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23 febrero, 2024

Vida sustentable: Entrevista a Agustina San Millán

[vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_row_inner][vc_column_inner width=”1/6″][/vc_column_inner][vc_column_inner pofo_column_animation_style=”none” width=”2/3″][vc_custom_heading text=”Por Diamela Saurín
El mundo que nos rodea cada vez grita más fuerte que tomemos conciencia sobre el espacio que habitamos. Este no nos pertenece, solo estamos de paso y estamos encargados de dejarlo en las mejores condiciones. Debemos respetarlo y generar nuevas formas de sustentar nuestra vida, apostando a que la acción más pequeña pueda hacer la diferencia.

La activista y emprendedora paranaense, Agustina San Millán, nos cuenta su proceso personal hacia una vida Zero Waste y sus emprendimientos que crecen y se esparcen por las redes sociales. También nos invita a reflexionar sobre el consumo de lo que creemos que es indispensable.

Vos, podrías responder a esta simple pregunta: ¿A dónde va a parar lo que desechamos? ” font_container=”tag:h4|font_size:18|text_align:left|color:%23000000|line_height:24px” google_fonts=”font_family:Raleway%3A100%2C200%2C300%2Cregular%2C500%2C600%2C700%2C800%2C900|font_style:500%20bold%20regular%3A500%3Anormal” css_animation=”none”][vc_column_text]

¿Cuándo empezaste a llevar una vida sustentable?

Me considero una persona curiosa y comprometida con lograr un mundo mejor, más justo. Eso me llevó, en los últimos años, a lecturas que me hicieron despertar hacia un estilo de vida más respetuoso con el entorno. Decidí aplicar lo que venía leyendo, viendo de otras personas y compartir esas experiencias a través de mis redes sociales, un poco a modo de experimento personal, y otro poco buscando contagiar a otros. Terminé ejerciendo una especie de activismo chiquito y virtual que poco a poco fue creciendo y excediendo las redes. Hoy por hoy me gusta pensarme como agente de cambio. A principios del año pasado hice una formación intensiva de una semana en Santiago de Chile, dentro de La Academia Circular, un espacio desarrollado por La Asociación de Consumidores Conscientes. Allí me formé como Agente de cambio en hábitos de consumo y estilo de vida sustentable. Esa, podría decirse, es la única experiencia formal que tengo en relación a mis conocimientos sobre sustentabilidad, el resto fue puro interés y eso es lo que intento contagiar. Quiero que la gente a mi alrededor encuentre el poder que tiene como ciudadano, sin dejar de exigir a quien corresponde y no esperar que otros vengan a solucionar los problemas de los que todos somos parte.

¿Cuáles son tus referentes?  

Las redes sociales tuvieron un rol muy importante en este viaje que emprendí. Primero porque me permitieron acceder a información y segundo porque me dieron la posibilidad de compartir mis experiencias y ser parte de una comunidad creciente que está redefiniendo la manera de consumir y relacionarse con el ambiente. A nivel global, referentes en el tema son Bea Johnson y Lauren Singer, quienes me inspiraron para comenzar. Hoy por hoy me siento mucho más cerca de la visión de sustentabilidad más integral que comparte Mariana Matija desde Colombia. También sigo a Karin Dreyer de Brasil, y su proyecto Por Favor Menos Lixo. Admiro mucho a Rob Greenfield, que se destaca como activista ambiental entre lo que parece ser un “mar de mujeres”. A nivel local, me inspiran mucho @lalocadeltaper, @sustentable.arg, @zerowaste.arg y mi amiga @yoga.con.edelmira. También hay cada vez más grupos en Facebook. Recomiendo a quien quiera comenzar que se una a Comunidad Argentina Zero Waste, porque se comparte mucha info y te sentís acompañada por la comunidad.

En tu instagram hay varias publicaciones sobre formas de generar menos basura: ¿Cuándo empezaste? ¿por qué?

La “vida sustentable” tiene mil matices, cada uno la aborda como puede, como se lo permite el entorno y es un proceso más que un resultado. Yo no siento que tenga la –remarca el la– vida sustentable. En el imaginario colectivo cuando se habla de vida sustentable o ecológica, muchas personas se imaginan una “ecoaldea autosustentable”, “cosas de hippies” diría mi papá. A mí eso me encanta, pero esa idea nos aleja de la posibilidad de pensarnos viviendo vidas más respetuosas donde sea y es justamente lo que necesitamos. Yo vivo en esta ciudad, tengo una vida muy corriente pero desde hace unos años empecé a ser más consciente sobre mi consumo. Fui cambiando hábitos paulatinamente y hasta hace un poco más de dos años me embarqué de lleno en la filosofía o estilo de vida “Zero Waste” o “Basura cero”. Esto fue después de ver el video de una tortuga a la que le sacan 10 centímetros de sorbete de la nariz. Las imágenes me pegaron fuerte y me sentí responsable. Así que prometí nunca más usar sorbetes, bolsas, vasos y después todo tipo de plástico innecesario. Entonces empecé un proceso que hoy me lleva a producir en dos meses la basura que un ciudadano de Paraná produce en un día: 1,5 kg.  Entendí que la basura no desaparece cuando la saco de mi casa, tampoco cuando se la lleva el camión y definitivamente no desaparece cuando llega al volcadero. El movimiento basura cero se trata de consumir dándole prioridad a todo lo que venga de materiales reutilizables, compostables y/o reciclables. Se evita comprar lo que no es estrictamente necesario, se reflexiona acerca de los procesos y materias primas utilizadas en los productos que usamos y sobretodo se piensa en lo que va a pasar después cuando lo descartemos. Cuando hay descarte, siempre lo hay en un sistema lineal como el que vivimos, se trata de gestionarlo de la mejor manera posible: Si es orgánico vuelve a la tierra a través de composteras, si puede reutilizarse o reciclarse se procura que eso suceda. En resumen, se trata de ejercer un consumo responsable, minimizando el desperdicio de recursos.

¿Alguna vez te costó mantener esta forma de transformación?

Como todo lo que se hace por convicción real y fuerte, nunca me costó mantenerme en este camino, al contrario, siento que cada vez logro y profundizo más. Obviamente hay cierto desgaste, sobre todo emocional, porque este estilo de vida implica ir en contra de casi todo lo que está establecido. Hay días que uno no está con ánimos de hacer las cosas diferente, o de explicar cómo o por qué hace lo que hace, o incluso de comerse las “bromas” de amigos y familiares. Pero después ves que esa misma gente que no entendía se contagia, y todo vale la pena.

¿Tenes algunos materiales/ herramientas/ objetos reutilizables que no te pueden faltar en el día a día?          

Los objetos que no me pueden faltar para llevar adelante estas prácticas más conscientes son mis amadas bolsas de tela, no me refiero sólo a las de friselina que todos conocemos y la mayoría tiene durmiendo en algún lugar de la casa. Uso algunas más pequeñas de lienzo u otras de tela rescatada para poder comprar frutas, verduras y otros alimentos sueltos, como cereales, legumbres, panificados, entre otros. También reutilizo frascos y tapers para comprar cosas líquidas o más volátiles como harinas o condimentos.

En casa tengo compostera “un intento de huerta”, uso esponjas vegetales o tejidas en fibras naturales, cepillo de dientes de bambú, afeitadora con hojas de gillette -como las de los abuelos-, copa menstrual reutilizable, toallitas de tela, productos de higiene personal y limpieza comprados sueltos, reutilizando envases o directamente hechos por mí con ingredientes muy simples.

¿De qué modo intentas consumir la menor cantidad posible de productos del mercado?

Elijo verdulerías, dietéticas y almacenes. Junto a las bolsas llevo siempre un kit decubiertos, sorbete de acero, vasito plegable y servilleta de tela, para poder evitar descartables. Otro infaltable es mi botella de vidrio, que mantiene el agua fresca y limpia y me evita comprar botellas de plástico a lo largo del día.

Al poco tiempo de implementar estos cambios, mis visitas al contenedor en la vereda se fueron espaciando, a tal punto de que el tacho de basura de mi casa fue volviéndose innecesario dos años después de haberme propuesto cambiar mis hábitos y reducir mis desperdicios.  

¿Comó nacen Las Simples Cosas?

De a poco, cambiando de a una cosa a la vez, cuando podía, cuando me sentía lista y  conseguía el objeto/material/herramienta que andaba buscando. Así fue que surgió mi emprendimiento: Las Simples Cosas, en un intento de hacerle la vida más fácil a quienes están revisando sus hábitos de consumo y quieren abandonar lo descartable para subirse a la ola de lo reutilizable y compostable. Lo que ofrezco con este proyecto es, a grandes rasgos, lo que yo necesité para empezar: objetos prácticos y ecológicos accesibles en Paraná, información sobre por qué y cómo usarlos y mucha motivación. Además, es algo que disfruto hacer, me permite juntar el activismo con mi pasión por enseñar y la creatividad del diseño.

Intento ganarme la vida siendo fiel a mis principios ¡que no es poco! Es un proyecto nuevo, todavía no tiene un año, pero me ha dado muchas satisfacciones. Estoy teniendo mucho éxito entre gente de otras provincias, Buenos Aires y Santa Fe principalmente. Hago más envíos a media o larga distancia que entregas personales, si bien no puedo decir que eso sea malo, me gustaría que en Paraná y alrededores haya más interés. Estamos un poco atrasados en materia de educación/conciencia ambiental y el movimiento de mi proyecto me lo confirma, pero no pierdo las esperanzas y trabajo desde donde estoy para cambiar eso.

Volviendo al registro que tenes en Instagram: ¿querés comentar algunos proyectos en los que participaste?

El año pasado tuve la oportunidad de participar en ferias, dictar varias charlas, trabajar junto con Ecoclub Paraná, colaborar en la organización de una limpieza en la playa del Thompson, todas actividades enfocadas a concientizar sobre nuevas formas de satisfacer nuestras necesidades, formas que no vayan en contra del lugar que habitamos. Es un camino desafiante, pero por suerte no estoy sola.

¿Qué pensas sobre el minimalismo como forma de vida? Y en torno a la alimentación: ¿Sos vegana?

En tanto posturas críticas de la realidad, la sustentabilidad y particularmente en el movimiento Basura Cero, me permiten y facilitan el diálogo con otras formas de habitar este mundo. Encuentro muchos puntos en común con el vegetarianismo (el cual practico) y el veganismo (al cual aspiro). También con el minimalismo, el consumo consciente, el slow fashion, la crianza respetuosa y muchísimos otros enfoques y estilos de vida que intentan mejorar la realidad en la que vivimos.

¿Qué pensas acerca de la ecofeminismo?

Definitivamente quiero leer más sobre ecofeminismo. Recomiendo los videos de Yayo Herrero en YouTube. Ella describe al ecofeminismo como una corriente de pensamiento y movimiento social que se ubica entre el movimiento ecologista y el feminismo. Patriarcado y capitalismo están íntimamente relacionados, es la raíz común de la opresión y explotación de las mujeres.

El ecofeminismo crítico lucha contra ese modelo económico y social e intenta aportar ideas superadoras que nos lleven a un mundo más justo y sostenible. Otro tema sobre el que quiero leer es el Decrecimiento que, como corriente teórica, económica y social, propone regular la producción y por lo tanto la explotación de los recursos naturales. Estamos acostumbrados a escuchar y hasta festejar cifras sobre crecimiento económico como el PBI y otros indicadores que convenientemente, jamás se comparan con la gran pérdida de recursos no renovables y la limitada capacidad de la tierra para sostener los niveles de consumo que manejamos como humanidad.

¿Algun consejo para empezar a pensar en un modo de vida más sustentable?

A todos los que quieran empezar les recomiendo que se rodeen de contenido que les enseñe y los inspire. Algunos de los referentes que comente, dieron charlas TED, escriben blogs, publicaron libros o tienen cuentas en Instagram muy interesantes. Hay personas con un conocimiento gigantesco que todos tenemos a mano: ¡Los abuelos!. Preguntarles a ellos como hacían cuando no había plástico y no se tiraba nada, es de lo más enriquecedor.

A nivel más concreto, quien quiera empezar a reducir su basura puede dar un paso firme y definitivo teniendo una compostera: Gestionando los residuos orgánicos, se reduce la basura en un 50% o 60% y se eliminan malos olores, focos infecciosos y basurales colapsados. Es un cambio que genera muchas dudas, pero es donde mejores resultados se ven, y las plantitas agradecidas de recibir tierra abonada al cabo de unos meses.

Si tener una compostera parece muy ambicioso por ahora, podés empezar a trabajar en Rechazar, Reducir, Reutilizar y Reciclar, en ese orden. Decirle no a las bolsitas y objetos descartables, disminuir el consumo de agua o jugos embotellados en plástico o tetra, bajarle a los alimentos industrializados, comprar todo lo más fresco y suelto que se pueda y limpiar el hogar con agentes naturales como el limón, el bicarbonato o el vinagre.[/vc_column_text][/vc_column_inner][vc_column_inner width=”1/6″][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]

#ECOLOGÍA #RECICLAR #REUSAR #REUTILIZAR #SUSTENTABILIDAD
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