“Fue la segunda ingesta que hicimos con mi pareja, la primera fue recreativa. Esta vez la guiamos con un sentido terapéutico, tuvimos pregunta orientadora y encontramos que la experiencia es muy distinta. Cuando se consume la sustancia con una intención previa, esa intención va a moldear el viaje, lo va a guiar, lo va encauzar. Es asombroso cuando en la experiencia encuentras nudos en tu personalidad. Yo logré identificar cuáles eran y cuando aparecieron. Una vez se conocen estos nudos, se pueden comenzar a desatar”, dice con entusiasmo Pablo Orellana.
Derecho a la profunda exploración del ser
Para Pablo el tema de drogas no es ajeno. Él es un abogado chileno que, junto con un grupo de activistas y colectivos cannábicos, presentó una iniciativa popular para que en el Proceso Constituyente de Chile —surgido del estallido social de ese país en 2019 y que pretendía crear una nueva constitución que reemplazara la de 1980—, se discuta el “derecho a la profunda exploración del ser”, lo cual, en sus palabras, incluye “la utilización sabia y virtuosa de plantas o sustancias con capacidades enteógenas”.
Pablo además intentó crear un centro cultural para la promoción de prácticas de autocultivo de cannabis, pero el gobierno local rechazó su propuesta al considerarla ilegal. Por esto, él hizo una acción constitucional ante la Corte Suprema para que esta se pronuncie reconociendo la “noción jurídica de ser humano con una esencia espiritual”. Su idea era que el Estado diga, a través de la Corte, que la decisión soberana de cultivar y consumir cannabis y otros enteógenos son legítimas y legales cuando se emplean como parte de un proyecto de vida en búsqueda de la realización como individuo. Sin embargo, la Corte Suprema confirmó el falló del Gobierno local.
Recientemente, Pablo creó el primer Club Social de Cannabis basado en el argumento de la autonomía y el libre albedrío, su idea es que el Tribunal Constitucional declare inconstitucional la penalización de este tipo de cultivos y que esto sirva como un insumo jurídico para cuestionar leyes como la ley de tráfico ilícito.

Exploración e intención
Pablo decidió usar drogas psicodélicas para mejorar la relación con su pareja. Él lo hizo de forma autodidacta, sin chamanes, ni terapeutas, pero con protocolos minuciosos que él estableció con la ayuda de su novia, que es psicóloga, y consultando una amplia bibliografía. Primero comenzó a usar hongos psylocibe, lo hizo en forma de microdosis por tres meses siguiendo el protocolo que establece el autor estadounidense James Fadiman en su libro ‘Guía del explorador Psicodélico’, el cual consiste en tomar la microdosis un día, descansar dos días y volver a tomar al cuarto día retomando el ciclo; esto por un periodo entre 4 y 8 semanas para luego descansar un mes de la sustancia.
Un amigo le enseñó a cultivar los hongos. Solo necesitó una caja de plástico, una bolsa, un pan, y unas esporas de hongos —conseguidas por internet— que puso en una mezcla de agua, bebida isotónica y miel. Una vez recogió el cultivo, puso los hongos en un deshidratador de vegetales y preparó las dosis midiéndolas en una gramera. La cantidad que tomaron fue variando, oscilaron entre los 0,1 y 0,2 gramos, dosis mucho más bajas que los 2 gramos que había tomado Pablo antes en contextos recreativos. “Los primeros días fueron exploratorios, le tuve que bajar a la dosis de 0.2 porque me sentía como abajo del agua, no sé cómo explicarlo, pero estaba muy sensible”, señala.
No existen datos precisos sobre cuántas personas en el mundo están realizando prácticas de microdosis de hongos. De acuerdo con la última Encuesta Global de Drogas, que recogió datos de cerca de 100.000 personas en más de 200 países, el 33 % de quienes participaron en la encuesta reconocen haber consumido hongos alguna vez en la vida, y el 15 %, durante el último año. Entre estos, el 22 % lo hace en forma de microdosis. Los datos de la encuesta sugieren que esta práctica va en aumento entre quienes usan psicodélicos, e indican que las sustancias más consumidas en microdosis son hongos y LSD.
En Latinoamérica los datos son escasos. En el II Simposio Internacional sobre Hongos, Sagrados y Psilocibina, organizado en México, investigadores de la Fundación Conciencia Viva, en alianza con el Semillero de Investigación de Etnopsicología, Etnopsiquiatría y Enteógenos, de la Universidad de Antioquia, presentaron un estudio sobre tendencias y experiencias en consumo de microdosis en Colombia, que se encuentra en revisión para ser publicado en una revista. De acuerdo con sus datos, el 69 % reportó conseguir las microdosis listas por internet, mientras el resto las prepara como lo hace Pablo. Las principales motivaciones que llevan a los usuarios a hacerlo son bienestar psicológico y exploración espiritual.
Para Paola Cubillos, médica y consultora en temas de psicodélicos y cannabis, estas prácticas pueden tener algunos riesgos: “No tenemos información de que las microdosis a largo plazo puedan causar impacto cerebral o en el sistema nervioso central, que cause preocupación. El riesgo de la microdosificación es que los usuarios reemplacen las terapias profesionales que se han comprobado que funcionan. Además, el hecho de no tener un suministro estandarizado hace que las personas se expongan a dosis mayores de las que creen que están consumiendo. Esto puede ser especialmente peligroso cuando hacen labores como conducir o tareas que requieran responsabilidad”, dice la doctora.
Justamente, los usuarios que participaron en la Encuesta Global de Drogas reportan que el principal efecto adverso que han tenido con microdosis es que en ocasiones la dosis resulta ser muy alta. Y es que, aunque dos dosis de hongos tengan el mismo peso, la cantidad de psilocibina —el componente psicoactivo— en cada uno puede ser muy diferente.
Pablo cree que esta primera exploración con hongos fue beneficiosa. “En momentos en que estábamos discutiendo con mi pareja y ella me decía algo, era consciente de cómo empezaba a reaccionar mi cuerpo, entendí que estaba tomando una postura defensiva. No solamente era más consciente del cuerpo, sino también de la situación, el contexto, mi estado de ánimo y el de mi pareja. Era como si alguien me pusiera la mano en el hombro cada vez que tenía estas respuestas defensivas automáticas y me dijera al oído: ‘tranquilo, mira lo que está pasando’. Sentí que tenía un segundo de más para responder distinto”.
Una dosis de empatía
A los hongos le siguió una exploración con MDMA (éxtasis), los usos de esta sustancia para temas de terapia en pareja han sido levemente investigados. A comienzos de los años 1980, Rick Ingrasci, miembro de la Asociación por un Uso Responsable de los Agentes Psicodélicos (ARUPA, por sus siglas en inglés), una agrupación compuesta mayoritariamente por terapeutas y que exploró los potenciales de la MDMA en psicoterapia, hizo experimentos que no llegaron a ser clínicos por su carácter ilegal. Entre 1980 y 1985, Ingrasci trató cerca de 100 pacientes durante 150 sesiones. Un tercio de sus pacientes fueron parejas.
Antes de las sesiones, Ingrasci consumía la sustancia que iba a suministrar para que, en caso de que esta estuviera adulterada, no llegara a afectar a sus pacientes. La dosis que usaba era de 135 mg y, como la MDMA puede afectar el sistema cardiovascular, en sus sesiones siempre excluyó a pacientes con enfermedades cardiacas.
Esto mismo hacen hoy en día organizaciones como la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS, por sus siglas en inglés), que está investigando los usos de la MDMA para el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Incluso existen farmacéuticas como la canadience PharmAla Biotech que está investigando para desarrollar análogos de la MDMA sin estos efectos cardiovasculares.
Ingrasci consideró que el uso de MDMA en psicoterapia puede ayudar a eliminar mecanismos de defensa, y a mejorar la comunicación y la empatía. “Pone a una persona en un increíble estado de ánimo abierto, con capacidad ampliada de autoconciencia, sensibilidad aguda y mayor capacidad para compartir sentimientos. Todo eso es imputable a la disminución del miedo y la ansiedad inducida por esta droga”, dijo. El terapeuta expuso a sus pacientes a la sustancia por un máximo de dos sesiones y les pedía que escribieran un informe de seguimiento.
Años más tarde, las investigaciones en este tema continuaron. En 1998 los psiquiatras George Greer y Requa Tolbert publicaron un artículo en el Journal of Psychoactive Drugs en el que documentaron su experiencia usando MDMA en sesiones terapéuticas con casi 80 pacientes. En las sesiones, se les suministraba la sustancia a las parejas y se les ponía música clásica de artistas como Mahler y Beethoven. De acuerdo con los resultados, el 90 % de los pacientes se beneficiaron del tratamiento.
Un estudio más reciente, publicado en 2020, le brindó terapia asistida con MDMA a una muestra pequeña de seis parejas donde en cada una había un integrante con TEPT. Los resultados mostraron que los síntomas del trastorno disminuyeron y las parejas reportaron que luego de la sesión tuvieron menos conflictos y más confianza y satisfacción en su relación.
En los últimos años en el mundo aparecieron esfuerzos destacables para traer los beneficios de la MDMA a la legalidad. El 1 de julio de 2023, Australia habilitó la prescripción de psilocibina para el Trastorno Depresivo Persistente (TPP) y la MDMA para TEPT. La regulación consiste en que algunos psiquiatras pasen diversas pruebas y logren ser aceptados en el Esquema de Prescriptores Autorizados (Authorised Prescriber Scheme). No basta con estar en este esquema, los psiquiatras también deben contar con la aprobación de un comité de ética y de La Administración de Productos Terapéuticos (TGA por sus siglas en inglés), la autoridad reguladora australiana de medicamentos y productos terapéuticos. De acuerdo con datos oficiales, al año que corre 35 psiquiatras en Australia pueden prescribir MDMA.

El gran obstáculo está en conseguir la sustancia, pues la TGA no tiene productos aprobados que contengan MDMA. El psiquiatra autorizado tiene la responsabilidad de conseguir el producto que podrá importar, para esto requiere una licencia de la Oficina de Control de Drogas (ODC por sus siglas en inglés).
En el 2024, en Estados Unidos la organización MAPS, a través de su filial comercial que para ese momento se llamaba Lykos Therapeutics, estuvo a punto de lograr la aprobación de la MDMA para el tratamiento TEPT por parte de Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés).
MAPS comenzó ensayos clínicos a principios de los 2000 que mostraban resultados prometedores. Entre 2017 y 2022 MAPS culminó dos estudios de fase 3 en Israel, Canadá y Estados Unidos que sugerían que el tratamiento era seguro y eficaz, por lo que la organización se preparó para solicitar su aprobación. En diciembre de 2023 presentó la Solicitud de Nuevo Fármaco (NDA, por sus siglas en inglés) ante la FDA. En Junio de 2024 el comité Psychopharmacologic Drugs Advisory Committee, asesor independiente de la FDA, revisó la evidencia y recomendó rechazar la solicitud argumentando falta de evidencia a largo plazo, problemas de sesgo y dificultades para el doble ciego —técnica de investigación en ensayos clínicos que busca combatir el efecto placebo—. La FDA siguió la recomendación y rechazó la solicitud en agosto de 2024. Hoy en día la MDMA sigue siendo una sustancia prohibida clasificada con alto potencial de abuso y sin uso médico aceptado
El mes pasado Lykos Therapeutics cambió su nombre a Resilient Pharmaceuticals, Inc. Luego de que los inversionistas Sir Chris Honn y Antonio Gracias, multimillonario y amigo personal de Elon Musk, le inyectaran, a través de sus fundaciones, 50 millones de dólares de capital a la compañía.

Ocho meses después de finalizada la experiencia con microdosis de hongos, Pablo consiguió cristales de MDMA para celebrar el cumpleaños de su pareja. Lo hizo a través de un amigo cercano y un gramo le costó 70 dólares.
Infortunadamente, Pablo no pudo testear la sustancia. Pese a que en Chile los servicios de análisis no están ilegalizados como sucede en otros países, testear sustancias no es algo al acceso de todo el mundo. Y aunque hay iniciativas como ‘Reduciendo Daños’, Pablo creía que solo funcionaban en lugares de fiesta. “No pude testear, tendría que viajar muchos kilómetros y encontrar un festival o fiesta donde estén ellos, implicaría gastarme días”, indicó.
Sin embargo, Camilo Obregón uno de los fundadores de Reduciendo Daño nos dijo “desde el día uno, que sería a finales de 2018 hemos vendido los reactivos para que las personas puedan testear sus sustancias en casa, lo de las fiestas y eventos lo integramos después, estamos en plataformas comunes de ventas como Mercado Libre, tenemos tienda virtual en nuestra página web y hacemos envíos a todo Chile”.
La alternativa más económica para testear es un kit de un solo uso que cuesta alrededor de US$2 dólares, que junto con el envío suma alrededor de US$7. También venden un kit completo especializado en MDMA que con envío cuesta $50 dólares y sirve para 100 usos.
“Los hongos son difíciles de testear, tenemos test como el de Hofmann y Ehrlich que pueden reaccionar a la psilocibina, pero la probabilidad de falso positivo es grande ya que reaccionan a muchas otras sustancias que hay en los hongos”, dice Camilo. De acuerdo con su experiencia, los hongos no suelen ser una sustancia muy adulterada y el MDMA históricamente ha sido adulterada con metanfetamina, y se registra una creciente adulteración con MDA (3,4-metilendioxianfetamina)
La primera toma fue recreativa: salieron, bailaron y se acostaron a dormir hasta las 2:00 p.m. del día siguiente. La segunda, en sus palabras, fue más consciente, tomaron alrededor 75 miligramos cada uno, divididos en dos dosis. Lo hicieron al ojo, separando los cristales en cuatro líneas con una tarjeta, y los pusieron en un vaso con agua. Decidieron hacer uso de la sustancia de forma terapéutica porque estaban teniendo problemas y discusiones. Pablo estaba experimentando inseguridades y comportamientos muy a la defensiva. Por el otro lado, su pareja estaba agobiada por la carga emocional que le supone conocer las historias de muchos pacientes que asisten a su consultorio.
El libro ‘Guía del explorador Psicodélico’, que usaron antes para el tema de microdosis de hongos, no tenía mucha información sobre la MDMA, pero siguieron algunas de las pautas que ofrecía para acompañar el viaje con LSD. También revisaron el texto ‘Cómo cambiar tu mente’, de Michael Pollan. Estudiaron los capítulos del libro juntos y, como la novia de Pablo es psicóloga, agregaron elementos de su experiencia.
Lo que hicieron fue poner en práctica un concepto que dentro de la investigación con psicodélicos se conoce como el Set and Setting. Esta idea fue introducida por Timothy Leary, un psicólogo estadounidense considerado uno de los primeros en hablar de los usos terapéuticos de los psicodélicos en el libro ‘La experiencia psicodélica’, publicado en 1964.
El set se refiere al interior: el estado de ánimo de la persona, sus emociones y percepciones. El setting trata lo exterior: el lugar, los olores, el momento. “El set es la disposición que tiene la persona para acercarse a la sustancia y esa disposición puede ser emocional, mental o física. El setting, se refiere al entorno exterior, es decir a lo que la persona se expone en el entorno físico. Por poner un ejemplo, si estoy escuchando Metallica o reggaeton, estos estímulos van a tener un impacto, lo mismo con los olores y lo visual”, nos cuenta Melissa Hurtado, psicóloga con maestría clínica y quien hace parte del semillero de investigación ‘Ciencias psicodélicas’ de la Universidad CES de Medellín.
Así que ellos elaboraron una pregunta que indicó el propósito que querían tratar durante la toma, también se preocuparon por establecer un ambiente tranquilo y seguro. Arreglaron el apartamento, cambiaron la luz por una bola de luces de disco, limpiaron el piso, prepararon la masa de una pizza napolitana y una playlist con canciones de Natalia Lafourcade.
Como los efectos de la MDMA no son tan visuales, a diferencia de otros psicodélicos, no es tan sencillo darse cuenta cuando aparecen. “Me descubrí bailando mientras hacía la masa y ponía la pizza al horno. Hablaba moviendo mucho las manos y nos mirábamos con mi pareja a los ojos. Es como un freestyle —técnica de improvisación en el hip hop—, la música te acompaña, comienzan a aparecer ideas que no habías pensado y te descubres diciéndolas”.
La experiencia sirvió para que Pablo pudiera hacerse cargo de la violencia con la que respondía cuando se sentía atacado y mejorara la comunicación con su pareja. La siguiente semana estuvo reflexivo con diversos aspectos de su vida y entendió muchas cosas nuevas. “Mientras regaba el huerto me di cuenta de por qué había estudiado derecho, aparecieron recuerdos de mi infancia y pude ver las cosas en perspectiva. Por ejemplo, en mi casa se me negó hablar de niño, muchas veces se me cerró la boca, mis ideas no eran bien decididas. Entendí que quise validar mi voz a través de un título de abogado”.
Por ahora, la pareja no va a volver a tomar MDMA de forma terapéutica en un futuro próximo, pues no tienen un propósito. “No creo que sea necesario hacerlo tan pronto, hay mucha información que me gustaría integrar. Así como es importante la dosis, la compañía y el Set and Setting, también es importante dar tiempo para integrar lo vivido. La experiencia fue muy profunda. Yo creo que, por ahora, es importante canalizar y materializar lo conversado. Mi pareja me ha recomendado escribir toda experiencia y leerla de vez en cuando”, dice Pablo.
Prácticas de integración
A lo que se refiere Pablo es al concepto de integración, muy usado en libros y conferencias sobre el uso de psicodélicos. De acuerdo con el artículo “Integración psicodélica: un análisis del concepto y su práctica”, publicado en la revista Frontiers in Psychology, la integración se utiliza para describir el periodo posterior a la experiencia psicodélica. “La investigación moderna sobre el uso psicoterapéutico de los psicodélicos da fe del valor de un enfoque de integración. Cada una de las organizaciones de larga data que financian u organizan la investigación psicodélica ha desarrollado protocolos de tratamiento que brindan tiempo para la preparación, el apoyo psicológico/psicoterapia y la integración, incluida la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS), la Fundación Beckley y el Instituto de Investigación Heffter”, dice el documento.
No hay consenso para definir el término, ni tampoco para definir qué es una práctica integradora. En el caso de Armando Jiménez, psicoterapeuta que ofrece sesiones con hongos, él ofrece esta práctica en sus sesiones luego de que el paciente está un rato a solas acostado y viviendo el viaje psicodélico. “Hay una charla en la cual integramos un poco o empezamos a integrar los contenidos que surgieron de ese viaje interior”, indica el terapeuta. Para él, cada sesión es absolutamente única, y aunque hay personas que requieren sesiones extras —sin hongos—, luego de las sesiones que él ofrece, otras personas solo necesitan una sesión.
Para Melissa Hurtado, aunque la integración es un concepto que está más asociado a las macrodosis, también aplica para las microdosis. “Son procesos de meses donde la persona está integrando información nueva de sí mismo. Esta puede, por ejemplo, comenzar a experimentar ciertas reacciones emocionales con las que no estaba familiarizado, y como es complejo asumir nuevas emociones, entonces es importante comenzar a hablar de integración emocional, donde se revisa qué es lo que está pasando adentro. Esa integración es casi que constante durante los dos o tres meses de la microdosis”.
A pesar de los riesgos a los que se expuso Pablo debido a la prohibición de la sustancia, principalmente haber dado con una píldora adulterada o tomar una dosis que resultó ser más alta de lo normal, los beneficios que dice haber obtenido arrojan un balance positivo y afirma que su relación de pareja mejoró.




