El jueves por la madrugada un joven cordobés de 19 años falleció en Rosario tras ser internado por una descompensación que sufrió en la fiesta donde tocó Guy J. en el salón Metropolitano, organizada por Lado B Producciones.
El joven fue atendido por el personal del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) y se decidió llevarlo de urgencia al hospital Centenario debido al cuadro de hipertermia que presentaba.
Desde la institución describieron los síntomas como “presunta intoxicación, taquicardia, depresión sensorial y complicaciones en las vías respiratorias”. En el hospital sufrió dos paros cardiorrespiratorios y falleció.
“Sabíamos que había estado en una fiesta electrónica, y por la depresión del sensorio podía inferirse algún tipo de consumo”, dijo la directora del hospital, Claudia Perouch, al diario La Capital.
Fiscalía ordenó que se practique una autopsia para determinar las causas del deceso.
Los casos se repiten
Esta muerte ocurre tres semanas después de que un joven de 27 años muriera en circunstancias similares tras descompensarse en una fiesta en Mandarine Park, Ciudad de Buenos Aires.
Los casos se repiten y el problema no son las drogas, sino su adulteración. No son las fiestas electrónicas, sino las malas condiciones de infraestructura que disponen sus organizadores. No son los jóvenes, sino la falta de información.
Mientras Argentina impide la legalidad de los testeos de sustancias en eventos de este tipo, las organizaciones de reducción de daños los realizan en la clandestinidad dando información y poder de decisión a los asistentes.
Estos casos se vinculan al de Puerta 8 y Time Warp, que causaron muertes por falta de información y por la imposibilidad de conocer la composición de las sustancias.
El problema no es el uso de drogas, sino la Ley de estupefacientes 23.737 y su paradigma prohibicionista-abstencionista.



