplo, un mito común es que la hoja de yerba cultivada de forma agroforestal pierde peso. La UNaM (Universidad Nacional de Misiones) hizo un estudio  entre 2020 y 2021 para evaluar la productividad en sistemas con y sin cobertura forestal y para eso comparó 10 tipos de cultivos, incluyendo yerba mate en monocultivo y en sistemas agroforestales (con árboles como lapacho, anchico, etc.). Los investigadores analizaron datos de cosechas y concluyeron que no hubo diferencias significativas en peso de hoja verde ni seca entre los tratamientos, desmintiendo la idea de que los árboles “roban nutrientes” o que este cultivo “pierde rendimiento”.

“Esta tierra no sirve más. No produce nada. Pongo maíz, no anda, ponga lo que ponga no funciona’, nos dijo el vendedor. La compramos igual y empezamos a recuperarla con paciencia. Hoy en día crece absolutamente todo lo que se te ocurra ahí”.

G.F: El cultivo convencional a largo plazo, ¿tiene un impacto en el rendimiento?

F.P: Sí, porque las plantas cada vez producen menos y se van muriendo. Un yerbal que podría durar 80 años, dura la mitad de tiempo. Nosotros compramos primero tres hectáreas y después compramos una más que nos vendió el vecino, pero nos advirtió que en esa tierra no crecía nada. “Esta tierra no sirve más. No produce nada. Pongo maíz, no anda, ponga lo que ponga no funciona”, nos dijo. La compramos igual y empezamos a recuperarla con paciencia. Primero la dejamos descansar 2 años y después empezamos a hacer otro tipo de manejo. Hoy en día crece absolutamente todo lo que se te ocurra ahí. Pero es un cambio de mentalidad. Actualmente hay un empobrecimiento y el productor se da cuenta que hay zonas que ya no producen. 

G.F: En un contexto de cambio climático marcado por fenómenos como La Niña (sequías prolongadas) y El Niño (mucha lluvia en poco tiempo). ¿Qué impacto ambiental tiene el cultivo convencional y cómo están los suelos hoy en Misiones? 

F.P: En un yerbal convencional el primer impacto es la erosión del suelo. Cae mucha de agua en poco tiempo y lava los suelos, saca toda la materia orgánica que da fertilidad. Cuando vemos los arroyos con agua color rojo, es el suelo que está perdiendo nutrientes y microorganismos. Las raíces de las plantas quedan descubiertas y con el calor cada vez más fuerte, no queda vida en el suelo. Se cocina. Los microorganismos no resisten. Además, la aplicación de agroquímicos genera una pérdida de la salud de la planta y una disminución de las defensas habituales. En los cultivos se ve que la planta está muy castigada. Y cuando se pretende sostener el rinde o la productividad de esta forma, se genera una dependencia al paquete tecnológico de químicos, que está a valor dólar porque viene de afuera. 

G.F: ¿En que se basa el modelo agroforestal que implementan en Piel de Timbó?

F.P: Se basa justamente en observar y entender cómo funciona la naturaleza para después poder imitarla. Si uno presta atención se da cuenta de que hay distintos individuos que tienen distintas funciones. Acá en Misiones la cultura guaraní tenía y tiene todavía una dinámica nómade que se basa en tumbar los árboles para usar ese espacio y después de un tiempo trasladarse. Cuando se trasladaban, dejaban que vuelva a regenerarse el suelo para que crezcan los árboles de madera blanda que son los árboles pioneros. Son los que van generando sombra y biomasa al perder las hojas. 

G.F: ¿Por qué es necesaria esa biomasa en el suelo?

F.P: Esa biomasa genera microorganismos que aportan vida al suelo y ahí aparecen los árboles de madera dura, como el Ciribí o el Loro negro. Los majestuosos, los emergentes, los de madera dura que más se han talado en los bosques, no van a crecer si no están los pioneros que les hacen sombra. Se da una sucesión de árboles que se van muriendo o van dejando sus gajos y sus hojas para generar la fertilidad del suelo. Se trata de una asociación de cultivos que además le aportan biodiversidad, no solamente vegetal, sino animal.

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Yerbal bajo sombra en Piel de Timbó.

 G.F: ¿Qué beneficios trae este modelo productivo?

F.P: El sistema agroforestal que yo conozco viene de Brasil, de distintas investigaciones que buscaban regenerar rápidamente chacras que han perdido la vida del suelo. En este contexto de cambio climático el sistema agroforestal te permite conservar la subsistencia de los cultivos y hacer que por lo menos algunos que son más resistentes como la mandioca, la cúrcuma, subsistan y produzcan. 

“Y es un cambio integral, porque también hay indicadores sociales. Vos no podés tener gente en explotación laboral y estar certificado agroecológico”.

G.F: Contanos un poco cómo fue la transición hacia el modelo agroecológico.

F.P: Cuando arrancamos nos sumamos a la certificación agroecológica participativa, un proceso que inició en 2019. Es un sistema similar a la certificación orgánica pero en ese caso una misma chacra puede tener zonas donde se aplican agroquímicos y zonas donde no. En una certificación agroecológica se va hacia la certificación de toda la chacra. Y es un cambio integral, porque también hay indicadores sociales. Vos no podés tener gente en explotación laboral y estar certificado agroecológico. Es un proceso que pondera lo asociativo. Se tiene en cuenta que quien viene a cosechar la yerba es alguien que es parte del proceso de producción y es un factor fundamental que cuida la planta. Si yo cuido a la persona, ella va a cuidar la planta y es parte del proceso, es mucho más integral. No es alguien que viene y yo trato de pagarle lo menos posible.

G.F: ¿Cuáles fueron los desafíos de encarar esa transición?

F.P: Acá en Misiones uno de los desafíos para los sistemas que no usamos veneno son las hormigas. Pero cuando las reinas están poniendo huevos y creando nidos, buscan la tierra descubierta. Cuanto más tengamos la tierra cubierta o con grama que cortamos con motoguadaña o con cobertura natural, mejor controlamos a las hormigas. La transición es el periodo más complicado porque no estás aplicando agroquímicos y la tierra todavía no tiene los tres o cinco años que necesita. Cuando dejás de aplicar agroquímicos en un cultivo, no se vuelve  agroecológico u orgánico. Tenés que dejar pasar un tiempo para que se regenere la vida.

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Cultivo en suelo con cobertura.

G.F: Y en ese sentido, ¿por qué el cultivo de yerba es fácilmente transicionable? 

F.P: Porque es una planta nativa que está adaptada a este clima y a este suelo. Y porque no tiene grandes dificultades para adaptarse. Pero a la vez, requiere de un cambio de práctica productiva que es muy difícil de hacer de manera individual y aislada. Nosotros en 2020 empezamos a hacer talleres de biopreparados para resolver distintas problemáticas: hongos, ácaros, insectos, fertilización. Pero después nos dimos cuenta de que era una tarea más para el productor. Ahí armamos este esquema de Somos Red y pensamos ¿por qué no generamos trabajo en biofábricas de cercanía y generar estos abonos? Y estos abonos son necesarios para la transición, para el momento de empezar a plantar árboles, lo ideal es que sean mínimo ocho especies diferentes en un yerbal. En resumen: es un paradigma distinto.

G.F: ¿Por qué crees que otros productores no están encarando esta transición hoy? 

F.P: Porque falta acompañamiento. Falta apoyo. Varias de las personas que integramos la Red venimos de experiencias de gestión concretas. El caso de mi compañera es en el estado, fue directora de políticas ambientales en Morón y pudo crear una reserva urbana, hacer un área de producción agroecológica. Yo vengo de experiencias de gestión en asociaciones civiles. Y nos asociamos con productores. Aprendemos la parte productiva y nos vamos retroalimentando, se da una sinergia. Pero esa conformación no está en todos todos lados. Por otro lado, antes del cambio de gobierno teníamos cinco proyectos aprobados en los distintos emprendimientos para recibir aportes no reembolsables (ANR). Ya estaban aprobados para hacer la transferencia del pago a distintas asociaciones de la Red. Y eso nunca llegó.

G.F: ¿Qué diferencias trae el modelo agroforestal para el producto en términos ambientales, sociales y económicos? ¿Mejora la calidad del producto final? 

F.P: Hay que entenderlo en su integralidad. Para nosotros tiene un diferencial en todo sentido: porque el sistema socialmente es diferente. Busca generar arraigo de las comunidades a su territorio. Algo que en épocas neoliberales se vuelve muy complejo.El producto tiene una forma de secanza y estacionamiento natural, no es lo mismo que usar cámaras de aceleración de secado. Incluso la cosecha es diferente. La yerba muchas veces da acidez porque se cosecha en cualquier momento del año. Nosotros cosechamos una sola vez en luna menguante. No hacemos la zafriña, que se hace en verano, cuando la planta está mucho más expuesta al estrés del calor y el sol. 

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G.F: Contanos sobre la yerba que están produciendo, ¿cómo es la cadena? 

F.P: Tratamos de acortar la cadena, que haya menos actores y sobre todo que haya un comercio justo en los eslabones. No puede ser que la yerba tenga un valor en góndola y al productor le paguen una miseria. Nosotros somos productores primarios de la hoja verde pero también tenemos el depósito donde la estacionamos. Tenemos una muy buena relación con un pequeño molino familiar que está certificado orgánico. La idea es ayudarnos entre los proyectos autosustentables que formamos parte de Somos Red y motorizarnos. Por ejemplo, si nosotros logramos una venta de yerba, después le compramos los bioinsumos a la fábrica que forma parte de la Red, de esta forma les estaríamos pagando a nuestros propios compañeros para que ellos puedan hacer funcionar la biofábrica. 

G.F: ¿Cómo se llama la yerba?

F.P: Zapecá. Es una palabra en guaraní que significa SA (ojo) y PECÁ (abrir). Abrir el ojo. En términos técnicos significa abrir el estoma de la hoja con el sapecado —la técnica guaraní de pasar las hojas por el fuego— para detener el proceso de oxidación de la yerba. Simbólicamente nos encantó porque puede entenderse como abrir los ojos a otra forma de producir, de relacionarnos. Cuando uno ve la selva no ve una competencia sino una convivencia, donde los árboles se comunican a través de los hongos. Cuando uno se está muriendo, los otros lo apoyan. Y si tiene que terminar de morir para entregar sus nutrientes, sucede. Así como la agricultura es una observación de la naturaleza, también tiene que ligarse a lo social. Por eso es integral. Necesitamos que los consumidores sean conscientes de que cuando compran están apoyando determinado proceso de producción. 

AGRICULTURA SINTRÓPICA AGROFORESTAL YERBA MATE

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Un comentario

  1. Me parece correcto plantar yerba con arboles para ofrecer sombra parcial sobre la misma y contribuir al suelo con materia orgánica, contribuir al cuidado del hábitat natural, solo que tenemos que seguir capacitando y concientizando a productores..

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