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13 abril, 2024
13 abril, 2024

Paraná niega sus arroyos, pero reaparecen furiosos

Foto de Claudio Lezcano
En la ciudad ya se sancionó una ordenanza de cuencas para asegurar su preservación natural. El análisis de las consecuencias de los entubamientos permite interpretar que la trágica muerte de Fiorella Furlán podría haber sido evitada con un sistema de drenaje armónico con el ciclo del agua. La Secretaría de Ambiente de Paraná anticipó a La Mate que trabajará con “una visión de cuenca”.

Entre lomada y lomada, atrás del Parque Berduc, existe uno de esos espacios donde la temperatura desciende y la música de las aves se escucha más que el ruido de los autos. Bajando por calle Nogoyá, plena ciudad, vemos el cartel de madera que indica que llegamos a “El Salto” y también otros que dicen “Reserva natural urbana”, “Espacio público cuidado” y “Cultura despierta”. Desde afuera densa fronda en el fondo boscoso, antes un portón que una vez abierto deja ver el rincón verde que cuida la Tribu del Salto y recibe a quien quiera conocerlo. 

El arroyo La Santiagueña aparece a la vista con su flora y fauna desde la calle Nogoyá, antes entubadito y lleno de conexiones cloacales clandestinas que tristemente se mezclan con las vertientes generadas por el agua de lluvia y las redes pluviales. La falta de planificación para el saneamiento y drenaje determinó que los arroyos sean el lugar de descarga de efluentes cloacales, residuos sólidos, efluentes industriales y sustancias contaminantes varias.

Desde principios de Siglo XX las ciudades como Buenos Aires y Paraná se dedicaron a crecer en urbanización y, entre otras obras, avanzar en el entubamiento de arroyos. De esta forma los centros urbanos crecieron negando la naturaleza de su territorio. Esta fue una decisión ligada a otras decisiones: usar los arroyos como desagües cloacales y esconderlos para usufructuar esos terrenos con negocios inmobiliarios. Las barreras de cemento para los cauces naturales ocultan esa decisión que complica más de lo que soluciona. 

Paremos un poco, porque estamos hablando nada más y nada menos que del agua (dulce), origen fundamental de la vida en el Planeta Tierra. Pensemos solo unos segundos en las consecuencias de la contaminación deliberada del recurso natural agotable más importante, ese que ya estamos buscando en otros planetas para cuando hayamos destruido todo. Esta problemática y las escasas soluciones estatales, obligan al uso de la ya gastada frase “pan para hoy, hambre para mañana”.

El espacio verde con el que se identifica le vecine de Paraná es el Parque Urquiza, aunque más identitarias son sus cuencas, cuyo cauce ha dejado marcas en su topografía. Las urbes poco a poco anularon su relieve de los mapas y ocultaron sus cursos de agua naturales. De paso perdieron algo de su identidad y la memoria de sus arroyos, hoy subterráneos. 

Sol Concettoni, activista de la Tribu, cuenta que una profesora de geografía que se acercó a El Salto les comentó que donde hoy se emplaza la Terminal de Paraná había “una olla de agua espectacular” que fue tapada para la construcción. Esa olla pertenecía al arroyo donde trabaja la Tribu. Un vecino de la Cuenca Antoñico, Gerardo, explica a través del relato de su padre que en Paraguay y Courreges había “una cascada de 25 metros de profundidad que luego fue rellenada dejando un gran descampado donde paraban los circos que llegaban a la ciudad”. 

QUÉ SON LAS CUENCAS

Entre Ríos tiene 7700 arroyos, en Paraná hay 16 y seis se encuentran entubados. Pocos conocen Las Piedras, Saucesito, Antoñico, Las Viejas, Manga y otros que componen el sistema hidrográfico de la ciudad, conformado por 16 cuencas. 

Las cuencas hidrográficas son una superficie terrestre cuyas aguas corren hacia un mismo río, en este caso el Paraná. Las lluvias y las vertientes son el principal origen del caudal de los arroyos. Están conformadas a partir del relieve del terreno, caracterizado principalmente por lomadas que presentan arroyos en su punto más bajo.

Son un grupo de componentes físicos-naturales que interactúan entre sí para formar un conjunto de ecosistemas articulados. En esta visión, la cuenca es la unidad lógica para la gestión social-cultural de los recursos hídricos. Bolivía cuenta con un Plan Nacional de Cuencas (PNC) desde 2014 que las considera no sólo como un espacio  físico-geográfico-hidrológico, sino como un espacio de vida y de expresión cultural de las poblaciones. 

Para Claudio Lezcano, integrante de la Tribu, los arroyos deberían entenderse como nuestras venas y las cuencas hidrográficas como nuestro sistema circulatorio, “porque el agua transporta nutrientes y también transporta desechos y se encarga de llevarla por los lugares donde va a ser purificada”.

Desde la Tribu explican que las cuencas son espacios verdes y patrimonios con valor paisajístico, geológico, cultural, histórico, biológico, social, ambiental, turístico y también productivo. 

POR QUÉ ES IMPORTANTE CUIDARLAS

El cuidado y la recuperación de los corredores biológicos que se generan en los arroyos y cuencas es una acción necesaria y vital para el filtrado de las aguas, para el encauzamiento natural de los cursos de agua y para respetar los múltiples procesos que componen el ciclo hidrológico.

Juan Manuel Pauletti, activista primigenio de la Tribu, explica que “la revitalización de las cuencas y los drenajes naturales y el cuidado de la bajante de las vertientes son fundamentales para amortiguar los efectos del cambio climático, particularmente en Paraná”.

En calidad de referencia, el PNC de Bolivia explica en el Marco Conceptual y Estratégico del Plan Nacional de Cuencas que el objetivo es “mejorar la calidad de vida de las comunidades y pobladores mediante el Manejo Integral de Cuencas y la gestión integrada de los Recursos Hídricos, bajo modalidades de participación y autogestión, como sustento del desarrollo humano y ambiental sostenible del buen vivir”.

Juan explica que el arroyo y la cuenca son fundamentales, por eso se realiza la conservación de una reserva natural urbana, es decir, un parque lineal que “significa más oxígeno, más biodiversidad, más cercanía de cada vecino a un espacio verde, la posibilidad de generar soberanía alimentaria y economía social”. Y profundiza agregando que esto “tiene que ver con procesos vivos, vitales, que son muy diferentes al progreso marcado por la urbanización”.

Recuperar los cauces naturales de los arroyos que hoy se encuentran entubados permitiría que en momentos de lluvias intensas las cuencas puedan encauzar el agua sin los desbordes que se ocasionan en los entubados al superarse su capacidad de circulación de agua. Como indica el informe realizado en 2014 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) denominado “Paraná emergente y sostenible” el área urbanizada no cuenta con las obras necesarias en materia de drenaje urbano y “la mayor parte de los excedentes pluviales escurre superficialmente por las calles, siguiendo las pendientes naturales”.

En ese mismo informe se reconoce a Paraná como una ciudad consolidada que “ha edificado sobre las márgenes, estrechando los cauces e incluso rellenándolos para luego edificar sobre ellos”. En este impulso de urbanización desprovista de una perspectiva a largo plazo “ha negado los sistemas de drenaje natural (Cuencas) y no cuenta con desagües suficientes para conducir los caudales actuales”.

En una entrevista brindada a El Once en 2018, la directora del Centro de Estudios Inmobiliarios de Entre Ríos, Paula Armándola, advirtió que “En Entre Ríos, se planifica en relación a la ley de ejidos que traza una cuadricula española, y ningún Código Urbano de la provincia reconoce los arroyos, ni las pendientes, ni las barrancas, y por ende, no se reconocen ni zonas inundables, ni anegadizos, lo que nos trae las consecuencias de pensar que todo suelo es apto para poder urbanizarlo”. En resumidas cuentas, no es algo prudente construir en zonas bajas inundables.

SE PODRÍA HABER EVITADO: EL CASO DE FIORELLA FURLÁN

Entubar es atacar el cauce natural del arroyo y mientras más los ataquemos, más furia nos van a devolver. Esta negación de las cuencas tiene consecuencias trágicas, el agua no conoce barreras y como sabemos, el cambio climático genera lluvias muy intensas que van en aumento y que desbordan los sistemas de drenaje arrasando todo a su paso. 

Hablando de actualidad, podemos intentar pensar en condicional. ¿Qué habría pasado con la trágica muerte de Fiorella Furlán si el sistema de drenaje estuviera bien planificado y los arroyos no estuvieran entubados?

En principio, no habría un límite para la cantidad de agua que transite por las cuencas, más que sus propios márgenes, además, la velocidad del curso de agua sería mucho menor a la que genera el cemento llano y se reduciría la erosión que hoy genera desbarrancamientos que ponen en vilo a quienes habitan en los márgenes de los arroyos por falta de acceso a la vivienda. El agua correría por los cursos que supo trazar naturalmente con el paso del tiempo. 

Si no hubiese entubados, lo lógico sería que en los márgenes se emplazarían parques lineales y puentes que pasarían prudentemente por encima de los arroyos; por supuesto, no se construiría en zonas inundables. De esta forma, lo más probable es que el accidente que terminó con la vida de Fiorella al ser arrastrada por la furia del Antoñico (el más entubado de Paraná), no habría pasado. No es solo el cambio climático, es nuestra escasa capacidad de previsibilidad y planeamiento con conciencia de la naturaleza y sus ciclos.

EL ARROYO LA SANTIAGUEÑA Y LA TRIBU DEL SALTO, UNA CUENCA MODELO

En Paraná surgió una experiencia que orienta las buenas prácticas en el tratamiento de las cuencas hidrográficas. Este es el caso de la Asociación Civil Tribu del Salto, desde donde funciona la Fundación Puentes a la Vida, el proyecto Aulas Verdes y tantas otras movidas socio-ambientales.

Les indies de la Tribu cuentan que en 2011 se convocó a una visita solo con fines exploratorios para el fondo del arroyo. Luego se hizo una primera asamblea en la que se habló de averiguar más del tema y pasar a la acción de limpiar. De ese primer grupo surge la Tribu del Salto, que se convierte en un espíritu, en un movimiento socio-ambiental que va  sumando gente, intercambiando y juntando un montón de experiencia a lo largo de 8 años.

Arroyo La Santiagueña antes de la intervención de la Tribu.

Después de la intervención.

La chispa se encendió cuando se reunieron con el foro ecologista, concretamente con Daniela Verseñassi, que los alentó mostrándoles tesis de arquitectura en las cuales los arroyos se integraban a la ciudad.

Sábados de permacultura, huerta orgánica, recuperación del paisaje nativo, bioconstrucción, saneamiento del agua, planificación urbana con integración de corredores biológicos, educación ambiental, Comité de Cuenca, defensa del ciclo del agua, y encuentros de recreación. Todas estas acciones, proyectos e iniciativas suceden alrededor de La Tribu del Salto, que hace 8 años en Paraná con el fin de revitalizar de manera natural el arroyo La Santiagueña y su respectiva Cuenca Hidrográfica mediante la eco-gestión.

Visita de la escuela Jauretche en el marco del Proyecto Aulas Verdes. Foto de Claudio Lezcano.

La tribu con el tiempo ha abierto varios canales de diálogo: con profesionales, con vecines y ciudadanes, con las burocracias, con el Estado y con otras organizaciones que forman una red socio-ambiental. Este trabajo los llevó a impulsar la sanción de la Ordenanza Municipal (N° 9668) de Cuencas; que promueve el surgimiento de Comités de Cuenca y las define como una “unidad territorial mínima de análisis, planificación y gestión de toda la actividad humana allí presente; con el fin de respetar los arroyos como corredores biológicos, con sus cursos de agua a cielo abierto, que garantice el estado natural del agua en todo su ciclo”. 

En la Santiagueña funciona el primer Comité de Cuenca de Entre Ríos y el segundo de Argentina. Este espacio integra miembres de la Tribu, los colegios de profesionales y un área técnica de la Municipalidad. Desde allí se organizan acciones para defender a los arroyos e impulsar modelos de urbanización armónica con el ciclo hidrológico y la naturaleza.

Huerta orgánica de la Tribu del Salto. Foto de Claudio Lezcano.

EL ENTUBAMIENTO DE ARROYOS, UN PARADIGMA VENCIDO POR LA FUERZA DEL AGUA

Para ejemplificar cuáles son las consecuencias que genera el entubado, tomemos como ejemplo al arroyo Antoñico, que está intervenido de todas las formas artificiales posibles y de igual manera se desborda en días de lluvia. La supuesta solución de entubar ha generado más desbarrancamientos por la alta presión con que el agua que surca por esos tubos termina saliendo, más inundaciones por obstrucción de estos mismos conductos y mayor contaminación. 

Con estas obras logramos la invisibilización del riesgo hídrico, ya que ocultamos la presencia de cauces naturales y creamos una falsa sensación de seguridad a les ciudadanes.

La Ordenanza de Cuencas establece preservar el agua en todo su ciclo, esto quiere decir que el agua necesita sol, aire y recircular del modo más natural posible, en contacto con la vegetación característica de la región, para que no se generen en ella agentes contaminantes.  

Los arroyos, literalmente son sepultados vivos y en ocasiones despiertan. Desgraciadamente sus nombres aparecen cuando se vuelven los protagonistas de catástrofes como inundaciones. Sin embargo, es el factor humano el que niega a la naturaleza.

Que los arroyos sean los causantes de trágicos accidentes no es su responsabilidad, sino la de ciudades mal planificadas y que niegan su topografía. En el caso de Paraná, construida sobre extensas capas de agua, la necesidad de un debate serio e integral es la clave para pensar en una capital sustentable. 

“Cuando el agua está bajo el cemento, no le llega el aire ni el sol que son lo que hace que se purifique, como las plantas que absorben un montón de componentes increíble. El otro problema es que las vertientes que van hacia el arroyo, quedan tapadas y eso hace que suban en vez de incorporarse al arroyo, por eso también se generan inundaciones”, explica Ayrton Elal, otro indio de la Tribu. Además lamentó que “se pierden espacios de recreación y de contacto con la naturaleza. Los espacios como estos hacen que la gente se reúna y esté en contacto con la tierra”.

“En Paraná hay seis arroyos entubados, lo que quiere decir que podría haber seis parques lineales que atraviesen toda la ciudad y nos daría una equidad a todos los ciudadanos para tener un acceso a un espacio verde de calidad a todos por igual y a la misma distancia”, expuso Paula Armándola, Licenciada en Administración y Magister en Políticas Públicas a El Once. También advirtió que “no es bueno meterse en el cauce ni de un río ni de un arroyo porque el agua toma su lugar”. Por lo que instó a “planificar, reconocer el territorio, sus fortalezas y debilidades, para construir en los mejores lugares”.

ACTUALIDAD POLÍTICA

Desde la Secretaría de Ambiente informaron a la Mate que debido a la reciente asunción de autoridades, todavía no hay un plan de acción debido al proceso de transición y diagnóstico en el que se encontraba la dependencia municipal al momento de ser consultada. Sin embargo, explicaron que trabajaran con “una visión de cuenca” desde la Coordinación de Cuencas Urbanas y Parques Lineales que pertenece a la cartera ambiental.

Consultado sobre el vínculo con la nueva gestión, Juan Manuel Pauletti expresó: Esperemos que la nueva gestión pueda tomar históricamente el tema de los arroyos y que pueda aprovechar todo lo que se viene haciendo para concretar más cosas. Para concretar parques lineales, planes de drenaje que sean naturales, saneamiento, separación de basura, reforestación de las cuencas… son obligación del Estado pero hasta ahora no hemos tenido una gestión que se comprometa realmente a hacerlo bien”. 

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