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23 febrero, 2024

Ilustración de Gri Kuber

¿Qué nuevas formas de educar demanda este presente?

Por Nicolás Bitschin

Es un hecho: el feminismo ha llegado a Argentina en éstos últimos años y cada día que pasa parece hacerse más visible. Esa esfera pública que instauró la modernidad en la que sólo tuvieron lugar los varones por muchos años, se vio corrompida y las mujeres -en conjunto con las disidencias- invadieron las discusiones políticas, propiciando que se debatan temas que venían siendo relegados por décadas y décadas.

La marea verde así lo demostró: una gran concentración en las afueras del Congreso Nacional ambos días de votación de la ley que pretendía legalizar el aborto libre y gratuito conmocionó a nuestro país y visibilizó la gran cantidad de mujeres y personas gestantes que exigen que se les reconozcan sus derechos.

Y a pesar de que muches así lo deseen, éste no es un movimiento que sólo aparece y reaparece en las calles, sino que se extiende y llega a cuestionarlo todo, hasta lo más propio, lo más personal, porque eso también es político.

Pero, ¿quiénes son las personas que lo militan? Luciana Peker, periodista argentina especializada en género, sostiene que es una revolución que están llevando adelante las hijas. Las hijas en el sentido de las juventudes, de aquellas personas que aún transitan los distintos niveles educativos pero que son capaces de reconocer el daño que propicia este mundo capitalista, patriarcal, misógino y colonial sobre el cuerpo de las mujeres y las disidencias.

Recuerdo una metáfora que escuché un día: “el feminismo es un tren que está pasando, y si no te subís, te deja afuera”. El mundo está mutando, el horizonte hoy parece ser feminista. Ahora bien, ¿qué rol nos/les compete a les docentes en las instituciones escolares para hacernos cargo de lo que demandan estos tiempos? Es necesario hacernos carne de los debates de época. Debemos revisar nuestros modos de ser y de estar en las instituciones educativas. Nuestro accionar, nuestro quehacer cotidiano.

Toda la pedagogía tradicional hoy se encuentra atravesando su fin. Los cuestionamientos ya son parte de los debates pedagógicos del presente. Debemos leer y pensar sobre estas pedagogías que florecen o quedaremos detrás del momento histórico que nos toca vivenciar.

Beatriz Greco nos invita a pensar a la autoridad -propia de la relación pedagógica- como agente posibilitador del pensamiento, agente que permite dudas y vacilaciones. Sostiene que así, la autoridad “se vuelve autorización. La autorización que ocurre cuando decimos ‘es posible’ frente a otro y las miradas y lecturas del presente se hacen habilitadoras de aquello que aún no acontece y que sólo puede desplegarse entre enseñantes y aprendices”. Aprendices que se convierten en enseñantes al mismo tiempo, que habilitan nuevos debates y pregonan por una educación otra. Que defienden una educación otra. Que exigen una educación otra. Una educación que incluya, que contemple las diferencias, que nos convoque a todes y a cada une.

Apostar a una educación feminista implica dejar de reforzar la tan naturalizada separación mente-cuerpo (pareciera ser que sólo las mentes circulan en las escuelas) y comenzar a entender a les cuerpes como les sujetes que somos, que vivencian, que sufren, que aman, que gozan. Que son carne y que, en esa misma afirmación, sabemos que sienten.

Entender al cuerpo y a la sexualidad como espacio de subjetivación y de placer, implica comenzar a pensar en otras formas de estar en aula, donde la pasión juega un papel importante. De esta forma, comprenderemos que el eros intensifica nuestros procesos de subjetivación y permite que la potencia erótica -no reducida a lo sexual pero sí contemplando su existencia- habilite a la formación de un pensamiento crítico capaz de reconocer los daños y aseguren un debate cargado de significaciones que nos ayuden a emanciparnos de un mundo que nos quiere sumises a todes les que no somos el prototipo de varón cis-heterosexual, blanco y europeo.

A partir de estas prácticas, les profesores, y les que aspiramos a serlo, seremos capaces de enseñar amando las ideas que queremos transmitir a nuestres alumnes, haciendo estallar el modelo áulico para que se presente como un lugar dinámico.

El eros en las escuelas también supone brindar una especie de cuidado a les estudiantes. Porque enseñamos en pos de crear conciencias críticas, es que transmitimos saberes que emancipan y, en consecuencia, habilitamos a modos de ser distintos a los que nos vende el mercado y el mundo occidental. Ese amor desmesurado que abre la posibilidad a que cada une pueda identificarse y encontrarse con une misme, también es una forma de cuidado. Porque al momento que habilitamos que cada une pueda ser sin tapujos, en su completa plenitud, abrimos la puerta a que seamos libres. Y no hay mayor deseo y bienestar para une cuerpe que ser libre.

Es momento entonces de romper con los estereotipos de género que hacen de la escuela un lugar dividido entre varones y mujeres; de hablar de todas aquellas situaciones de violencia y de relaciones de poder que tanto nos dañan; de permitir una libre circulación, un libre estar y un libre ser de les cuerpes que transitamos y habitamos las instituciones educativas; de romper con la idea de que hay un único conocimiento válido, habilitar que los saberes populares y culturales, esos tan criticados por el poder hegemónico, tengan lugar en los currículum de las escuelas.

Debemos entender que sólo podremos pensar en una educación emancipatoria si lo hacemos desde pedagogías feministas. Pedagogías que trabajen con las alteridades y que rompan con esa forma estática de entender a les cuerpes. Emancipar también implicaría acabar con los conservadurismos y las formas de poder y autoritarismo que aún persisten -y que se van reconfigurando- en un mundo tan opresor como el nuestro: el heteropatriarcado, la misoginia, el androcentrismo, entre otros.

Si entendemos que la educación debe ser aquella que irrumpa con el curso normal de las cosas, que brinde otros mundos posibles en donde todes quepamos, debemos construir en base a estas pedagogías. Debemos pensarlas colectivamente, desde el cariño y el respeto. Es a partir de allí que podremos lograr con uno de los cometidos más buscados de la educación: abrir puertas, construir otros mundos y otros destinos posibles. Porque dejamos ser y elegir. Amamos la libertad y odiamos, como dijo Ofelia Fernández, a quien nos la quita. Porque queremos un mundo feminista, diverso, antipatriarcal y disidente. Porque queremos sentir, desear y gozar sin tapujos ni impedimentos. Porque entendemos que juntxs, podremos lograr la revolución a la que aspiramos. Sólo resta subirse al tren…

#PEDAGOGÍAFEMINISTA #PERSPECTIVADEGÉNERO
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