Cocaína fumable: ¿Qué es el crack?

crack cocaína fumable
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Fumada, la cocaína genera AEME, un compuesto neurotóxico que no existe cuando va por la nariz. Comparten la misma molécula, pero tienen distinto trato social. ¿Qué diferencia a una de la otra?

Si hablamos de la identidad química, podría decirse que el crack y la falopa son prácticamente lo mismo. Clorhidrato de cocaína es la merca que se esnifa, la clásica, y cocaína neutra es el crack. De ahí la famosa escena vivida por algunos, fantaseada por otros y vista en el cine por los demás: la cuchara, el bicarbonato y la blanca, todos con unas gotitas de agua, calentadas con un encendedor y… ¡crack! ¿Pero qué está pasando químicamente en este ritual?

En primer lugar, al mezclar la falopa y el bicarbonato en cantidades similares y luego tirar las gotas de agua, se forma una solución alcalina con la capacidad de transformar al clorhidrato de cocaína, que es ácido, en su forma neutra, que no es tan soluble en agua y que es vaporizable. Al calentar con el encendedor, las reacciones ácido-base se aceleran y aparecen las burbujas. Ese es el momento exacto en el que se pone en juego la habilidad del cocinero. Empieza a flotar en la solución una especie de capa aceitosa: es la cocaína neutra, que pierde solubilidad en agua y por eso la vemos como una fase aparte. ¿Y por qué la habilidad del cocinero?

“Con la mano izquierda sostenía la cuchara, con la derecha, con el dedo índice extendido, iba rozando la superficie de la solución, nunca entendí cómo lo hacía sin quemarse, la película aceitosa se iba pegando al dedo, se iba endureciendo, cuando finalmente retiró el dedo con suavidad, se terminó de formar una piedrita sólida”, nos cuenta un usuario anónimo.

¿Y para qué se hace todo esto? Porque si calentamos clorhidrato de cocaína, este se degrada en su mayor parte antes de evaporarse; en cambio, la cocaína neutra sí se puede fumar, y a eso lo llamamos crack.

Ahora bien, acá viene lo más sorprendente: una vez vaporizada e inhalada, al pH de nuestro organismo, la mayor parte de la cocaína vuelve a su conformación ácida, como estaba antes de que la mezclemos con bicarbonato. Es decir que la sustancia química que termina llegando a nuestro cerebro es la misma. Pero a una velocidad mucho mayor.

Entonces, ¿son la misma droga? Depende. ¿Acaso la sustancia química define a la droga? La respuesta rápida sería que sí, pero esta nota es una invitación a repensar esa respuesta.

Esnifada o fumada

Si la estructura molecular es la misma, ¿por qué cambia tanto esnifada y fumada?

El crack genera la concentración sanguínea máxima, o lo que técnicamente llamamos pico de concentración plasmática, en 5 minutos. En cambio, la cocaína esnifada demora entre 20 y 40 minutos en alcanzar su concentración máxima, según la investigación de Heard y equipo (2008).

¿Y es importante la diferencia de velocidad? La verdad es que sí. Nuestro cerebro está entrenado para detectar los cambios, y cuanto más rápido se producen, el estímulo percibido es mayor. Experimentos en humanos demostraron que la cocaína fumada es la que genera los mayores efectos subjetivos, superando a la vía intravenosa y, por un margen aún mayor, a la cocaína esnifada.

La velocidad de incremento podría explicar el mayor efecto fumando que esnifando, pero ¿cómo se explica que la cocaína fumada produjese más efecto subjetivo que inyectada? La velocidad es importante, pero ¿hay algo más?

El ritual de preparación que tiene el crack, con su cocinada muchas veces en contextos precarios y su fumada con elementos caseros, puede generar todo un manto de expectativas que hacen a la experiencia. Y, sobre todo, EL OLOR. 

¿Quién no se encontró con un aroma que lo traslada a su infancia, a un viejo barrio o, quizás, un perfume que recuerda a un viejo amor? 

Es que los olores se asocian muy fuertemente a las experiencias y son capaces de evocar los recuerdos más vívidos.Y acá el crack juega en las ligas mayores: quien lo ha fumado nunca olvida el olor. Inclusive funciona como un predictor tan potente del estímulo que produce un aumento de la frecuencia cardíaca y muchos efectos similares a los de la sustancia en cuestión. 

Resumiendo, LA VELOCIDAD, EL RITUAL y sobre todo EL OLOR nos dan la información de que esa sensación placentera está por llegar. “Siento el olor y ya me sube todo”, nos cuentan.

¿Pero qué está pasando con el crack? Según la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, la cantidad de personas que ingresaron por primera vez a tratamiento teniendo al crack como droga principal aumentó un 53 % entre 2018 y 2024: pasó de 2.800 a 4.300. ¿Y son preocupantes estos números? No en sí mismos, pero marcan un cambio de tendencia: una sustancia que se creía olvidada empieza a resurgir.

En Argentina no tenemos datos oficiales que releven el uso de crack. La ENCoPraC 2022, realizada por SEDRONAR e INDEC, pregunta específicamente por crack y también incluye cocaína fumada e inyectada en el cuestionario; sin embargo, en los resultados solo publica datos agregados de uso de cocaína, sin especificar las vías de administración por falta de prevalencia. 

Otra limitación metodológica muy fuerte de la ENCoPraC radica en que se trata de una encuesta de hogares: de esta manera, las sustancias consumidas por personas que viven en lugares alternativos (calle, paradores, comunidades) no son correctamente relevadas, y se genera una subestimación del uso de dicha sustancia. 

Cuando se trata de sustancias y prácticas históricamente marginalizadas, muchos usuarios pueden tener una importante reticencia a responder, especialmente a agentes de un Estado que siempre los castigó. 

Independientemente de las limitaciones que no permiten estimar las tendencias de consumo con rigor científico, en los últimos años empezaron a aparecer señales territoriales de un cambio en la forma de consumir cocaína. En Rosario, la agencia provincial de drogas advirtió en 2023 que desde la pandemia aumentó el consumo de cocaína fumada, especialmente entre jóvenes; y en Mar del Plata, una comunidad terapéutica registró que la proporción de sus pacientes que consumían cocaína fumada pasó del 23 % en 2016 al 89 % en 2022. Son datos locales y no permiten estimar el consumo nacional, pero sugieren que el fenómeno merece ser seguido más de cerca.

¿Qué hacer desde la reducción de daños? ¿Misma sustancia, mismos riesgos?

Cuando fumamos cocaína, el calor de la llama que usamos para vaporizar genera reacciones químicas (pirólisis) que transforman una fracción de la cocaína en otros compuestos; uno de ellos, la anhidroecgonina metil éster (AEME), resulta neurotóxico. 

En un estudio (1990) en seres humanos que usaron cocaína esnifada, inyectada y fumada, se vio que el AEME solo aparecía en la orina de quienes la fumaban. Incluso el AEME en orina se usa en medicina legal y forense como marcador de uso de cocaína fumada. Si bien el estudio tiene muchos años, por razones de ética no se han repetido pruebas en humanos y sigue siendo una referencia. 

El AEME tiene efectos neurotóxicos documentados en modelos animales (afecta la memoria espacial y daña células nerviosas por estrés oxidativo), pero todavía no está claro qué peso tiene ese compuesto, en las dosis que efectivamente llegan al organismo al fumar, en la toxicidad global del crack en humanos.

¿Entonces el crack y la cocaína son la misma droga?

Hoy, en la era de los reels, del TikTok, en la era del estímulo inmediato, ¿sería una sorpresa que, como sociedad, nos inclinemos a modalidades de consumo con recompensas cada vez más rápidas, como la cocaína fumada?

Podemos decir que comparten el mismo principio activo; sin embargo, el uso, los rituales, las poblaciones usuarias y, sobre todo, la experiencia y el imaginario que genera ecada una son diferentes. 

Y ahí está el problema: la diferencia de nombre no es inocente. Históricamente, el crack se asoció a la pobreza y la marginalidad, cargó con penas más duras y menos compasión que la misma sustancia esnifada en otros contextos sociales. La pregunta de si son “la misma droga” termina siendo, en la práctica, una pregunta sobre a quién castigamos más severamente. Lo que importa para cuidarse, es el efecto y los riesgos específicos de cada vía. 

Riesgo Cocaína esnifada Crack / cocaína fumada Reducción de daños
Cardiovascular y neurológico Taquicardia, hipertensión, arritmias, infarto, ACV, convulsiones Los mismos riesgos. El comienzo mucho más rápido puede favorecer redosificaciones sucesivas Espaciar consumos, evitar sesiones prolongadas y no combinar con otros estimulantes. Dolor de pecho, falta de aire, convulsiones, déficit neurológico o hipertermia requieren atención médica urgente
Alcohol/cocaetileno La combinación genera cocaetileno, prolonga los efectos y aumenta el riesgo cardiovascular Igual Evitar combinar cocaína y alcohol
Daño local Sangrado nasal, inflamación, pérdida de olfato, sinusitis y, con uso crónico, perforación del tabique Quemaduras de labios y boca, tos, broncoespasmo, hemoptisis; raramente neumotórax, hemorragia pulmonar o “crack lung” Para esnifar: tubos propios, lisos y limpios y no compartirlos. Para fumar: pipas apropiadas de vidrio resistente al calor, boquilla y filtro o pantalla adecuados
Compartir elementos Las lesiones de mucosa pueden dejar sangre microscópica en tubos compartidos Las quemaduras y cortes labiales pueden contaminar pipas compartidas con sangre No compartir tubos, pipas ni boquillas
Elementos improvisados Billetes u objetos ásperos pueden lesionar la mucosa Pipas caseras pueden producir cortes, quemaduras y exposición a materiales inadecuados Usar material diseñado para un consumo más seguro
AEME Prácticamente ausente El calentamiento produce AEME, con neurotoxicidad demostrada experimentalmente No conocemos una maniobra que elimine este riesgo mientras la cocaína sea fumada; su importancia clínica en humanos todavía no está cuantificada
Adulterantes / composición desconocida Presente Presente Cuando esté disponible, análisis de sustancias o drug checking. Evitar asumir potencia o composición por aspecto, olor o procedencia
Dependencia y consumo compulsivo Puede existir El inicio extremadamente rápido y el efecto breve favorecen ciclos rápidos de repetición Evitar encadenar dosis, introducir pausas y prestar atención a la pérdida de control sobre frecuencia o cantidad
BICARBONATO CASCARITA PIPA

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