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16 junio, 2024

Vestigios de dominio: lenguaje igualitario

Por Jésica Dittrich y Micaela Soperez

Si callamos, no nos escuchan. Si no escribimos, nadie nos lee. ¿Por qué deberían hacerlo? Lo que no se nombra no existe. Lo dejamos debajo de la verdadera piel que nos recubre. Hablar es limitarse y lo sabemos muy bien. Estamos atrapades dentro del lenguaje, y si bien podemos realizar pequeñas modificaciones que le den dinamismo y no lo constituyan como un sistema cerrado, no hay posibilidad de ser fuera de la palabra. La lengua madre nos va construyendo. A nosotres y al mundo que nos rodea. Como bendición existe la performatividad. Este decir que hace, que transforma la realidad, pero a la vez puede invisibilizarla: se trata de un arma de doble filo. Ocurre que las palabras nos traicionan e implican en sí mismas mucho más de lo que vemos. Porque el lenguaje que nos gobierna, el aceptado por la Real Academia Española, nos deja a las mujeres y les transgéneros ocultes en la indiferencia, entre las sombras.  Y hemos naturalizado esa práctica por costumbre, ya que lo consideramos correcto, normal. ¿Y quién define la normalidad? Aquellos, los no oprimidos. No les demás.

Desde el comienzo de la Segunda Ola del Feminismo, en el año 1960 hasta nuestros días, la manera en cómo hablamos y nos nombramos comienza a ser vista como fundamental. Se empezó a entender que las denominaciones no son inocentes y que lo que es, siempre tiene una razón de ser, un origen que a veces no discutimos. Hoy, gracias a esta movida iniciada desde hace casi 60 años, debatimos si tenemos que dejar de usar el genérico O y en su lugar emplear la X, la E, el asterisco, o la @ para alcanzar un lenguaje más inclusivo, no sexista, ni partidario del binarismo, aquella normativa que tanto nos atraviesa y que deja afuera a todas las identidades no cisgénero. ¿Qué pasa si no nos identificamos ni como mujer ni como varón? ¿Qué ocurre con las personas que se escapan a esa moral regla de ser blanco o negro? Desde ya, su opresión también nace en el lenguaje: no hay quien les nombre. Y esto es un fusil en el arma simbólica de los discursos de odio que imperan.

Sin embargo, cabe preguntarnos, ¿qué es lo que está en juego realmente detrás de los grafemas propuestos? Valentín Voloshinov, un lingüista marxista, escribió en El marxismo y la filosofía del lenguaje, que la palabra era la arena de la lucha de clases. El lugar en el que se define todo: quién manda, quién pierde. Con esta afirmación deja en claro que lo que se disputa no es solo una cuestión de significación, sino también un asunto social, ya que quienes dominan son los que le van a proporcionar el sentido que deseen al signo. A su vez, el escritor afirma que la palabra es el fenómeno ideológico por excelencia, debido a que todos los sectores la utilizan y está presente en cada acto de vida consciente: en el diálogo cotidiano, en nuestras publicaciones en las redes sociales, en nuestros pensamientos. Y en los medios de comunicación, también, por su llegada e impacto. Por eso, nosotres, desde nuestra revista planteamos no oprimir mediante el lenguaje. Por ello, usamos términos que nos incluyan a todes, dejando de lado el machismo nuestro de cada día y la presuposición de que cada une de nosotres es cis. Consideramos que la transformación y la deconstrucción son posibles y necesarias, y deben empezar por los ámbitos en los que nos desenvolvemos.  

¿Puede generar molestias nuestra decisión? Seguramente. Les que se erigen como defensores de un lenguaje que privilegie solo a un género, se escudan en las leyes de la gramática, sin tener en cuenta, quizás, que el lenguaje es una construcción permeable a la cultura. Que está vivo. Como nosotres, como elle. Como vos, lectore. El idioma se modifica a lo largo del tiempo: sumamos nuevos términos, dejamos de usar otros, hasta cambiamos la forma de escribirlos. Pero hoy es distinto. Nadie dedica publicaciones en Facebook al hecho de que utilicemos palabras en otro idioma o que no aparecen en ningún diccionario, pero sí lo hacen con respecto a que empleamos la e en lugar de la x. Están enojados. Ocurre que ahora estamos haciendo sentir amenazados a los que siempre se subieron en un pedestal de poder, nunca se quisieron bajar, y, además, tienen defensores entre aquelles aún hoy atravesados por el machismo y el patriarcado.

Hoy les oprimides comenzamos a sublevarnos y a levantar nuestra voz, antes callada. Y esto molesta, esto rompe, esto quiebra con lo impuesto. Con lo que nos quieren hacer creer. Pero ser revolucionaries es casi una obligación. Y las palabras también pueden ser nuestras armas, para una sociedad más inclusiva. Pero no para todos solamente. Sino para todes.

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#FEMINISMOS #LENGUAJEIGUALITARIO #LENGUAJEINCLUSIVO
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