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16 julio, 2024

Argentina prohíbe los vapeadores y cigarrillos electrónicos

PROHIBEN LOS VAPORIZADORES Y CALENTADORES DE TABACO EN ARGENTINA
Unsplash
La prohibición es sobre la venta, importación y publicidad de calentadores y vaporizadores de tabaco por “efectos dañinos”. La resolución está en vigencia desde el 28 de marzo. Sin embargo, múltiples estudios hablan de estos dispositivos como una herramienta para dejar de fumar porque son menos nocivos para la salud que la combustión de un cigarrillo común.

El Ministerio de Salud de la Nación prohibió la importación, venta y publicidad de dispositivos electrónicos utilizados para inhalar vapores de tabaco. Entre sus argumentos, esgrimen que contienen sustancias tóxicas como la nicotina y que estos dispositivos intentan reemplazar a los cigarrillos convencionales, resultando atractivos para niñxs y adolescentes.

Mediante la Resolución 565/2023, publicada en el Boletín Oficial con la firma de la ministra Carla Vizzotti, entró en vigencia a partir del martes 28 de marzo la prohibición de “importación, distribución, comercialización,  publicidad y cualquier modalidad de promoción y patrocinio en todo el territorio argentino de los sistemas o dispositivos electrónicos destinados a inhalar vapores o aerosoles de tabaco, denominados habitualmente como ‘Productos de Tabaco Calentado’, extendiéndose dicha prohibición a todo tipo de accesorio destinado al funcionamiento de dichos sistemas o dispositivos, como asimismo a cartuchos y barras de tabaco para ser calentadas en dichos sistemas”.

La resolución argumenta que estos dispositivos resultan “especialmente atractivos para niños, niñas y adolescentes, y su introducción en el mercado tiene el potencial de conducir a la iniciación tabáquica en jóvenes y adultos no fumadores, amenazando los logros ya obtenidos en materia de control de tabaco mediante las políticas públicas previamente implementadas”.

Sin embargo, la evidencia y los estudios demuestran que la nicotina en sí es menos dañina para el organismo que la combustión necesaria para su consumo, como en el caso de un cigarrillo común.

El ejemplo de Reino Unido

Desde principios de los noventas, el Reino Unido amplió la oferta de proyectos y programas de reducción de riesgos y daños hasta ser una política pública. Asimismo, una de las políticas más destacadas de este país por décadas, han sido sus investigaciones y estrategias frente al tabaco.

En 2017, tras 10 años de la implementación de la legislación libre de humo en Reino Unido, se reivindicó el mismo objetivo: reducir las tasas de tabaquismo y reducir la brecha de desigualdad en la prevalencia del tabaquismo. Pero con un componente novedoso; el país incluyó dentro de las estrategias una visión efectiva e integral: “ayudar a los consumidores a dejar de fumar y adoptar el uso de productos de nicotina menos dañinos”.

Así se consolidó un enfoque de política pública innovador: la reducción de riesgos y daños en el consumo de nicotina. Decisión fundamentada en que la mayoría de las “ONG de salud y antitabaco y muchos grupos de médicos confiables avalan el uso de cigarrillos electrónicos como una manera de dejar de fumar tabaco”. Entre ellos se incluye ASH (Acción sobre el tabaquismo y la salud), Cancer Research UK, British Heart Foundation, el Royal College of General Practitioners, y el Royal College of Psychiatrists.

En esencia, la decisión de implementar la reducción de daños se fundamenta en que una porción importante de lxs fumadorxs quiere dejar de hacerlo, o por lo menos hacerse menos daño con su consumo.

Específicamente en Inglaterra, alrededor del 60% de lxs fumadorxs quieren dejar de fumar, el 10% de los cuales tiene la intención de hacerlo en un plazo de 3 meses. De acuerdo con el Smoking Toolkit Study, se ha demostrado una vinculación entre la disminución de la tasa de fumadorxs y la prevalencia del uso de cigarrillos electrónicos. Si la asociación es causal, los cigarrillos electrónicos fueron responsables de disminuir en un 69 % la población inglesa de fumadorxs en 2017.

¿Qué dicen los estudios?

El 6 de febrero de 2018 se publicó un artículo que analiza el informe realizado por Public Health England (PHE), agencia asesora del Departamento de Salud del Reino Unido. La publicación profundiza en la evidencia más reciente sobre el uso de cigarrillos electrónicos y hace un especial énfasis en los hallazgos claves, contrastándolos con las investigaciones recomendadas. El informe de PHE plantea preguntas sobre los productos de tabaco calentado y su papel a largo plazo en la reducción del daño.

Los cigarrillos electrónicos son “por lo menos 95% menos nocivos que los cigarrillos” y que “el vapeo representa sólo una pequeña fracción de los riesgos de fumar”.

El estudio establece que los cigarrillos electrónicos son “por lo menos 95% menos nocivos que los cigarrillos” y que “el vapeo representa sólo una pequeña fracción de los riesgos de fumar”. Cabe destacar que estos estudios hacen énfasis en los beneficios que existen comparativamente entre el hábito de fumar cigarrillos industriales mediante combustión versus el uso de vaporizadores.

A manera de conclusión, PHE resalta la necesidad de una regulación para “balancear los riesgos de los cigarrillos electrónicos con sus beneficios potenciales – y lograr los objetivos clave de reducción de tabaquismo y continuar evitando el uso de cigarrillos electrónicos por no fumadores”. En este sentido, salta a la vista que este tipo de dispositivos son una herramienta para disminuir el tabaquismo en la sociedad.

Aunque la evidencia muestra un riesgo menor en estos dispositivos comparados con fumar cigarrillos, es importante tener en cuenta que los vaporizadores o calentadores de tabaco no son inocuos y también pueden ocasionar riesgos a la salud.

La reciente prohibición argentina hace foco, erróneamente, en el consumo que podrían hacer lxs no fumadorxs. Sin embargo, este mismo estudio del PHE plantea que quienes no tienen el hábito de fumar no suelen interesarse por estos dispositivos.

Las preguntas que sobrevuelan esta resolución son: ¿La prohibición total de estos dispositivos es la mejor opción? ¿No convendría analizar mejor las tecnologías particulares de cada dispositivo de vaporización o calentamiento de tabaco? ¿La preocupación por “niñxs y adolescentes” admite quitarles una estrategia de salida del tabaquismo a personas adultas?

En este sentido, si vamos por el camino de la educación y no el de la prohibición, lo importante es explicar qué es lo que consume la persona fumadora, cuáles pueden ser las herramientas para dejar de lado los malos hábitos para la salud de manera paulatina y qué estrategias utilizar para que el placer no se convierta en dependencia o adicción.

¿Qué dicen los profesionales de la salud?

100 expertos médicos y científicos latinoamericanos firmaron una carta abierta dirigida a las delegaciones de los 182 países del Convenio Marco para el Control del Tabaco reclamando que adopten una postura más abierta y basada en ciencia sobre la reducción de daños por consumo de tabaco.

Lxs médicxs concluyeron que el enfoque de reducción del riesgo en el consumo de tabaco y nicotina es necesario para respaldar mediante más herramientas y alternativas a lxs adultxs que no pueden o no quieren dejar la nicotina, en vez de cerrarles las puertas con estrategias inefectivas. 

El Dr. argentino Diego Verrastro afirmó en la carta que “La reducción de daños está destinada a personas que hayan fracasado en su intento por dejar el tabaquismo o no han querido. La idea de las nuevas alternativas es potenciar esas políticas de cesación y prevención, y brindar mayores herramientas a los profesionales”. También afirmó la necesidad de contar con una regulación basada en la evidencia científica donde se haga partícipe a quienes consumen tabaco de las decisiones y regulaciones que afecten a su vida y su salud.

¿Qué pasa con los vaporizadores de cannabis?

Una duda que surge, es si la restricción regirá también para los vaporizadores que se utilizan para el cannabis. Aunque la resolución es taxativa respecto a dispositivos destinados al tabaco, muchas veces estos dispositivos se confunden y podrían quedar retenidos sin el permiso de ingresar al país.

Si así fuera, la prohibición implicaría una contradicción entre las autorizaciones que emite el Registro del programa de Cannabis (Reprocann) para el uso y cultivo de la planta terapéutica. Esto es así porque el propio Reprocann permite el transporte (y consumo) de flores secas de cannabis, algo que remarcó en varias ocasiones el director del Programa, el Dr. Marcelo Morante.

Si la prohibición aplicase, aún indirectamente, para los dispositivos destinados a la vaporización de flores de marihuana, se estaría limitando una vía de administración que resulta beneficiosa para resolver síntomas de forma rápida. 

De hecho, los vaporizadores de cannabis son considerados utensilios médicos en varios países. Con ellos, las personas que hacen un uso terapéutico de las flores de cannabis deberán recurrir a fumar un cigarrillo de marihuana para paliar síntomas, quedando expuestos a los riesgos maximizados de la combustión.

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