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01 marzo, 2024

Ofelia Fernández: “hay que organizar la bronca pero también la esperanza”

Por Nicolás Bitschin y Guillermina Ferraris

Tiene 19 años y es una de las referentas políticas más jóvenes de América Latina. En nuestro país es reconocida por sus exposiciones públicas en medios masivos de comunicación. Tiene un porte osado, es polémica y da mucho de qué hablar. Sabe perfectamente cómo introducir temas que incomodan en la agenda del día. “Chiquitita” y “Nena” fueron algunas de las referencias que usaron aquellos conductores de televisión que aún piensan a la política, a la militancia y a las discusiones como tema de adultos, varones, blancos y recibidos de alguna carrera universitaria.

Decidida a romper con esas lógicas, es la portavoz de una cantidad inmensa de demandas del colectivo juvenil, feminista y disidente. Ama la política y su posibilidad de generar otros mundos. Está convencida de la construcción de nuevas formas, irrumpiendo en aquellos espacios que se proponen machistas, lgbtiq-odiantes, opresores y patriarcales.

Es militante de la organización Vamos, que en conjunto con MP La Dignidad, integran al Frente Patria Grande. En el marco de la presentación de la campaña del frente, la reconocida militante juvenil anduvo divagando por distintas ciudades. El lunes pasado visitó Paraná y se dio el tiempo para darnos una entrevista bien profunda.

¿Cómo te iniciaste en el camino de la vida política? Sabemos que arrancaste a los 11 años con un discurso de Cristina (Fernández) que interrumpió Casi Ángeles pero más allá de eso…

Ah, veo que me investigaron…

Sí, un poquito. (Risas)

Desde muy piba le vi cierto atractivo. Al principio una siempre piensa que es todo suyo, pero después fui descubriendo que mis abuelos militaron muchísimo, aunque no fue una influencia directa porque no los conocí. Mis viejos nunca militaron, yo pensaba que era la niña locaMi papá ni vota, de hecho. Mi mamá se llama Eva, por Evita, pero es kuka simbólica, de la fotito, muy tranqui. Todo inició en la época de las cadenas nacionales. Ella era mi ídola, además tenía a Justin Bieber y otros, pero también a Cristina, escucharla era mi diversión del día. Después entré al Secundario Carlos Pellegrini, que es un colegio de mucho activismo y participación, y me zurdifiqué. En su momento veía que la disyuntiva era sólo en ciudad de Buenos Aires, cuando Macri era sólo un pioncito de ahí. Después conocí otras discusiones y empecé a militar en la izquierda popular. Apenas entré ya me empecé a organizar y la gran parte de mi militancia fue en el secundario. A los 14 ya tuve mi primer cargo, a los 15 ya gané la presidencia. Fue todo muy intenso. Soy la única que fue presidenta dos veces, fui muy manija. Ya desde los 13 estaba teniendo esas discusiones y fui formando mi línea y mis prioridades, y acá estoy.

¿Sentís que entrar en las lógicas de juego de la política fue algo fácil de hacer?

Dependiendo de los contextos me fui acomodando a esas necesidades históricas. Siempre me hago un poco de autobombo por algo de la ambición: de esa perseverancia, de que si remás a ese lugar podés llegar. Piensen que yo era mina y chiquita. En ese momento, antes del Ni Una Menos, mi apodo por parte de los militantes grandes era pendeja atrevida. A mí me chupaba un huevo. Fui reelecta, la más joven del puesto, que no habla de que soy superdotada sino que pude sortear ciertos obstáculos… no lo digo para decir que cualquiera puede, sino lo contrario: hay gente que tiene excepciones y se masculiniza para entrar en las reglas del juego. Pero la gran mayoría de los casos en esta historia, sea cual sea la situación, son de resignación cuando te cierran la puerta. Lo pienso en esos gustos que también están mascunilizados: como las minas que quería jugar al fútbol y capaz hubieran sido grandes jugadoras pero en un momento dejaron de jugar, porque evidentemente no funcionaba. En el mundo de la música, los guitarristas eran todos chabones y las pibas dijeron “no, me voy a otro lado”. Me parece importante que las que logramos abrir las puertas a la fuerza no pensemos que la puerta está abierta. Que abrir la puerta para una no significa que la puerta quedó abierta para todas. Esa construcción va a tener que ser mucho más grande y vamos a tener que amoldarnos a esa lógica. El peor error que podemos cometer las que tuvimos esas oportunidades es pensar que son fáciles de conquistar.

¿Podés profundizar cómo fue esa militancia en la secundaria?

Yo sabía que quería militar y que me incomodaba mucho el mundo. Ordené mis prioridades desde que entré al colegio, llegaba a las 7.40 y me iba a las 21.30 todos los días, porque estaba convencida de esa inquietud que tenía, que en ese momento era mucho más chica porque no conocía tanto el mundo, sólo sabía que era muy cruel. Siempre hablo de que en definitiva, la militancia es como una manera de transitar la vida. Una óptica, una manera de reaccionar a lo que tenés alrededor. Opuesto a lo que construyen los modelos neoliberales, que tiene que ver con el enfoque propio y pensar que lo demás es un paisaje, que es inmutable y que tenés que hacer lo que puedas en esas condiciones porque son naturales. Yo siempre supe que no, estuve convencida de que podía cambiarlo. Hay una entrevista de Cristina con David Viñas, en donde el tipo le dice que algunas cosas eran imposibles, ella le dice “bueno, esa es tu tarea, vos sos intelectual, estás dedicado a pensar que las cosas son pésimas, que van a ser así siempre, que estructuralmente las cosas son inmutables. Yo soy militante política, tengo que pensar que las cosas las puedo cambiar, porque si no, no me despierto todos los días”. En ese juego siempre milité mucho y se caía de maduro que, como militante, tenía que tener ese valor, dentro de la agrupación, porque los demás eran bastante pajeros, yo estaba ahí todo el día “militen, militen, militen”

En ese sentido de querer transformar todo y pensar en otras posibilidades, ¿cómo entendés el feminismo?

Uf, es una pregunta amplia. A mí me pasa que no entré a la militancia por el feminismo, bastante opuesto al resto de la juventud que por el feminismo ahora está entrando a todo lo demás, o no. Yo, todo lo inverso. En el medio de la militancia me encontré con que había todo un plano que yo no tenía en consideración. O un poco sí: un día vinieron las pibas de la comisión de género a hacer una pasada por el curso cuando estaba en primer año, y me pareció re raro, asique les pregunté qué onda, niña loca quería saberlo todo. Me dijeron que en principio era la comisión mujer y que le cambiaron el nombre para que puedan participar los compañeros. Claro, había un espacio en el Centro de Estudiantes en el que le podías decir a los chabones, que eran los protagonistas de la política, que no podían entrar en ese espacio. Era imposible pensar en eso en ese momento, entonces le cambiaron el nombre. Ese era el nivel de radicalidad que tenían los planteos. Cuando sos militante y te encontrás con el feminismo, viene en ese cúmulo de experiencias que querés mutar. Tiene una particularidad, que para mí es muy valiosa y que garantiza que se masifique, y es que la propia experiencia habla mucho de la construcción que querés abordar. Y eso no pasa con otras cosas, que pensar en tu propia vida te permita al mismo tiempo abordar conclusiones políticas y un trabajo concreto. Me parece que lo más valioso es que no sólo lo personal es político, sino que también lo colectivo es político. Lo único que nos garantizó que esa experiencia se transforme en algo fue el hecho de cruzar con muchas personas. La masividad del primer “Ni Una Menos” nos atrapó a todas y no fue sólo lo panfletario, también fue ver que éramos tantas. Evidentemente era importante. Lo colectivo fue más potente que lo reivindicativo, y eso es hermoso. Te deja una pauta… y te ata a una experiencia colectiva.

Y te da apoyo, el saber que somos muchas y no estamos solas…

Claro, por fuera de las propias conclusiones o inquietudes, vos sabés que hay un colectivo que va a tener discusiones, objetivos, estrategias y que vas a querer ser parte. Eso es lo que a mí más me significó: la experiencia colectiva y el abrazo más grande que viví en mi vida. El feminismo puede significar muchas cosas en términos de contenido, pero el valor principal es esa experiencia colectiva y el encuentro, y que ese encuentro signifique algo. ¿Viste que hay conceptos que avanzan tan rápido que hacen que muchas cosas se hagan cliché antes de lo que se haría en otros casos? La sororidad ponele, ahora como que ya queremos otra nueva. Va todo tan rápido que querés que eso avance también, pero permitir que tu base principal sea pensar que la otra tiene una realidad distinta y ponerte en ese lugar, es un terreno más que fértil para pensar una sociedad distinta. Y no sólo en materia de feminismo, es un potencial enorme y como militante política no te lo querés perder. No en términos de demagogia, conveniencia o marketing, sino que querés estar ahí, querés ser parte de ese proceso. Es la relevancia histórica en el momento que lo estás viviendo. Y eso es tremendo, es la pieza clave de esta parte de la historia. Vos podés acordarte de un montón de cosas, pero hay algunas que se replican. La particularidad del año que estamos viviendo no va a ser el pacto con el fondo, sino el feminismo y la avanzada de los movimientos de mujeres y disidencias. Tenemos que estar a la altura porque somos esa pieza de la historia, al menos por una cuestión de ego, de aparecer en esa foto de los manuales dentro de veinte años. Hay que darle cabida.

¿Encontrás algún vínculo entre tu exposición política ante las multitudes y tu amor por el teatro? también pensábamos que en tu discurso resuena la figura de Cristina como oradora…

Sí, obvio. Pero yo hablo mucho más rápido, ella hace pausas, repite y va lento. No fue voluntario el mix, pero obvio que el 80% de la responsabilidad es eso que te da el teatro, eso de animarte y poder ordenar y representar. A mí lo que me pasaba mucho en el secundario es que recorría 75 divisiones diciendo lo mismo, y después tenía que repetirlo en la asamblea. Suena mal, pero por mucho que me pueda conmover e importar realmente lo que estoy diciendo, llega un punto, cuando es la vez número 76 que lo decís, que no tiene esa misma vibra. A mí la actuación me dio la posibilidad de cargarle esa épica, que es honesta, no es ficticia, pero es poder traerlo a colación cuando sabés que no está. Llega un momento en el que te agota, de hecho la mayoría de los militantes hablan a veces en modo cassette. En el momento en el que abro la boca, la actuación me permite conectar con esa sensación y poder adornarla. Había asambleas en las que yo estaba prácticamente quebrada del llanto y salía hablando como si nada. Para aprovecharlo, ahora también estoy empezando a hacer performances. Igual odio hacerlo, te pone el triple de nerviosa porque es todo muy milimétrico. Lo que hago es tirar una pista musical con una intervención escrita, memorizada, como un monólogo teatral. Genera algo re potente.

¡Sí! lo vimos en tus redes… Es muy zarpado que en un espacio de disfrute y goce como es una joda puedas decir algo tan político y que tenga ese mismo tinte, porque no cortás el mambo…

Capaz que si me paro en una fiesta y me armo algo medio performático se genera una fuerza increíble.. en el momento la paso re bien. Antes la paso para el orto (risas). Con las pistas pasa que en un momento explotan y lo que yo estoy diciendo también explota y tiene que pasar al mismo tiempo. Es algo tan milimétrico que me da miedo, me llego a comer una frase y llego tarde a la explosión. Pero cuando estás ahí ves una respuesta inmediata a tu enunciación y es una locura. Lo hice en la fiesta Bresh y hay gente que me ha bardeado porque es un espacio en el que “no da”, y justamente mientras más hostil es el espacio, más necesario es que haya ese tipo de intervenciones. El boliche es como el cáncer de nuestra vida, es el lugar favorito de los abusadores. En una intervención le hacía bullying a los varones, estaba re picante. Estaba diciendo cosas concretas con mucha furia y que tenían que ver con ese mundo. Yo veía a las minas abalanzadas contra la valla diciendo “Seeeh”. Queda una energía que está buenísima. Cuando me bardean yo pienso eso… ¿no es al revés? ¿lo vamos a dejar así entonces? Sé que no cambié el mundo por hacer eso en el boliche, pero bueno, esa noche capaz que las pibas estaban en una mucho mejor de la que estamos siempre. Para mí eso es valioso.

¿Entendés el cuerpo como un territorio de lucha y un territorio político? Pensábamos que quizás entendiendo eso, el feminismo contemporáneo puede diagramar sus formas de actuar, intervenir, irrumpir…

Eso tiene muchas aristas y pasa algo re loco. El otro día en un panel, una compañera contaba que un día una mina la sentó y le dijo: “Mirá, si vas a querer ser feminista, te cuento desde ya que no es fácil. Sos bienvenida pero preparate para sufrir”. En general en todo activismo hay ciertos planos que tienen que ver con la casa y con el trabajo. Y el feminismo viene y te dice “es la casa, es el trabajo, es la organización y es el cuerpo”. Abarca una totalidad de cosas que es nueva. Tu propia organización que, para el resto de las cosas es el canal, de repente pasa a ser parte del problema también. Y eso es loco, es novedoso y es necesario de ver. Tiene que ver con cómo se construye organización con esta perspectiva, cuando organizarse siempre fue de otra manera y sin tener en cuenta estas cosas. El tema del cuerpo me parece que es crucial, si lo pensás era un poco raro que algo tan esencial como lo que nos hace, con lo que recorremos la vida y existimos, no tenga ninguna implicancia. Es fundamental porque te determina la vida en un montón de puntos y es una batalla. En el feminismo hay una discusión abierta sobre qué tipo de batalla es el cuerpo, porque también hay toda una narrativa en la que todo se trata de amor propio y empoderamiento, y el concepto de empoderamiento tiene sentido cuando estás en un territorio de poder, pero a veces tu cuerpo no es territorio de poder. Es más, que le digas a la persona que es la menos poderosa corporalmente en el mundo, que sea poderosa mágicamente, no existe. La adolescencia es tremenda, imaginate que en tu grupo de amigas sos la última en dar el “primer beso” y todas hablan de lo bien que chapan, nadie se acerca a vos y socialmente todo sigue funcionando de la misma manera, quiere decir que evidemente el poder no depende de vos. Hay un doble filo con el que tenemos que ser mucho más cuidadosas.

Es algo que nos rebalsa y por algún lado tiene que salir. También se da esta cuestión entre referentas, como el caso de Jimena Barón y Julia Mengolini

Esa discusión es interesante para mostrar que la vendieron como una super guerra y en realidad estamos discutiendo, eso es el feminismo. Los diarios lo titularon como “Jimena Barón vs Julia Mengolini” y te aseguro que si hay dos chabones discutiendo economía, con dos criterios distintos, no lo van a poner como algo tan personal. Y ahora, que estamos en el marco de un fenómeno revolucionario y hubo dos chabonas teniendo una discusión que no era personal, estaban debatiendo sobre conceptos que construimos todo el tiempo, pasa eso.

¿Que significó y qué repercusiones tuvo tu discurso en el debate por la legalización del aborto? ¿Cómo fue que te llamaron justo a vos? Fue el momento bisagra.

En 2017, cuando fue el conflicto de las escuelas tomadas por la reforma educativa, tuve un cruce en la tele con un par de periodistas, Eduardo Feinmann y Carlos Monti para ser exacta, en el que me dijeron chiquita y yo les dije que no me digan así y esa rosquita terminó siendo el núcleo de todo. Lo que pasó es que el Bloque FPV estaba viendo la composición de la lista de oradores y oradoras, y había una sola persona que tenía menos de 20. Había como una especie de “paridad”, pero en un tema que no debería ser 50/50, porque si la mitad de la gente que discute no tiene útero…es medio raro. En fin, se dieron cuenta de que no había una joven que hablara y las estadísticas que existen sobre abortos son casi estrictamente juveniles. Ahí vieron un vacío, necesitaban una pendeja y se acordaron de ese video, entonces me rastrearon. En total hablamos tres personas jóvenes, dos del FIT y yo. Pasaron unas 800 personas por diputados, ridículo. Cuando me anticiparon eso me di cuenta de que era la aparición juvenil y la tenía que armar fiera (risas).

¿Te identificas con alguna referenta histórica de tu edad?

No tengo ningún punto de referencia en la historia, lo cual es rarísimo, si llego  efectivamente a presentarme y demás, en términos electorales, sería la parlamentaria más joven de la historia latinoamericana o más. No tengo un ejemplo, no existe y eso me generó mucho caos mental, pero por suerte mi psicóloga es lo más. Ahí empecé a asumir la responsabilidad que tenía, porque tener visibilidad es un privilegio también. Tengo que laburar mucho lo que voy a decir, no puedo hacer cualquier cosa con ese lugar. Poder, puedo pero es una responsabilidad enorme.

Te hiciste consciente del lugar de poder que ocupas ahora…

Desde ahí empecé a querer trabajar mucho eso y sobretodo trabajar para abandonar la ingenuidad o el marketing, el decir solo lo cómodo. Al principio lo hacía porque entré en crisis. Había un montón de gente generando expectativas y no me animaba a hablar de casi nada, no sabía cómo manejar esa exposición y pensaba que si decía esto o aquello, la gente se iba a enojar y me iba a putear. Le tenía mucho pánico a eso. Hasta que me di cuenta de que ser responsable es ser honesta, saber que a ese lugar de visibilidad no tenes que usarlo para tener razón, sino para abrir preguntas. Desde ahí empecé a ser más polémica, pude llevar algunas discusiones y capaz mucha gente me pierda como referencia o persona que banca.

Es una decisión política, incomodar a la gente o elegir no hacerlo…

Intento generar discusiones, yo sé que si digo algo que es nuevo puede aparecer en la agenda del feminismo y no todas tienen esa posibilidad. Yo la aprovecho, por eso también hice el salto a la política electoral, entendiendo que quería usar esa visibilidad y no para ser una influencer del aborto, porque eso va en línea con lo que decía antes. En términos históricos, la gran hazaña nunca va a ser quedarte en esa posición, la gran hazaña es ser valiente y meterte en un espacio que puede no ser tuyo. Ser influencer sí es un espacio juvenil, era más cómodo, podía llenarme de canjes y boludeces. Bueno, uno que otro aproveché.. igual las marcas no me quieren mucho (risas). Me parecía más interesante aparecer como la mina que empieza a hacer política con 18 años, porque eso no existía y posiblemente sea el ejemplo de que puede empezar a pasar. Yo siento que si me va bien en esta apuesta que hago, otras estructuras van a empezar a decir “bueno que la base me mande una pendeja” y que empiece a ser algo necesario. Mal que mal, suene mejor o suene peor, van a empezar a aparecer las pibas ahí. Eso puede pasar turbiamente, aunque nos serviría a nosotras para aparecer como sujetas políticas, pero también va a pasar que haya un montón de pibas que pasen a tener ese objetivo, que es algo que antes no pasaba, que queramos disputar poder. Yo creo que es producto plenamente de lo que fue la experiencia por el aborto legal, porque nunca nadie en la vida escuchó y conoció tanto a las personas que componen esas cámaras como nosotras en esas vigilias. Escucharlos horas y horas hizo que les perdamos el respeto, no dimos cuenta de que son esos los que ocupan las bancas. Si ser un estupido alcanza ¿nosotras por que no podemos ? yo creo que ahí nuestra generación tiene eso, empezó a decir “podemos disputar poder”, o al menos eso fue lo que pensé yo, yo puedo estar ahí, y bueno me metí.

Habíamos pensado en tus conversaciones con Rita y algo que repetis bastante es el tema de apostar a las pedagogías de la sensibilidad en contra de las pedagogías de la crueldad ¿por qué te parece que esta buena esa apuesta?

Es como la verdadera grieta, ¿no? Sea cual sea el plano, esa es el agua divisoria, porque para todo se pueden pensar las propias categorías, pero me parece que hay algo definitivo entre el proyecto político de ellos y el nuestro que tiene que ver con una noción humana, que esté o no esté. Uno es un sistema de muertes y otro un sistema de vidas. Quien mas pelea y quien más busca y conquista su dignidad y su libertad es en definitiva quien más quiere vivir. El que más se cuestiona cómo es la vida y lo desnaturaliza y piensa cómo carajos transformarla es quien más quiere vivir esa vida. Creo que les que militamos el campo popular somos las verdaderas personas y ellos son un sistema de muertes, la gente se muere de hambre, tristeza, deudas, abortos clandestinos, gatillo fácil, me parece que esa contraposición es muy clara porque nuclea todas nuestras diferencias en términos de categorías de pensamiento. El concepto de pedagogía de sensibilidad viene a partir de ir discutiendo lo que significa la pedagogía de la crueldad, o qué lugar tenemos nosotros y nosotras en función de eso. Es fundamental apropiarse del concepto porque somos esa diferencia y aparte la escuela de la pedagogía de la crueldad, literal la etimología de pedagógico, son los procesos más miserables y dolorosos de nuestra historia a nivel mundial. La escuela de la pedagogía de la sensibilidad son las madres y las abuelas, la juventud insurrecta del 2001, la gente que vivió el cordobazo. Son distintos momentos de la historia en el que lo que se sostiene, por más de que los criterios de pensamiento y las categorías son otras, esa pedagogía de la sensibilidad contra la de la crueldad. Yo no quiero estar en la escuela de Hitler, quiero estar en la de Nora Cortiñas.

#ARGENTINA #CFK #FEMINISMO #IZQUIERDAPOPULAR #PATRIAGRANDE #POLITICA
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