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23 mayo, 2024

Antes de hacer microdosis preguntate esto

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La evidencia científica sobre las microdosis se mantiene en una controversia abierta sobre sus efectos. A la par, sus protocolos son cada vez más utilizados. ¿Efecto placebo o farmacológico? ¿Producen equilibrio o alteración? ¿Qué hay en estas búsquedas? Son algunas de las preguntas.

En los últimos años creció de manera exponencial el uso de psicodélicos en microdosis con diversos fines. En última Expo Cannabis 2023, hubo una sección de charlas específicamente dedicada al uso terapéutico de los hongos, al igual que en el famoso festival Lollapalooza. Si buscamos en google “Microdosis de hongos” aparecen artículos recientes sobre el tema en los principales medios nacionales como “La Nación” o “Página 12” y también internacionales como “The New York Times”. También la popularización de estas terapias está ejerciendo fuerte presión sobre las legislaciones, por ejemplo, en Australia se aprobó el uso medicinal de la psilocibina (principio activo de los hongos psilocybe) y del MDMA en el año 2023.

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Observatorio de hongos medicinales en la Expo Cannabis 2023.

¿Qué son las microdosis?

Las microdosis se usan mayormente con fines antidepresivos o ansiolíticos. Otras personas los usan para aumentar la creatividad o simplemente tener más energía y sentirse mejor.

Se trata de usar cantidades de psicodélicos lo suficientemente pequeñas para no tener una alteración perceptible de la conciencia. En general, se toma entre 5% y 10% de la dosis típica de uso recreativo y se lo hace de manera periódica como una terapia.

En el caso de los hongos, lo más común es usar lo que se conoce popularmente como protocolo de Fadiman. Consiste en tomar un 5% de una dosis clásica de 2 gramos, es decir 100 mg, cada 3 días. Un día de toma y dos de descanso, con el objetivo de no generar tolerancia. El protocolo es una adaptación del propuesto originalmente por James Fadiman en “La Guía del Explorador Psicodélico” que fue pensado inicialmente para microdosis de LSD.

Otras personas utilizan una adaptación del protocolo de Stamets que originalmente propone 4 días seguidos de microdosis de psilocibina y 3 de descanso, acompañados de Melena de León (un hongo adaptógeno de creciente popularidad) y vitamina B3. Sin embargo, digo adaptación, porque al menos en Argentina muchas personas no complementan la microdosis con el adaptógeno y la B3.

Si bien hay muchos protocolos descritos, al tratarse de una terapia “alternativa” aún no hay un consenso absoluto sobre el tipo de administración ideal, además no todos los hongos tienen la misma concentración de psilocibina. Esto quiere decir que aunque tomemos la misma cantidad de hongos, la dosis ingerida puede variar. ¿Son estas variaciones importantes o preocupantes? Espero dar herramientas a lo largo del artículo para que cada quien encuentre su respuesta.

La idea que inspiró este artículo fue relevar la literatura científica disponible sobre microdosis de psicodélicos en la actualidad, intentando encontrar evidencia de sus efectos para hacer un balance entre los posibles riesgos y beneficios asociados.

También nos preguntamos: ¿Hay un efecto farmacológico responsable de los cambios percibidos por los usuarios o se trata solamente de efecto placebo? Pero antes de entrar en estos interrogantes, mejor hacernos algunas preguntas previas.

¿Por qué tomamos microdosis?

Si es para tratar la depresión y lo que se busca es un fármaco eficaz, podríamos recurrir a los antidepresivos más tradicionales, los famosos ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) como la fluoxetina o el escitalopram, que son drogas con mucha evidencia científica que demuestra su efectividad para mejorar la calidad de vida de las personas con depresión.

¿Y si queremos microdosis para otra cosa? ¿No hay un cierto malestar, indefinido, brumoso, constante y sistémico, que muchxs de nosotrxs sentimos? Puede ser por la injusticia, la pobreza propia y ajena, las horas de vida dedicadas al trabajo, el desastre ecológico, la guerra, el lugar que le damos a la muerte, o simplemente la soledad.

Los motivos son múltiples y seguramente haya tantos como sujetos, el tema es que hay algo de la sociedad, del sistema que construimos y habitamos, que nos duele. ¿Y si usamos las microdosis para escapar de ese dolor? ¿Son un refugio de ese sistema que nos duele?

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El protocolo de Fadiman consiste en tomar 100 mg de hongo psilocybe cada 3 días.

Recordemos que la definición de salud de la OMS incluye al bienestar social y es justamente en esta dimensión donde no sentimos ningún tipo de armonía ni equilibrio. Que se trate de psicodélicos mayormente prohibidos en los países tiene una gran potencia simbólica, al consumirlos nos estamos alejando de ese sistema que nos daña, estamos yendo afuera, cruzando la reja que dice “no pasar”.

En el caso de las microdosis de hongos, al tratarse de algo que podemos cultivar de manera relativamente sencilla, también nos alejamos de las lógicas de consumo del sistema. Es natural y no sintetizado en un laboratorio. Se autocultiva y cuando no, los circuitos de comercialización son locales, amigueros, clandestinos y no dependen de la industria farmacológica.

Por todo esto, al recurrir a las microdosis no se busca solamente un fármaco. Y además, hagamos una pregunta difícil: ¿Y si lo más importante no es la droga sino la búsqueda en sí? Si lo importante es buscar fuera del lugar que nos daña y la (micro)dosis es tan pequeña, lo esperable es que el efecto farmacológico sea solo una pequeña parte del proceso.

¿Y si lo más importante no es la droga sino la búsqueda en sí?

Durante la búsqueda no solo se obtiene una sustancia, sino que se conocen personas, que por algo están ahí, quizás por un dolor que en algo se parece al nuestro, y así se tejen redes que pueden ser el refugio que estábamos buscando.

A lo mejor no saber de manera concreta para que se toman las microdosis es su propia fortaleza. Decir: “tomo antidepresivos” o “tomo antipsicóticos”, tiene una potencia simbólica enorme y puede ejercer un efecto patologizante en las personas.

La patologización del malestar puede anular la subjetividad de la persona y la articulación de su dolor con lo que pasa en su entorno social. Entonces, la zona de indefinición en que navegan las microdosis podría ser a la vez su mayor virtud, ya que nos protege de diagnósticos. Claro que los diagnósticos en muchas personas pueden ser útiles, alojando diversos tipos de malestar, pero en otras pueden tener un efecto negativo de encasillamiento en una situación difícil de transformar.

¿Efecto farmacológico o efecto placebo?

El principio activo de los hongos es la psilocibina, que en nuestro cuerpo se transforma en psilocina, y actúa estimulando receptores de serotonina (un neurotransmisor que modula en alza nuestro estado de ánimo). En especial, se ha descrito que gran parte de los efectos de la psilocina se producen por estimulación de un receptor de serotonina llamado 5HT2A, el mismo receptor que estimula el LSD.

Vemos así que las dos principales sustancias de uso descrito para microdosis actúan sobre el sistema serotoninérgico y sobre un mismo receptor. Los antidepresivos tradicionales, en su gran mayoría actúan también sobre el sistema serotoninérgico y algunos estimulan sus receptores con un mecanismo muy similar al del LSD o la psilocina. Dicho en limpio: las drogas usadas para microdosis tienen muchas similitudes farmacológicas con los antidepresivos.

Esto no significa que sean lo mismo, porque aunque dos drogas se unan al mismo receptor, no lo estimulan con la misma potencia. Además, el sistema serotoninérgico es grande y consta de muchos receptores, de los cuales varios pueden ser estimulados por una misma droga. El efecto de cada una, será específico y dependerá de los receptores a los que se una y la potencia con la que los estimule.

Habiendo llegado hasta acá podemos suponer que las microdosis, al igual que los antidepresivos, tienen un efecto farmacológico. Sin embargo, también podríamos pensar que al tratarse de microdosis, es decir dosis ínfimas, los efectos percibidos no sean por la acción neurobiológica en sí misma, sino producto de la sugestión: el famoso efecto placebo.

Y si lo linkeamos con lo que hablábamos al principio, el efecto placebo en microdosis puede ser enorme. Ese refugio que construimos, puede generar cambios en la vida de una persona y hacer que se sienta distinta.

Para saber si lo que prima es el efecto farmacológico o el placebo, se hacen experimentos. En estos casos, los mejores son los ensayos a doble ciego, un grupo de participantes reciben las microdosis de psilocibina —sí, el compuesto aislado, excluyendo otros componentes del hongo— y otro grupo una píldora vacía, nadie está seguro si realmente tomó la droga o no. Al final se comparan ambos grupos y se ven los beneficios o problemas que se presentaron. Si el grupo que recibió la droga tuvo mejores resultados que el otro, podemos pensar que hay algo más allá de la sugestión que está causando estos efectos.

Sin embargo, aunque esto suene sencillo, es terriblemente costoso y complicado, ya que para que los estudios tengan validez estadística hay que hacerlos con un gran número de personas.

Por otro lado, al ser sustancias ilegales se necesitan permisos especiales. A su vez no es sencillo que todos los participantes cumplan correctamente con los tiempos y dosis de administración. Y al tratarse de sustancias que no pueden ser patentadas por laboratorios, no hay un verdadero incentivo económico para las inversiones necesarias en estos estudios.

Finalmente, si se sortean todos los obstáculos y se logra hacer el estudio, por tratarse de psilocibina o LSD, seguramente la expectativa y el contexto de los participantes —todo este tema del refugio— hace que el efecto placebo sea muy fuerte y esto podría diluir el efecto farmacológico. Es decir, nuestras expectativas positivas hacen que aunque el fármaco nos ayude, eso sea difícil de medir.

Pese a todas las dificultades mencionadas, hay muchos trabajos en la literatura científica que estudian el efecto farmacológico de las microdosis y la posible influencia del efecto placebo. Sin embargo no alcanza con un estudio que diga: “las microdosis funcionan para X” porque también hay otros que dicen: “el efecto percibido por los usuarios se debe a las expectativas, es efecto placebo”.

Las controversias son una constante en el campo de la construcción de conocimiento científico, ya sea por cuestiones metodológicas, por el sesgo subjetivo de lxs investigadorxs, o por el volumen de la población estudiada. Casi nunca hay un consenso absoluto en donde todos los trabajos sobre una temática concluyen lo mismo, más bien lo contrario. Pero sí pueden consolidarse los conocimientos científicos cuando una parte considerable de la comunidad de pares los acepta y utiliza.

Por ese motivo, hay trabajos llamados meta análisis, que no hacen experimentos clínicos, sino que reúnen la bibliografía más relevante sobre una temática y realizan un análisis estadístico integral de toda la data disponible para evaluar si se puede llegar a una conclusión.

Por ejemplo si hay un solo ensayo que dice que un fármaco es efectivo, pero hay 15 que dicen lo contrario, el meta análisis seguramente diga que dicho fármaco no funciona. No solo se analiza la cantidad de trabajos que dicen una cosa u otra sino la calidad metodológica de cada uno de ellos, el número de participantes involucrados, la heterogeneidad de la población de estudio (géneros, edades, etc.) y todos los factores que puedan influir en el resultado.

A continuación citamos fragmentos traducidos de las conclusiones de los tres meta análisis más recientes y relevantes que seleccionamos sobre el uso terapéutico de microdosis. Veamos si podemos identificar la predominancia del efecto farmacológico o del efecto placebo.

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“Nuestra revisión concluye que es prematuro sacar conclusiones sobre la eficacia o seguridad de las microdosis, ya que la calidad de la investigación no puede considerarse confirmatoria.” Artículo disponible acá.

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“A medida que crece el entusiasmo público generalizado por la promesa de la terapia psicodélica, también aumentan las preguntas sobre si, y en qué medida, los resultados de los ensayos están sesgados por expectativas positivas”. Artículo disponible acá.

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“Se han encontrado varios resultados contradictorios con respecto a los riesgos y beneficios. Por ejemplo, parece que mientras algunas personas se benefician de las microdosis en términos de estado de ánimo, procesos creativos y energía, otras personas experimentan un empeoramiento de estos y otros aspectos”. Artículo disponible acá.

Por lo que vimos hasta ahora, estamos frente a una sustancia que, a nivel teórico, conociendo su mecanismo de acción, podemos suponer efectos antidepresivos, ansiolíticos y vinculados a toda esa gran diversidad de búsquedas y expectativas que todavía no sabemos cómo nombrar correctamente.

Por otro lado, sabemos que más allá de los efectos meramente farmacológicos, el andamiaje subjetivo que se construye en torno a este tipo de sustancias puede constituir un espacio de bienestar en sí mismo, que quizás se articule con el efecto farmacológico. ¿Podría esta articulación ser sinérgica y responsable del bienestar reportado por lxs usuarixs? Tal vez, o a lo mejor no. Seguramente con la masificación del uso de estas sustancias en un futuro cercano, surgirán estudios que puedan disipar esta duda de una manera más clara.

¿Será el intento de romper equilibrios de malestar?

Ya sabiendo que no podemos asegurar nada, me gustaría que pensemos un último punto que resulta llamativo de las microdosis de hongos. Más allá de que a nivel del mecanismo de acción la droga funcione muy similar a los antidepresivos, el uso típico parece perseguir un objetivo muy distinto.

En la mayoría de las terapias convencionales el fármaco se toma una vez al día para que la sustancia mantenga su concentración activa y su efecto en nuestro organismo. En cambio, el protocolo más común de microdosis con hongos indica tomas cada 3 días, asegurando que en la pausa nos quedamos sin la droga en sangre. Teniendo en cuenta que el tiempo de vida media* de la psilocina es de entre 2 y 4 horas, unas 15 horas después de la ingesta, ya no queda prácticamente nada en circulación.

Tiempo de vida media

El tiempo de vida media es lo que demora una sustancia en disminuir a la mitad su concentración en sangre. Si el tiempo es largo la sustancia se elimina lentamente. En cambio, un tiempo corto corresponde a una depuración rápida de nuestro cuerpo.

Mientras las terapias convencionales parecen generar una nueva situación de equilibrio en la actividad de nuestro sistema serotoninérgico, las microdosis producen algo distinto: una oscilación. Tenemos a la psilocibina en nuestro organismo durante el día de la toma y luego dos días de descanso. ¿Por qué es así? ¿No sería esto desequilibrante a nivel emocional? Puede serlo. A lo mejor es lo que buscamos, salir del malestar equilibrado, constante y funcional que nos propone el sistema. Si en cambio buscamos algo diferente, decisiones en consecuencia deberíamos tomar.

Quizás, con el uso de los psicofármacos convencionales se genera una adaptación al medio, que resulta entonces más vivible, pero también menos transformable. Así como el dolor físico es un síntoma de daño orgánico y saco rápido el dedo si me estoy quemando, el dolor emocional podría también sacarnos de lugares que nos lastiman. Si tapamos el dolor con nuevos equilibrios farmacológicos, quizás sea difícil dejar de quemarnos.

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