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16 junio, 2024

Ana Flor Sclani Horrac: Autocultivo y movimiento cannábico en Argentina

entrevista ana florencia sclani horrac
Ilustración de Adriel Radovitzky
Es Licenciada en Geografía, activista feminista anti-prohibicionista y estudió el origen del autocultivo y el movimiento cannábico en Argentina. Ana Flor escribió su tesis hace 9 años, pero su estudio todavía nos da pistas para pensar los fenómenos sociales vinculados al cannabis en Argentina. ¿Por qué la crisis del 2001 fue un detonante del autocultivo y del movimiento cannábico en Argentina? ¿Qué transformaciones se dieron al interior del movimiento?

La crisis del 2001 en Argentina produjo un cambio en el circuito de distribución del narcotráfico, que tuvo un impacto muy grande en el aprovisionamiento de marihuana por parte de sus usuarixs. Ana Florencia Sclani Horrac, Licenciada en Geografía por la Universidad de La Plata, realizó un estudio que analiza la relación entre esta crisis y el surgimiento del movimiento cannábico.

En su tesis, Ana Florencia investiga cómo la caída en el valor del peso argentino, consecuencia de la salida de la Convertibilidad, generó una subida en el precio de la marihuana proveniente de Paraguay. El famoso “prensado paraguayo”, un derivado de la planta caro y de muy mala calidad, que se importaba del país vecino, empezó a ser reemplazado por el autocultivo.

En este contexto, el cultivo surge como una alternativa al narcotráfico, y como una consecuencia de la escasez en la oferta de cannabis. Todo el proceso de generación de saberes y de información en torno a la planta, armado a partir del intercambio entre usuarixs y cultivadorxs, fue lento y paulatino. Sin embargo, posteriormente daría lugar al encuentro y la organización entre cultivadores. La consecuencia de esto, según nos cuenta la autora de la tesis, fue que dio lugar al movimiento cannábico argentino, un movimiento social de lucha por la despenalización y regulación de la planta de marihuana.

En plena crisis social y económica se realizó, en Mayo de 2002, la primera Marcha Mundial de la Marihuana (MMM) en Buenos Aires, que tomó la forma de una concentración de cientos de usuarixs y cultivadorxs en el Planetario de los bosques de Palermo. Esta marcha, posteriormente, comenzaría a replicarse en diversas plazas y espacios públicos del país.

Es interesante pensar que Ana Flor escribió su trabajo en el año 2014, y sus análisis continúan teniendo vigencia en la actualidad. En un contexto donde el impacto de la violenta crisis de 2001 intentaba ser absorbido mediante la actividad cooperativa en distintos sectores productivos y de consumo, el autocultivo se convierte en una herramienta de empoderamiento y autonomía para les usuaries. Estxs veían en el cultivo la posibilidad de garantizarse un consumo de calidad, sin necesidad de pagarlo, ni de exponerse a las lógicas del mercado ilegal y al narcotráfico.

Frente a la crisis económica que atraviesa el país en la actualidad, la ley 27.669 —marco regulatorio para el desarrollo de la industria y el cannabis medicinal y el cáñamo industrial— también representa una posibilidad económica y productiva, aunque en un contexto diferente. Como nos cuenta la licenciada en geografía, lxs cultivadores no están siendo considerados como trabajadorxs, aunque sí está habilitado y legitimado el avance de las multinacionales que buscan mercantilizar y hacer sus negocios con la planta de marihuana.

Es fundamental discutir sobre el rol que ocupamos y debemos ocupar lxs usuarios y cultivadorxs, en un contexto contradictorio donde el Estado reconoce los usos terapéuticos y productivos de la planta, pero continúa persiguiendo y criminalizando a sus usuarixs, siendo que aún continúa vigente y sin modificaciones la ley de drogas 23.737. 

Como mencionas en tu tesis, una de las consecuencias de la crisis de diciembre de 2001 es que el país pierde protagonismo en el mercado de cannabis y el “prensado paraguayo” se desvía hacia el gran mercado en el que se convierte Brasil. Así, la escasez y la suba del precio dan lugar a la expansión del autocultivo que comienza a surgir de a poco en nuestro país.  Desde tu perspectiva, ¿Cómo se produce este proceso de crecimiento del autocultivo en Argentina, y en particular, del surgimiento del movimiento cannábico? ¿Qué transformaciones tuvieron lugar en el contexto internacional para que esto se diera así?

En principio, lo que sucede durante la crisis de 2001 en Argentina es que el “prensado” proveniente de Paraguay aumenta de precio, imposibilitando el acceso de muchas personas que antes sí lo podían comprar. A esto se suma una cuestión que tiene que ver con los tiempos de cultivo y las épocas de cosecha del cannabis. El verano suele ser una época de escasez de marihuana, ya que las cosechas de los cultivos de exterior, mayormente, se realizan en los meses de mayo/abril, al menos es así en el hemisferio sur. Eso lo que genera es un aumento mayor en los precios por la falta de oferta de cannabis y una demanda de usuarixs que permanece constante. Además, por las fiestas y las vacaciones, la gente solía llevarse sus flores, lo que dificultaba aún más conseguirla y, sumado a esto, durante el periodo 2001 – 2002 se produjo una gran sequía que complicó cosechar grandes cantidades de marihuana, en comparación con años anteriores.

Argentina estaba en plena crisis y el desvío del cannabis hacia Brasil se dio por un aumento en el valor del real relativo al peso argentino, que revalorizó el prensado paraguayo, generando mayores ganancias en el mercado brasilero, en comparación con el local. En Argentina se dio al mismo tiempo una situación de escasez de marihuana y de dinero, producto de la implementación del corralito, que limitó la circulación y disposición del dinero, como última medida para salvar el régimen de convertibilidad. En el plano internacional, España ya estaba con un movimiento cannábico bastante importante, incluso se puede leer la tesis de Isidro Marín Gutiérrez donde historiza sobre el surgimiento del movimiento cannábico español. Él arranca su análisis en los años 90 y va hasta el 2008, mientras que en mi caso analizo el proceso de Argentina desde el 2001 en adelante. Durante estos años, el movimiento cannábico español produce sus propias revistas sobre cáñamo, muchas de las cuales llegaban cada tanto a Argentina, junto a algunos fanzines sobre el tema. El problema de la información que venía de España era que todo estaba al revés, porque cuando allá se cosechaba aca aun no, dado que en el Hemisferio Norte la temporada de cultivo es de abril a octubre y en el hemisferio sur de octubre a abril, aproximadamente. 

En este contexto empezó a funcionar el blog cannabis café, que si bien es español, tenía un subgrupo en Argentina, donde personas empezaban a postear seguimientos de plantas y compartir ciertas preguntas o consultas sobre cómo cultivar. Este proceso tiene que ver con que había un foro cannadiense muy importante que en el 2001 se rompe, permitiendo que el cannabiscafé tome mucha más fuerza. Es por esto que se considera que el movimiento cannábico argentino se hace a semejanza del español, en algún sentido, sobre todo por tenerlos de referencia, ya sea por su proceso de organización como por el idioma. Este subgrupo de Argentina es una “reliquia” del movimiento, ya que son las primeras personas que, a través de un seudónimo, se anotaban y empezaban a mostrar sus cultivos muy de a poco, pese a la persecución que había tanto a usuarixs como a cultivadorxs. A la vez eran personas que estaban muy solas, ya que en ese momento no existían las agrupaciones ni organizaciones sociales cannábicas con las cuales compartir dudas y saberes. Sin embargo, el autocultivo permitía, por un lado, acceder a marihuana de mucho mejor calidad, a la vez que incentivaba el surgimiento de juntadas de cultivadorxs donde se intercambiaban flores y semillas. Hay que tener en cuenta que conseguir semillas en ese momento era muy difícil, no se compraban tanto por internet como ahora, ni había tantos bancos en España que vendieran semillas de calidad. 

“El autocultivo permitía, por un lado, acceder a marihuana de mucho mejor calidad, a la vez que incentivaba el surgimiento de juntadas de cultivadorxs y todo este proceso condujo a estas dos prácticas que son el autocultivo, por un lado, y el activismo cannábico por el otro”

Todo este proceso que duró muchos años condujo a estas dos prácticas que menciono en mi tesis que son el autocultivo, por un lado, y el activismo cannábico, por el otro. Este activismo se desarrolla de manera incipiente en un principio, con mucho temor y miedo por parte de lxs usuarixs a ser allanadxs, pero tomando mucha más fuerza a partir de la organización con cultivadorxs. En 2007 surge en Argentina la revista THC y en 2010 la revista Haze, que fueron la culminación de todo este proceso de aprendizaje y de producción y construcción colectiva de la propia información sobre el cultivo y los usos de la planta de marihuana.

Actualmente en Argentina, la ley de cáñamo industrial 27.669 admite los cultivos y usos medicinales e industriales del cannabis con fines de lucro. Sin embargo, se dificulta la participación de cultivadorxs, organizaciones sociales y comunitarias, y usuarixs que aún son perseguidxs por la Ley de Drogas 23.737. En este sentido, ¿Cuál es tu opinión sobre la política de drogas actual respecto al cannabis? ¿Por qué crees que todavía se persigue a lxs usuarixs siendo que desde el Estado se piensa en el cultivo y comercialización de los derivados de la planta como una posibilidad económica?

En principio, considero que aún sigue el estigma de ser un “fumón” o un marihuanero, de ser un cannábico como algo negativo. Por otro lado, el mercado siempre utiliza a estos movimientos sociales de apertura para beneficio propio. En este sentido, en los últimos años se produjo un intercambio entre la abuela que necesitaba cannabis y el cultivador que hacía diez años que cultivaba y de a poco empezaba a compartir su cosecha, y a probar cómo era hacer el aceite de manera artesanal. Sobre todo a medida que fueron saliendo a la luz casos de personas que lo necesitaban por diversas patologías, dolencias o enfermedades, incluso previo a la ley de cannabis medicinal. Entonces, ese grupo tan diverso que se generó conformó un movimiento sin límites, sin bordes, que interactúa con otros movimientos sociales y va aprendiendo de estos, como el feminismo, el ambientalismo, los movimientos anti prohibicionistas, entre otros. Esto generó algo muy interesante porque pareciera haber todo un movimiento que quiere sacar a la planta de marihuana de la ley penal, dado que su cultivo está penado por la ley de drogas 23.737, pero queda todo otro conjunto de sustancias que también es importante regular y despenalizar. Pareciera haber un estigma con el resto de las sustancias, lo cual no está para nada bueno. 

“Ese grupo tan diverso que se generó conformó un movimiento sin límites, sin bordes, que interactúa con otros movimientos sociales y va aprendiendo de estos, como el feminismo, el ambientalismo, los movimientos anti prohibicionistas, entre otros”.

Sin embargo, el movimiento cannábico durante mucho tiempo tuvo la consigna, “no somos delincuentes ni enfermos” como una manera de decir que somos sujetos de derecho. En este sentido, considero que las legislaciones vigentes son contradictorias, y de alguna manera esto habilita que el mercado termine siendo quien define quienes quedan adentro y quienes no. Y en esto creo que hay un concepto muy importante de justicia social a aplicar, pensando quiénes son los verdaderamente criminalizados por la ley de drogas y cómo podemos revertir esa situación a través de una ley de cáñamo industrial o medicinal pero que contemple a quienes estuvieron desde sus comienzos en esta lucha. 

¿Qué relación encontrás entre la organización del movimiento social cannábico en el 2001, es decir, en sus orígenes, y la que existe hoy? ¿Qué transformaciones sucedieron al interior de este movimiento? en particular, teniendo en cuenta la aparición masiva de espacios como los clubes o cooperativas de trabajo; donde empieza a cobrar más relevancia la dimensión laboral en torno a la planta. 

Yo creo que el movimiento cannábico en Argentina hace una especialización. Empieza muy tímido, con personas que cultivaban en esa especialidad de resistencia que son los cultivos de 2007/2008 donde era muy difícil cultivar y donde se apoyaban mucho en esos foros, más invisibilizados, y luego comienzan a salir a la calle. Yo digo que el movimiento cannábico empieza a caminar porque primero las marchas eran sentadas, en el planetario; pero de a poco el movimiento se levantó y empezó a andar. Sin embargo, siempre las marchas son los sábados, cosa que no molesta a la ciudad, pero también tiene que ver con una postura política que el movimiento fue armando de a poco. No digo que todo el movimiento tenga la misma postura política pero falta representatividad política, legisladores, concejales, que pueda votar propuestas para la transformación social, que aún no lxs tenemos. Sin embargo, el movimiento fue construyéndose en base a lógicas de cooperación y de intercambio, lejos de las dinámicas mercantilistas, y si bien hoy, con la ley de cannabis medicinal y cáñamo industrial, se abrió un mercado nuevo, todavía el movimiento sigue con sus propias dinámicas y resiste a esa lógica que pretende tenerlos como un negocio. En eso no hubo mucha diferencia. Lo que sí cambió es que muchas de esas organizaciones que en un comienzo eran solamente agrupaciones, se empezaron a institucionalizar, de distintas maneras, e incluso algunas lo hicieron pero otras decidieron continuar clandestinas. También se generaron espacios de articulación entre organizaciones, intraorganizacionales, que serían, por ejemplo, FOCA, la Federación, el Frente Bonaerense, entre otros espacios donde se concentran distintas organizaciones y pueden tomar fuerza ante un estado que todavía nos ignora. Esas son las cosas que veo que continuaron y que cambiaron un poco.

“Seguimos con una ley que nos criminaliza y penaliza, sobre todo a las personas de los barrios más humildes que no tienen cómo defenderse, ni cómo hacerse el Reprocann”.

En relación a lo laboral, el proceso de empoderamiento del movimiento cannábico tuvo que ver con darle un lugar a quien vive de esto hace muchos años. Cultivar no es fácil, no es para cualquiera, fue todo un proceso de reivindicarse como un trabajo, sobre todo porque para cualquier otro negocio, por ejemplo, vender tintura de lavanda, no hay críticas ni persecución, mientras que para el cannabis sí. Esto tiene que ver con la prohibición y con la ley de drogas 23.737, que más allá de que existan otras leyes, continúa vigente, es decir seguimos con una ley que nos criminaliza y penaliza, sobre todo a las personas de los barrios más humildes que no tienen cómo defenderse, ni cómo hacerse el Reprocann. Después tenemos lugares como Uruguay donde se reguló en 2013 y todavía sigue habiendo presxs por cultivar, lo que muestra que la situación realmente es difícil, y empoderarnos como venimos haciéndolo en Argentina, pudiendo pensar en ganar espacios para el trabajo, generar encuentros entre trabajadores y trabajadoras de la planta, es muy interesante. Los clubes no son legales aún, son una espacialidad que aún resiste pero que puede demostrar cómo las personas organizándose pueden acceder a un cultivo de cannabis de calidad. El movimiento fue entendiendo que no todo el mundo va a plantar, que si todo el mundo no va a hacer autocultivo o cultivo solidario, que quien lo haga, entonces, pueda ver remunerado su trabajo, y eso se pudo ir construyendo también, con el vínculo con las persona del cannabis medicinal, con las madres cultivadoras, que muchas veces no pueden cultivar y acceder a un aceite de calidad, y necesitan estar cerca de quien lo produce.

¿Crees que cambió el paradigma en cuanto al uso de sustancias en el plano nacional e internacional?

En el plano nacional no, la ley 23.737 continúa vigente, no hubo propuestas de cambio de la por parte del estado ni del gobierno de turno. Sin embargo, en el plano internacional sí, porque en ese caso cada país tiene sus leyes y está bueno analizar algunas diferencias. Por ejemplo Uruguay reguló en 2013 pero también está el caso de Colombia, que es muy interesante, porque tiene una ley – ley 30 – desde el año 1986 que permite cultivar hasta 20 plantas por casa. La consecuencia de esto es que en los grows se puede comprar semillas, algo que acá no se puede hacer. Y esto es interesante para pensar la cadena de producción del cannabis, de la que sin dudas participa Paraguay, pero también lo hace Colombia y México, que son productores de materia prima. Hablamos de un cannabis de poca calidad pero disponible, comúnmente llamado creepy, con el que obviamente no se puede hacer aceite, como tampoco se podía hacer con el prensado acá en Argentina; por eso la corriente más medicinal del movimiento cannábico exige una mejor calidad y una intervención en los procesos. Es diferente lo que se exige a la planta, en términos de calidad, cuando la misma va a ser consumida y extraída, concentrando todos los componentes de la planta. Como vemos, en el plano internacional está habiendo cambios, México en 2017 tuvo su ley de cannabis medicinal, pero son países productores y en eso Argentina se diferencia un poco. Argentina es un país productor de cannabis ahora, pero que produce para su propio consumo, por eso el prensado ya no tiene tanta demanda. Acá, incluso habiendo Reprocann, no se puede acceder a las semillas, y eso es un tema que genera conflicto, porque siempre se compran en España que son de colección. Esto representa una contradicción legal muy grande y es un tema complicado, porque por un lado, se habilita el cultivo pero se penaliza la tenencia de semillas, fundamentales para iniciar un cultivo. Por suerte ahora el INASE está registrando semillas, lo que permite venderlas legalmente, e ir transformando la realidad de lxs cultivadores de a poco.

En Argentina también funciona mucho el esqueje, la gente que sabe cultivar y hacerlos los comparte, y en eso se conserva la genética y se intercambian saberes. Nos permite ser autónomos, no depender del paquete tecnológico de comprar otra vez la semilla para volver a tener la planta, sobre todo cuando en el caso del uso medicinal ya hay una genética que funciona y sería necesario conservarla. Creo que el cambio de paradigma de la prohibición a la reducción de daños es nacional e internacional. Igualmente esta bueno recordar que en Argentina existe una ley de salud mental y adicciones que es una ley que reconoce como sujetos de derecho a les usuaries de sustancias, y que es un ejemplo en su abordaje para todo el mundo.

En una parte de tu tesis mencionas que el cannabis es un commodity más que está atravesado por las lógicas de mercado. ¿Crees que son las multinacionales monopólicas, que muchas veces se financian del narcotráfico, aquellas que promueven la industrialización de la cadena productiva de la planta? ¿En qué lugar quedan los cultivadores en esta cadena de producción?

En realidad, considero que todes estamos sujetos a las lógicas del mercado en el sentido del lavado de dinero, que es algo que acompaña al narcotráfico desde sus orígenes y que es la manera en que los bancos licuan las crisis de sobreacumulación del sistema capitalista. Los bancos inyectan a la economía con dinero ilegal proveniente del tráfico de drogas, de las armas, y de la trata de personas. Siempre digo eso porque es importante saber que estas crisis de sobre acumulación hacen que este dinero sea inyectado y necesario para seguir en círculo. Cuando se dice que queremos perseguir a los narcotraficantes, tendríamos que empezar por los bancos que lavan dinero. Pensar a la cannabis como una commodity ilegal es interesante para analizar cuántos sectores interesados hay en la industrialización de la cadena productiva de la planta, que no somos solamente los usuarios, ni tampoco son solamente los narcotraficantes. En el momento en que sea más negocio tenerlo legal se va a legalizar. El tema es de qué forma como sociedad podemos construir una base sólida para que ese proceso no nos agarre tan desarmados, que no nos coman las multinacionales y poder seguir cultivando en las casas. En este sentido, el Reprocann te da esa posibilidad, ya sea desde el autocultivo o el cultivo solidario donde un tercero puede cultivar para vos. Esto legitima ciertos cultivos que de otra manera no estarían funcionando. Entonces, falta un montón pero creo que Argentina tiene una posibilidad única, porque todavía no tiene una ley de cannabis propia; si bien hubieron propuestas no se logró despenalizar la tenencia para consumo personal, y a medida que se vaya construyendo el movimiento, éste se adapta a eso y va dando respuestas e ideas, creatividad y trabajo a todo ese proceso. Yo estoy muy orgullosa de cómo el movimiento cannábico se logró armar y el lugar que ocupa hoy, porque hablan con todes: políticos, empresarios; asesoran y ayudan, y eso de alguna manera vuelve al cultivador, a la cultivadora, que sigue en contacto con la planta y ahí encuentra las respuestas.

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