La potencia del cannabis aumenta, la información no

la potencia del cannabis aumenta pero la información no
Cortesía Flower Power
Un proyecto de ciencia ciudadana analizó los cannabinoides de muestras en copas y eventos cannábicos colombianos entre 2020 y 2023. Encontraron una tendencia hacia el aumento del contenido de THC en las flores y lo contrario para el CBD. Estos son los resultados y la historia de Flower Power: información para la regulación.

Hubo un tiempo en Colombia que para conseguir buena marihuana se debía pedir cripy y evitar la prensada o el pasto loco, esa mezcla de hojas secas, excesivos tallos y semillas que apenas producía un efecto. Leyendas como la Punto Rojo o Santa Marta Gold eran tesoros para iniciados. Hoy, el mercado recreativo de facto parece vitrina de lujo: smoke shops exhiben genéticas con nombres rimbombantes (Purple Haze, Sour Diesel o Girls Scout Cookies), extractos en frascos minimalistas, gomitas que imitan dulces infantiles y vaporizadores que parecen gadgets de última generación. Pero tras tanta sofisticación hay una ironía: no sabemos realmente qué hay dentro de esos empaques fotogénicos.

Una investigación reciente impulsada por usuarios y expertos colombianos, reveló un mercado cannábico cada vez más enfocado en la potencia, un mercado diverso pero también con más riesgos. Frente a la inacción estatal, el proyecto no se queda en el miedo: empodera a la comunidad y transforma el viejo legalicela usted mismo en un nuevo infórmese y reduzca daños usted mismo

La información recolectada, y presentada parcialmente en este artículo, no solo está en concordancia con la información histórica y oficial, poniendo en perspectiva el escenario de los niveles de THC en Colombia en la actualidad, sino que muestra como la autogestión de la información ha cimentado bases para la transformación y el empoderamiento de la comunidad usuaria de la planta en el país.

Mientras el debate sobre la regulación sigue empantanado, en las calles, los cultivos y los círculos de usuarios ya están construyendo el camino hacia un cannabis más seguro, de calidad y consciente. Ahondaremos en las implicaciones en términos de reducción de daños, impacto ambiental y consideraciones socioculturales que se invitan a discutir con esta iniciativa.

El proyecto Flower Power

A principios de 2019, cuando el cannabis medicinal emergía como prometedor sector económico en Colombia, una empresa del Valle del Cauca obtuvo licencias de cultivo y sustancial capital privado. Sin embargo, en apenas dos años, la compañía dilapidó sus recursos en inversiones fallidas y acumuló deudas significativas con proveedores, empleados, socios e incluso con el fisco nacional. Este fracaso empresarial, resultado de una gestión incompetente, prácticas corruptas y un marco regulatorio que favorecía monopolios en detrimento de la competencia, terminaría siendo representativo de un generalizado y frustrado sueño verde que devenía pesadilla para la naciente industria del cannabis medicinal.

John León, antropólogo, etnobotánico, usuario y cultivador experto con más de 20 años dedicados a esta planta y sus virtudes, transformó el fracaso industrial en Flower Power. Este proyecto autogestionado surgió inicialmente para hacer accesibles los análisis de cannabinoides, escasos y costosos, acompañados de asesorías especializadas.  Con el paso del tiempo, lo que comenzó como un negocio modesto pronto reveló su verdadero valor. Los datos recopilados sirven como herramienta de empoderamiento para cultivadores y consumidores, desde una perspectiva amplia de reducción de daños.

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John León de Flower Power en una copa cannábica.

En el camino se incorporaría el Centro de Innovación Cultura y Sociedad (CENICS), cuyo aporte fue fundamental para analizar los datos con un enfoque de reducción de daños basada en evidencia y políticas de drogas con perspectiva social.

Posteriormente, se unió Figura 1, llevando su experticia en gestión del conocimiento para traducir hallazgos complejos en materiales accesibles para la comunidad. Esta sinergia entre rigor científico y pedagogía práctica sigue dando frutos hoy, creando un modelo replicable donde la investigación se convierte en acción. 

Sin embargo, introducir esta iniciativa en el mundo del cannabis no fue fácil. La planta arrastra una paradoja incómoda, y es su imagen de producto natural benigno, reforzada por los avances terapéuticos, lo cual choca con la dificultad para discutir sus riesgos reales. Muchos entusiastas caen en la simplificación, glorificando el cannabis mientras estigmatizan otras sustancias, perpetuando así el mito de su total inocuidad al destacar sólo sus beneficios.

Lo que alguna vez fue una planta silvestre en Asia, se ha transformado a través de siglos de cultivo e ingenio humano, en un producto tan diverso como sus usos. Hemos co-evolucionado con el cannabis, moldeando sus quimiotipos y fenotipos hasta crear expresiones únicas en cuanto a estética, aroma, sabor y efecto. 

Una de tantas variables modeladas por las preferencias humanas, es la potencia. Este estudio confirma cómo el cultivo especializado ha convertido al cannabis clásico de bajo contenido psicoactivo, en variedades ultra potentes, en sintonía con la tendencia creciente en el país y en el mundo. 

Potencia del cannabis en Colombia

Evaluando desde flores auto cultivadas o de proyectos licenciados, hasta las flores que competían en las copas cannábicas más importantes en el país, desde el 2020 hasta el 2024, Flower Power recolectó 533 muestras de cannabis en 15 regiones de Colombia, desde el Caribe hasta los valles del sur, pasando por centros urbanos como Bogotá y Medellín. El objetivo: entender cómo varían las concentraciones de THC (el compuesto psicoactivo) y CBD (el cannabinoide terapéutico) en el país. 

Para estos análisis se usó un espectrómetro NIRS de última generación, que identifica THC (0.2%-30%) y CBD (0.2%-20%) mediante sus firmas infrarrojas únicas. Los resultados tienen un margen de error de ±10% frente al estándar HPLC (certificado ISO 17025).

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Resultados de un análisis. (Cortesía Flower Power)

Aunque este estudio no es fielmente representativo del mercado cannábico colombiano, sus hallazgos marcan un hito, al  proporcionar datos pioneros que sirven como referencia clave para la industria, la comunidad cannábica y futuras regulaciones.

THC: La fuerza que domina el mercado

El THC es el cannabinoide que domina el cannabis recreativo por sus efectos psicoactivos. De acuerdo con el estudio, las flores navegan entre un 4% de THC en las variedades más suaves hasta un potente 20.4% en las cepas más fuertes, con la mitad de los cogollos analizados concentrados entre ese punto dulce del 10.3% al 15.3%.

Este abanico de concentraciones confirma que Colombia tiende a cultivar y consumir cannabis potente. Pero el dato más revelador está en la tendencia: las muestras de 2024 superan claramente a las de 2020 en concentración de THC. Los datos dibujan un mercado que, lejos de los mitos del pasado, hoy apuesta por experiencias cannábicas más profundas y marcadas. 

¿La causa? Mejoras en cultivos, selección genética o demanda de mercados que privilegian el efecto psicoactivo. La concentración de THC en cada variedad de cannabis es tan importante en la actualidad, que este cannabinoide no solo establece el precio de la flor en los mercados, incluso las semillas se promocionan y se cobran de acuerdo a las teóricas cantidades de THC de cada variedad al momento de su cultivo. Paralelamente con el desarrollo genético hay pequeños cultivadores en el país que han alcanzado un nivel de cultivo profesional a tono con el mercado global. No obstante, el aumento del THC plantea preguntas sobre regulación y salud pública. 

THC y CBD: Un equilibrio cambiante

Con demostrados beneficios terapéuticos (epilepsia, ansiedad, etc), el cannabidiol se ha convertido en el estandarte medicinal de la industria. Su verdadero valor radica en su capacidad para equilibrar los efectos del THC, mitigando ansiedad y taquicardia y otros malestares. Por ello, este estudio analizó los ratios THC:CBD, revelando qué perfiles químicos dominan el mercado actual y sus implicaciones. 

El análisis revela una dinámica clara: Mientras el THC aumenta, el CBD disminuye. Esta relación inversa es más marcada en variedades con menos del 10% de THC. Aunque el patrón persiste en cepas más potentes (THC >10%), se atenúa significativamente, sugiriendo que algunos cultivadores están logrando combinar ambos cannabinoides contra la tendencia general.

Al analizar muestras con más del 10% de THC, encontramos una correlación negativa débil (-0.19) entre ambos cannabinoides. Esta cifra revela que, si bien existe cierta tendencia inversa (a más THC, menos CBD), la relación dista de ser determinante.

El dato sugiere que, en el rango de alta potencia, la presencia de CBD se vuelve más impredecible, abriendo posibilidades para cultivadores que busquen desarrollar cepas con perfiles más balanceados. Esta atenuación de la relación inversa en cepas potentes abre la posibilidad, aunque aún no común, de desarrollar cannabis con alto THC que conserve niveles significativos de CBD. Por ahora, la balanza sigue inclinándose hacia el THC.

Mientras en el ámbito del cannabis medicinal los productores han tenido que ajustarse a estándares que controlan los niveles de THC —lo que conlleva una mayor homogeneización en los productos farmacéuticos—, en los mercados recreativos informales la tendencia es a aumentar la potencia y la experiencia.

Contexto de la potencia del Cannabis

Estos datos son de especial relevancia si consideramos que el cannabis es la sustancia psicoactiva ilícita más consumida en el mundo, y a su vez, la más consumida en Colombia. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su informe 2025, reporta que se estiman 244 millones de usuarios de cannabis en el mundo. Indica además que el número de consumidores se ha incrementado en la franja de edad de 15 a 64 años, de un 3,9% a 4,6% desde 2013 a 2023. 

En Colombia, según el Estudio Nacional de consumo de sustancias psicoactivas realizado en 2019, el 8,3% de la población representada en el estudio declaró haber consumido esta sustancia alguna vez en la vida, con diferencias significativas entre hombres (12,3%) y mujeres (4,6%), Estas cifras se encuentran solo por debajo de los niveles de consumo de alcohol y de tabaco, sustancias psicoactivas legales.

En el año 2022, la UNODC reporta que la potencia del cannabis en algunas partes del mundo se ha cuadruplicado en las últimas dos décadas. El cultivo selectivo y especializado del cannabis durante el último siglo (en especial cultivo indoor) ha llevado a que las concentraciones de THC del cannabis actual excedan por mucho las concentraciones que se encontraban en las plantas de marihuana del siglo pasado. 

Una revisión sistemática sobre el tema, corrobora lo anterior, resaltando como las concentraciones de THC han aumentado aproximadamente un 0,29 % cada año desde 1970 hasta 2017. Esto equivale a un 13, 63% más durante esos 47 años. Para la resina de cannabis, las concentraciones de THC han aumentado aproximadamente un 0,57 % cada año desde 1975 hasta 2017.

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Equipo NIRS durante el análisis de muestras de una copa cannábica.

Lo que hace dos décadas se veía como una cepa potente (10% THC) hoy queda opacado por variedades que superan el 30%, sin contar los concentrados que multiplican esa potencia. Esta carrera ascendente no es casual: en Norteamérica, los productos altos en THC proliferan mientras el CBD disminuye, mientras en Europa la potencia ha variado de manera un tanto más modesta, sin embargo no ausente de riesgos para los consumidores.

Impactos de la potencia del cannabis en la salud

Investigaciones respecto al impacto de la potencia del cannabis en la salud indican que a mayor concentración de THC, mayores son los efectos adversos agudos y mayores indicios de consecuencias a largo plazo. Una revisión sistematica sugiere cambios más marcados en la materia blanca cerebral en consumidores de cannabis de alta potencia (generalmente >15% THC) versus los de baja potencia.

El consumo de productos con alto THC se asocia consistentemente con:

  • Deterioro cognitivo inmediato
  • Problemas de memoria
  • Mayor gravedad de trastornos por consumo de cannabis 
  • Síntomas psicóticos (aunque persiste el debate sobre causalidad)
  • Mayor riesgo de ansiedad y depresión en jóvenes
  • Los adolescentes son particularmente vulnerables, ya que suelen regular peor sus dosis, aumentando así el riesgo de dependencia y otros daños.

Datos para la salud

El mercado colombiano avanza hacia concentraciones más altas de THC, pero los peligros no son iguales para todos. Los consumidores habituales desarrollan tolerancia, aunque esto podría enmascarar problemas a largo plazo. Para los nuevos usuarios, la experiencia puede ser abrumadora, con efectos intensos que, aunque temporales, pueden resultar traumáticos. Y para adolescentes y personas con condiciones de salud mental previas, el riesgo se multiplica.

Simplificar el THC como meramente psicoactivo y el CBD como puramente terapéutico ignora la realidad compleja del cannabis. La experiencia real surge de la sinergia entre cientos de compuestos de la planta (efecto séquito), el contexto de consumo y el estado individual del usuario.

Sin embargo, el monitoreo de la potencia es una herramienta valiosa que permite identificar riesgos inmediatos mientras abre diálogos necesarios sobre reducción de daños, empoderamiento comunitario, buenas prácticas de cultivo y consideraciones socioculturales y políticas. 

Cultivar el futuro: cuando la reducción de daños integral echa raíces

En un contexto sin marco regulatorio claro, la comunidad cannábica colombiana está liderando su propio camino. Este proyecto, desarrollado en la alianza de Flower Power con CENICS y Figura 1, reemplaza mitos con datos científicos y combate estigmas mediante educación, construyendo desde las bases una cultura de consumo responsable.

La iniciativa aborda vacíos críticos en salud pública con un enfoque integral de reducción de daños que parte desde el cultivo, pasa por el uso y busca considerar los  impactos ambientales y dimensiones sociopolíticas. Actualmente, las organizaciones buscan desarrollar un proyecto para analizar la huella ecológica del autocultivo y el manejo de desechos de la industria (tales como baterías) , respondiendo a las urgencias ambientales globales que no dan espera.

El autocultivo consciente se revela así como una forma de resistencia ecológica y política. La reducción de daños, en este sentido, no solo es sobre dosificar el consumo, sino como cultivar de manera que las futuras generaciones puedan seguir haciéndolo, teniendo en cuenta sus impactos ambientales y socioculturales. No habrá cannabis verdaderamente seguro en un planeta devastado.

Se hace una invitación a seguir creando alianzas y ejercicios como este, que más que una investigación son un llamado a crear políticas que prioricen la justicia social y salud pública sobre intereses comerciales. Busca establecer estándares de calidad accesibles para pequeños productores en un mercado global competitivo, asegurando que sus voces sean escuchadas en los debates regulatorios futuros.

La verdadera regulación no llegará por decreto, sino como reconocimiento a lo que ya existe: comunidades auto-educándose, compartiendo saberes y midiendo riesgos mientras el Estado decide si actúa. La pregunta no es si Colombia está lista para regular el cannabis, sino si alcanzará a entender la regulación que ya brota desde las bases.

COLOMBIA NIRS THC

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