Osiris García Cerqueda es un investigador oriundo de las tierras de María Sabina. Publicó hace ya casi 10 años su libro “Huautla tierra de magia, de hongos y hippies”, y coordina la Iniciativa de Reciprocidad Indigena (IRI) de Chacruna Institute.
Nacido en el barrio de La Cruz, en Huautla de Jiménez, creció en una familia mazateca dedicada a la docencia. Más tarde migró a Puebla para continuar sus estudios y eligió la historia como oficio. Como él mismo resume: “Mi camino profesional está enraizado en una historia familiar y comunitaria con la que dialogo constantemente”.
Sus investigaciones se centran en las tensiones históricas que atraviesan al pueblo mazateco: los conflictos por la tierra y el agua, la conformación del Estado mexicano, el turismo psicodélico y la comercialización de enteógenos. En los últimos años ha profundizado también en el “movimiento psicodélico”, desde donde explora las relaciones de poder entre el mundo occidental y los pueblos originarios.
La IRI se presenta como una promotora “entre la comunidad psicodélica global y los grupos y organizaciones indígenas, fomentando las asociaciones educativas y la investigación colaborativa” según se lee en la web de Chacruna. También afirma conectar “la industria psicodélica emergente con las necesidades urgentes de las comunidades indígenas, impulsando el desarrollo sostenible y la autodeterminación.”
En suma, el proyecto apoya 15 organizaciones territoriales en países como Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica, México y Estados Unidos, según su informe de 2024. Chacruna declara que “recaudó más de $288,000 (dólares) desde sus inicios”, en abril de 2021. En el último informe (2024) se lee que “logró recaudar una cifra sin precedentes de $118,838 en donaciones” y que este total incluyó “una generosa contribución de $100,000”, sin mayores detalles.
Resumidamente, este proyecto de reciprocidad buscaría canalizar recursos “directamente a las comunidades indígenas, evitando grandes burocracias y garantizando una mayor autonomía local” y apoyar iniciativas indígenas para “fortalecer sus conocimientos, tradiciones y bioculturas”. Para la comunidad mazateca, Chacruna puntualiza que su apoyo está vinculado al “Consejo indígena pro-rescate del patrimonio cultural mazateco (CIPREPACMA)”.
Osiris es el actual coordinador de la IRI y estará en Argentina los primeros días de octubre en el marco de Lapsyconf, un evento donde participarán grandes exponentes de la industria, la ciencia y la cultura psicodélica, como Rick Doblin, David Nutt y Bia Labate, entre otres.
Lapsyconf es organizado por el equipo de Panambí Ventures, y en su web detallan: “Construimos el hub de la salud, la innovación y la ciencia” y explican: “Creamos oportunidades de impacto para el sector público, privado, farmacéutico, inversor y académico”. En el contexto de la participación de García Cerqueda en este evento, lo consultamos en tanto coterráneo de Maria Sabina, y como investigador formado en el ámbito de los estudios psicodélicos.
Este artículo debe leerse en diálogo con la entrevista que meses atrás hicimos a Sarai Piña, antropóloga mexicana que trabaja y transita la misma región del sur de México, desde hace 20 años, y para quien la apertura (política, comercial, comunicacional) de la comunidad mazateca fue “una espada de doble filo para ellos: les ha abierto muchas puertas, pero también los ha expuesto”.
Libros Enteogénicos: Eres oriundo de Huautla, de origen mazateco, historiador y sociólogo ¿cómo ha sido el tránsito de tu educación indígena hacia el academicismo universitario?
Osiris García Cerqueda: Crecí en el barrio de La Cruz, en Huautla de Jiménez. Mis padres se dedicaron a la docencia en el contexto indígena mazateco, y mis hermanos y yo fuimos partícipes de esos recorridos por el territorio. Más adelante migré a la ciudad de Puebla para continuar mis estudios, pero sin soltar la raíz de mi tradición. Decidí convertirme en historiador para indagar más profundamente en el pasado familiar y comunitario. Mi camino profesional está enraizado en una historia familiar y comunitaria con la que dialogo constantemente porque es el resultado de la coexistencia. Una multiplicidad de realidades que se reconfiguran dentro del territorio mazateco. En lo personal, sigo vinculado con mi cultura, siempre en disposición de aprender. En el ámbito profesional, procuro mantener una mirada crítica que enfoque lo que acontece en el territorio y en la comunidad. Mi oficio como historiador busca abrir nuevos diálogos y, en la medida de lo posible, ser un puente para el fortalecimiento de proyectos comunitarios, así como apoyar a compañeros en la difusión de su trabajo.
LE: ¿En qué se enfoca tu trabajo actualmente?
OGC: En mis investigaciones procuro identificar y visibilizar esas dinámicas relacionales entre el pueblo mazateco y el mundo, así como explorar las tensiones y los conflictos que históricamente se han gestado en el territorio. Muchos de estos son resultado del avance e intensificación del capitalismo, la conformación del Estado mexicano, los conflictos por la tierra y el agua, y las disputas por la administración de la cultura, el turismo psicodélico y la comercialización de plantas sagradas, por mencionar algunos. Es innegable que las distintas realidades que coexisten en el extenso territorio mazateco están profundamente entrelazadas con procesos históricos de escala global. En ese sentido, gran parte de mis intereses profesionales están orientados hacia ese tipo de análisis crítico. Desde hace un par de años, me he adentrado en un sector del llamado “movimiento psicodélico”, desde donde he profundizado en el estudio de las relaciones de poder entre el mundo occidental y los pueblos originarios.
“Somos conscientes de la existencia de problemáticas en los territorios indígenas donde tenemos colaboraciones, sin embargo, estas no han sido originadas por el programa en sí mismo.”
LE: ¿Y de qué modo participas en Chacruna Institute?
OGC: Actualmente colaboro con el Instituto Chacruna como coordinador del programa
Iniciativa de Reciprocidad Indígena (IRI). Se lanzó en el 2021 bajo una perspectiva decolonial con el objetivo de colaborar y retribuir a las comunidades indígenas tras el abuso cometido por occidente sobre sus plantas sagradas y saberes ancestrales. Para lo cual analizamos cuidadosamente el avance del movimiento psicodélico, la relación existente de lo global con los territorios indígenas, las dinámicas de mercantilización y estrategias de trabajo para unirnos a los proyectos de nuestros colaboradores. EL IRI es un programa de Instituto Chacruna y desde ese frente se promueve la donación para las organizaciones, lo hacemos desde cursos, clases y conferencias. Muchos de estos recursos provienen de donadores individuales que de alguna forma están conectados con los psicodélicos. Actualmente el IRI colabora con doce grupos liderados por miembros de sus comunidades que se organizan y toman decisiones colectivamente, organizan sus actividades y eligen su dirección. IRI no tiene injerencia en ninguno de sus procesos y decisiones. Somos conscientes de la existencia de problemáticas en los territorios indígenas donde tenemos colaboraciones, sin embargo, estas no han sido originadas por el programa en sí mismo. Sus orígenes son históricos y profundamente articulados con el avance del capitalismo en las regiones indígenas. Esto nos permite comprender la forma en que IRI debe generar diálogos para visibilizar estas tensiones, escuchar y aprender de las ontologías y epistemes, analizar y cuestionar las distintas formas de reciprocidad existentes en el escenario psicodélico y sobre todo visibilizar las voces y perspectivas que emergen de los territorios.
LE: Has publicado un libro hace casi 10 años titulado “Huautla tierra de magia, de hongos y hippies”. ¿Cómo fue el proceso que llevó a esa producción y de qué trata?
OGC: Este trabajo fue presentado originalmente en 2011 como la tesis con la que obtuve el título de historiador, tres años antes de que fuera publicado como libro. De alguna manera, fue mi primer ejercicio formal como historiador. Es un trabajo que me llena de orgullo porque parte de una visión local sobre un proceso histórico que impactó profundamente a la comunidad mazateca. Se ha integrado a la bibliografía sobre ese episodio y dialoga con procesos que seguimos experimentando en el presente, como el turismo psicodélico y la capacidad de la comunidad mazateca para abrirse al diálogo con otras realidades. Ciertamente, han pasado ya diez años desde su publicación, y es posible identificar algunos vacíos y carencias teórico-metodológicas. Este texto fue un primer intento por identificar y visibilizar las dinámicas sociales y económicas que se generaron dentro de la comunidad mazateca tras la revelación mundial de María Sabina y los hongos sagrados. Se trata de un análisis histórico que parte de la observación del presente, cuestionando las narrativas cristalizadas sobre la figura de María Sabina, Gordon Wasson y la llamada “revelación”. Aborda la llegada de hippies a la región, anécdotas de locales que recuerdan ese momento y lo curioso que fue el intercambio cultural. Comencé a observar con detalle las relaciones entre locales y extranjeros, el comercio de hongos y ceremonias. Las entrevistas y el diálogo constante con mis vecinos de Huautla me llevaron a reconocer que la tradición de los hongos sagrados sigue viva, y que aquel episodio de los años cincuenta fue solo una de las múltiples embestidas de la globalización sobre los pueblos originarios. La población mazateca ha aprendido a dialogar con estas lógicas de avance capitalista, al mismo tiempo que resiste frente a la banalización de sus elementos sagrados.
LE: ¿Cómo era Huautla antes de la llegada de Wasson y los investigadores micólogos, y cómo fue después?
OGC: Esta pregunta podría resumirse en una descripción, pero implicaría caer nuevamente en la reproducción de una historia plana, sin ritmos ni matices. Además, se corre el riesgo de generar una imagen idílica del pasado al contrastar el “antes” y el “después” de la llegada del hombre blanco. Por eso, debemos evitar juzgar ese pasado desde los valores que rigen nuestras realidades actuales. Hablar y describir ese Huautla de los años cincuenta es sumamente complejo, porque lo único que tenemos son fragmentos. Podría decirte que la historia de ese Huautla sigue en construcción. Lo interesante aquí es abrir el proceso: cuestionarnos qué ocurría en otros sectores sociales. ¿Qué hacían los campesinos? ¿Cómo vivían, qué comían? Es decir, relativizar el relato para que la propia comunidad se interese en su historia, dialogue con su pasado y rompa con esa narrativa que tantas veces ha sido construida desde afuera. La perspectiva de “un antes y un después” implica establecer cortes temporales que pueden polarizar la comprensión de los procesos históricos y caer en idealizaciones del pasado. Lo que propongo es mirar el proceso en su big picture, es decir, realizar un mapeo histórico. Podemos reconocer que la comunidad mazateca se ha articulado con dinámicas globales en distintos ritmos y profundidades, al menos desde el periodo colonial. Esto se vuelve más evidente durante el siglo XIX, cuando en el territorio mazateco se estableció una agricultura cafetalera de corte capitalista, lo que conllevó la configuración de nuevos actores sociales y la construcción de relaciones con estructuras hegemónicas. La revelación de los hongos sagrados y de María Sabina forma parte de ese mismo proceso de avance capitalista sobre los territorios indígenas. Cabe decir que el movimiento psicodélico global debe mucho aun al pueblo mazateco. El oficio de la historia nos permite recuperar fragmentos del pasado capaces de interpelar las narrativas dominantes que insisten en que los pueblos indígenas “comienzan a existir” sólo después de la llegada del hombre blanco a sus territorios.
“La población mazateca ha aprendido a dialogar con estas lógicas de avance capitalista, al mismo tiempo que resiste frente a la banalización de sus elementos sagrados.”
LE: Has llevado a cabo también una revista titulada Mirador mazateco, entre 2010 y 2015 ¿Hay algo que nos quieras compartir de esta experiencia y su contenido?
OGC: Surgió como una inquietud personal que le compartí a mis padres, y juntos iniciamos el proyecto de Mirador Mazateco. En el transcurso de cuatro años lanzamos cuatro ediciones, cada una con un tiraje de mil ejemplares. Mirador Mazateco se desarrolló en paralelo a mi tesis de licenciatura y al inicio de mi maestría, por lo que fue parte fundamental en el fortalecimiento de mi oficio como historiador. La revista tenía la intención de abrir diálogos sobre los elementos que conforman la cultura mazateca y que, a su vez, son formadores de identidad. Escribimos sobre historia contemporánea, tradiciones y vida cotidiana. En pocas palabras, Mirador Mazateco intentó —una vez más— ir más allá de las historias cristalizadas y construidas desde contextos ajenos al mazateco.

LE: ¿Qué tensiones entre lo local (mazateco) y lo global (del Norte) puedes observar?
OGC: Existen tensiones, pero estas se dan dentro del diálogo que la comunidad ha venido construyendo con las dinámicas globales. Es decir, la población mazateca no se encuentra en un estado de pasividad, esperando que sus hongos sagrados, sus ceremonias y demás elementos espirituales sean arrebatados. Al contrario: están activos, dialogando con el norte global. En algunos casos se llega al consenso y se establecen acuerdos. Esto se ejemplifica con proyectos que reciben donaciones del extranjero. Sin ese apoyo, difícilmente avanzarían o lograrían tener presencia en espacios del norte global. Sin embargo, también hay conflictos: en el norte global muchas veces se desconoce la legitimidad de ciertos proyectos, y aun así se siguen recibiendo donaciones en nombre de la comunidad. En el territorio existen clases sociales y facciones que experimentan de forma distinta la presión que el norte global ejerce sobre las dinámicas comunitarias. La población indígena más empobrecida es la que más resiste —y también la que más padece— el avance capitalista. A través de distintos mecanismos ideológicos y materiales, se les fuerza a integrarse al proceso de modernidad y progreso que el Estado mexicano ha promovido desde hace décadas. Se ven obligados a dejar la tierra, su lengua materna (el mazateco), y muchos migran a las grandes ciudades, insertándose en dinámicas urbanas complejas. En ese contexto, muchos terminan desconectados de lo que acontece en su territorio, porque están ocupados en sobrevivir.
“Lo más sencillo pareciera ser simplemente etiquetar a todos los indígenas que están trastocados por el “movimiento psicodélico” bajo categorías que sólo generan prejuicios y no explican las complejidades del entramado comunitario.”
LE: Estarás en Argentina en octubre, junto a exponentes de talla internacional, en el marco de una conferencia sobre psicodélicos, en tanto “medicinas de la conciencia”. Es de público conocimiento que la industria farmacéutica está interesándose mucho por estas medicinas, y que hay toda una industria del wellbeing consolidándose. Todo un fenómeno de la época que nos toca transitar, denominado capitalismo psicodélico. ¿Cuál es tu posición y tu mirada respecto de este movimiento?
OGC: El llamado “movimiento psicodélico”, desde mi perspectiva, es un proceso inacabado, en constante reconfiguración. Su desarrollo se manifiesta en ritmos diversos, perspectivas no homogéneas, tensiones y contradicciones. Todos los días se transforma, buscando que los psicodélicos y las plantas sagradas estén más presentes en distintos ámbitos de la vida moderna: en la ciencia y el mundo académico, en la construcción de espiritualidades, en el tratamiento de padecimientos psicoemocionales, entre otros. Muchas comunidades indígenas han aprendido a dialogar con este proceso y con algunas de sus dinámicas, como el turismo chamánico, alianzas y obtención de recursos para proyectos individuales y colectivos. No podemos omitir el papel de la filantropía occidental y su propuesta de “reciprocidad”, que dentro del mismo movimiento promueve el apoyo a los pueblos indígenas principalmente a través de donaciones. Existen muchos matices, por lo que no debemos polarizar las perspectivas, sino más bien identificar qué y quiénes están dentro del movimiento. Es fundamental entender que nuestras realidades están atravesadas por factores económicos, religiosos y políticos. Por ello, no podemos emitir juicios desde lugares de enunciación ajenos a la realidad comunitaria, ni juzgar desde una supuesta superioridad moral o academicista las relaciones que las comunidades indígenas construyen con los foráneos y el movimiento psicodélico. Lo más sencillo pareciera ser simplemente etiquetar a todos los indígenas que están trastocados por el “movimiento psicodélico” bajo categorías que sólo generan prejuicios y no explican las complejidades del entramado comunitario.
LE: ¿Hacia dónde crees que va este proceso histórico, y hacia dónde crees que debería dirigirse?
OGC: Este movimiento seguirá avanzando, y sus lógicas y dinámicas se reproducirán cada vez más rápido. Lo interesante —y lo urgente— es cómo las comunidades indígenas vamos a construir diálogos para no dejarnos arrastrar por la ola, para acordar límites y establecer acuerdos con este movimiento psicodélico y con el avance capitalista. Creo que el movimiento psicodélico tiene muchos sesgos en cada una de sus directrices. Sin embargo, mi perspectiva se enfoca principalmente en mi comunidad y en la relación que ésta construye con el proceso. Hoy en día, muchos compañeros mazatecos y aliados no indígenas están trabajando activamente para fortalecer la comunidad y la tradición desde distintos frentes: la lengua materna, el arte, la música, la medicina tradicional, la historia y más. Y lo hacen no como objetos de consumo para turistas ni para alimentar al movimiento psicodélico, sino para preservar la memoria histórica mazateca —esa misma que dará identidad a las nuevas generaciones y ayudará a evitar la alienación y la pérdida de raíz.
LE: Para ir cerrando ¿cómo ha sido tu relación con los honguitos, cuándo oíste hablar de ellos por primera vez?
OGC: Fue en el barrio de La Cruz donde tuve mis primeros acercamientos con los honguitos. Se fue dando de manera colectiva, junto a mi familia y la comunidad. En ese transcurrir de la vida cotidiana y comunitaria. Todo este proceso se dio de forma muy natural, sin presiones, por eso adquirió un sentido profundo. Las primeras veces que escuché hablar de los honguitos fue con mis abuelos paternos. Ellos fueron campesinos toda su vida y mantuvieron una relación muy cercana con las ceremonias y con las personas de conocimiento. La curiosidad me llevó a preguntarle a mis padres, quienes me compartieron más elementos para comprender de qué se trataban las ceremonias. Mi primera participación en una velada fue durante la adolescencia. Aunque ya contaba con cierto bagaje sobre el proceso, fue una experiencia intensa y reveladora. Fue mi presentación ante “el mundo-otro”, el inicio de un camino de aprendizaje que quizás nunca termine. Este aprendizaje también se dio en relación con mis vecinos, cuyas experiencias se asemejaban. A su vez, todo esto estuvo atravesado por los diálogos con los extranjeros que llegaban a Huautla y al barrio de La Cruz en busca de hongos y ceremonias. Con el tiempo, construimos una familiaridad con estas dinámicas, lo que nos llevó a formar nuestras propias perspectivas sobre la relación entre lo local y lo global, teniendo siempre como centro a María Sabina y a los hongos sagrados. Dentro de la tradición mazateca, los hongos poseen espíritu y son sagrados, no se cultivan porque su crecimiento depende de la energía que la naturaleza les provee, entonces la psilocibina en tanto concepto es inexistente. La salud y la enfermedad, el bienestar y el malestar, están profundamente ligados a mundos y espacios sagrados. Los sabios mazatecos no conocen las terapias asistidas con psicodélicos ni los entrenamientos para facilitadores, porque —como ellos mismos lo expresan— su sabiduría proviene del mundo divino.
LE: Por último ¿qué relación tenés con la espiritualidad mazateca?
OGC: Mi acercamiento a las distintas formas de curación y equilibrio espiritual comenzó incluso antes de mi nacimiento. Desde el vientre materno se reciben las plegarias, y con ellas se inicia un proceso para encaminar espiritualmente al nuevo ser que está por llegar al mundo. Por eso, mi vínculo con los honguitos no fue espontáneo, sino parte de un proceso que comenzó mucho tiempo atrás y que se fue fortaleciendo con limpias y consultas espirituales. Me atrevo a decir que somos el resultado de las plegarias y ofrendas que nuestros antepasados hicieron a las deidades mazatecas antes de nuestra existencia.





